Cuando muere el artista que compuso la música de tu vida

Este artículo ha sido verificado y aprobado por Gema Sánchez Cuevas el 28 mayo, 2017
Alicia Garrido Martín · 28 mayo, 2017

Cuando muere el artista que compuso la música de tu vida deja atrás una tristeza que pocos podrán comprender. Una parte de ti enmudece ante la noticia. No da crédito a una muerte repentina y abrupta. “Algo habrá pasado, se habrán equivocado.” Nuestro momento de incredulidad se convierte en negación. Y ahora… ¿quién me prestará palabras?

El dolor se apodera de nuestro ser en una mezcla de estupefacción y resignación. ¿Cómo alguien que nos ha dado tanta vida con su música ya no está? Ya no está entre nosotros. Y aparece ese extraño momento en el que te descubres a ti mismo realmente afectado. Ese artista se ha llevado consigo una parte de ti. Tu sombra pierde la complicidad.

Su música ha llenado espacios en tu vida. Espacios que han quedado estancos para siempre. No habrá más canciones suyas, no habrá conciertos a los que acudir. Su marcha lleva consigo la aceptación repentina de lo que podría ser y no será. Se lleva todo un mundo de sueños, deseos y posibilidades. Se lleva futuros consigo.

“El que escucha música siente que su soledad, de repente, se puebla”

-Robert Browning-

La música transcribe en palabras los frutos que nacen de nuestras experiencias

Y es que muchas veces no solo se va el músico… con su música. Muchas veces se va la persona que ha sabido transcribir tus pensamientos y sentimientos más profundos. Tus vivencias internas que nadie ve ni escucha. Se va la persona que ha puesto letra a tu vida interna. La persona que, sin conocerte, ha sabido comprender lo que existía dentro de ti. Tan lejos… y a la vez tan cerca.

No solo eso. Es que además ha conseguido expresar en nuestro lenguaje hablado algo que para ti era imposible articular. Por todo ello, cuando se va uno de los músicos de tu vida, no comienza cualquier despedida. Es el adiós alguien que ha encontrado acuarelas para los dibujos que esbozabas. Alguien que sin saberlo te ha acompañado en los peores y en los mejores momentos de tu vida.

                                                                                     “La música puede dar nombre a lo innombrable y comunicar lo desconocido”

-Leonard Bernstein-

La impotencia de no poder agradecerle todo lo que ha hecho por ti, sin saberlo, amenaza con quedarse. Tanto antes… como ahora. Cuando un alma es agradecida da valor a lo que otros hacen por él, incluso sin darse cuenta. Y buscaría hacérselo saber de cualquier manera.

El dolor no entiende de lazos sanguíneos

Hay muchas personas que no son capaces de entender este dolor, al igual que el dolor que causan otras pérdidas significativas, como la de un animal. Pareciera que el duelo fuera aceptable cuando se lamenta la pérdida de una persona, y más concretamente, de personas de nuestro entorno. Personas que hayamos conocido, con las que hayamos tratado de una manera “física”.

“La música empieza donde se acaba el lenguaje”

-Ernst Theodor Amadeus Hoffmann-

Pero el dolor se hace presente cuando alguien o algo, ha sido importante para nosotros. Sea alguien que hayamos conocido, sea el animal con el que hemos crecido toda una vida o el familiar más cercano. El dolor no entiende de lazos sanguíneos. Acude rápidamente cuando algo que ha ocupado lugar en nuestro corazón desaparece súbitamente.

duelo

No te avergüences por sufrir la pérdida de alguien que te ha ayudado. Nunca tengas miedo de expresar tu dolor. Lo que sientes es algo valioso,que tiene todo el derecho de ser expresado y sentido. No reprimas tus emociones porque no sea lo que “impera” en la sociedad en que vives.

“La música constituye una revelación más alta que ninguna filosofía”

-Ludwig van Beethoven-

Haz de este momento doloroso un ritual, en el que puedas despedirte de ese ser humano que puso voz y melodía a tus vivencias más intimas. Despídete de su persona, pero nunca de su música. Música que te acompañará hasta el final de tus días. Eso es lo más bello de esta maravilla que ha creado el ser humano. Que jamás se irá. Permanece. Es indestructible, como el amor que sientes hacia quien se marchó pero que seguirá en tu corazón para siempre.