Cuando no acertamos en una primera impresión

19 enero, 2020
Este artículo fue redactado y avalado por la psicóloga Elena Sanz
Dicen que no existe una segunda oportunidad para causar una buena primera impresión. Pero ¿en base a qué se forma este juicio tan temprano?.

Los primeros 30 segundos que transcurren desde que vemos a una persona son suficientes para crearnos una opinión sobre ella. En efecto, aunque pueda resultarnos precipitado, irracional o injusto todos, inevitablemente, nos formamos una primera impresión del otro nada más conocerlo. Pero ¿cuánto tiene este rápido juicio de acertado y de erróneo?.

Todos hemos sentido alguna vez que congeniábamos inmediatamente con alguien, igual que hemos experimentado un súbito rechazo por un individuo al que acabamos de conocer. En algunas ocasiones esa primera opinión se habrá confirmado con el tiempo. Pero en otros casos probablemente nos hayamos dado cuenta de lo equivocados que estábamos respecto a esa persona. Es posible, incluso, que hayamos terminado formando un vínculo emocional con quien en principio nos causó una mala impresión. ¿Por qué sucede esto?.

La primera impresión

Las primeras impresiones no constituyen algo negativo en sí mismas. Al contrario, son necesarias para que logremos desenvolvernos socialmente de una manera más ágil y eficaz. Las interacciones serían caóticas si no contásemos con estos indicios que nos guían a actuar de una manera diferente con cada ser humano.

Al fin y al cabo una primera impresión se crea a partir de la información que hemos acumulado a lo largo de diversas experiencias vitales. En base a ella formamos unos esquemas cognitivos que nos ayuden a simplificar la realidad en la que vivimos. Por ello el objetivo no ha de ser eliminar estas tempranas apreciaciones, si no aprender a tomarlas en su justa medida.

Mujer dando primera impresión

Una primera impresión nos proporciona datos relevantes sobre la persona, que nos motivan a dirigirnos a ella según unos determinados parámetros. No obstante, esta ha ser flexible y estar abierta a confirmaciones y modificaciones. Nuestro juicio inicial no ha de quedar tallado en piedra,  más bien debe ser un mapa que nos oriente sobre la realidad que tenemos delante y que iremos descubriendo por nosotros mismos.

¿En qué se basan las primeras impresiones?

Existen varios aspectos que determinan la impresión que nos causa una persona antes de saber, a ciencia cierta, cómo es:

  • Ideas preconcebidas: muchas veces aunque no hayamos estado cara a cara con la persona hemos escuchado hablar sobre ella, conocemos ciertos detalles de su vida. Esta información puede generarnos ideas preconcebidas que nos impiden acercarnos a ella de una forma objetiva. Si alguien cercano a nosotros nos ha hablado mal de otro individuo, es inevitable que sintamos cierto recelo incluso antes de conocerle.
  • Prejuicios y estereotipos: los estereotipos son percepciones que tenemos acerca de las personas basándonos en un hecho concreto. Son simplificaciones que nos ayudan a categorizar el mundo pero que, en ocasiones, son injustas y parciales. Conocer la etnia, la edad o la ocupación de alguien puede llevarnos a elaborar una idea mucho más amplia de su ser, sin contar con datos suficientes al respecto. Si esta imagen la formamos en base a una cualidad que nos disgusta, estaremos menos dispuestos a comprobar las virtudes del otro.
Mujer haciendo presentación para dar una buena impresión

  • Aspecto físico: aunque pueda parecer superficial, nuestra imagen es uno de los aspectos que más influyen en una primera impresión. Tu altura, tu peso, tu color de ojos, la ropa con la que te vistes o los zapatos que utilizas. Son elementos aparentemente sin importancia pero que proporcionan mucha información a la persona que te ve por primera vez. Aunque dicha información, muchas veces, no se corresponda con la realidad de lo que somos interiormente.
  • Comunicación no verbal: lo que expresamos a través de nuestros gestos, posturas, tono de voz o velocidad del habla constituye una parte mucho mayor de la comunicación que el contenido mismo del mensaje. Por ello, a partir de estos aspectos nos hacemos una idea de si la otra persona es sociable, tímida, cercana o alegre.

Orientación y no sentencia

En definitiva, nuestras primeras impresiones suelen ser, por lo general, bastante acertadas. Especialmente teniendo en cuenta que se forman en un corto periodo de tiempo y a partir de informaciones escasas. También entra el juego el nivel de inteligencia social que posee cada individuo, lo que hará que sus percepciones sean más o menos erróneas.

Sin embargo, siempre hemos de tomar este primera imagen como una orientación y no como una sentencia. Nuestro juicio no es infalible y está empañado por diversas creencias. Por ello hemos de darnos la oportunidad de conocer en profundidad al otro.

  • Albrecht, K. (2006). Inteligencia social. Barcelona: Vergara.
  • Rivero, B. G., & Delgado, J. V. (2002). Imagen y primera impresion. Rev Cubana Psicol19, 44-46.