Cuando no acertamos en una primera impresión

Paula Aroca · 15 junio, 2013

“No tienes una segunda oportunidad de causar una buena primera impresión.”

¿Qué opinas al respecto? ¿Cuánto hay de cierto en esta afirmación?

Siempre se ha dicho que la primera impresión es muy importante y, hasta cierto punto, es verdad, pues todos utilizamos ese primer encuentro con alguien para establecer nuestra opinión sobre una persona, pero ¿acertamos con nuestras primeras impresiones?

Las investigaciones que se han realizado sobre este tema indican que, en general, solemos acertar bastante en nuestra opinión basada en una primera impresión.Y lo que es más interesante, se han estudiado también qué elementos afectan e influyen para que nos equivoquemos o no.

Algunos elementos son muy fáciles de juzgar y valorar a primera vista. Por ejemplo, es sencillo establecer el nivel de sociabilidad de alguien.

Después de hacernos la primera impresión de una persona, lentamente comenzamos a crear nuevas sub-impresiones que son determinadas por cómo se desarrolla nuestra relación con este nuevo contacto personal.

En un extremo del espectro, esto te puede hacer decidir que el camarero, quien te acaba de servir el café, es buena gente por la manera en que ha interactuado contigo. En el otro extremo (más íntimo) del espectro, puedes decidir que ya no te sientes atraído por alguien (que antes considerabas un posible candidato romántico), en base a una nueva sub-impresión, resultado de algo que la persona hizo o dijo (por ejemplo, “Yo no soy de los que se casan”).

Aunque parezca increíble, realmente en menos de treinta segundos sentamos los cimientos de nuestra impresión de alguien, pero luego son muchos otros los factores que entran en juego.

Elementos que marcan una primera impresión

Indudablemente, el aspecto y la apariencia son parte de la primera impresión, pero eso no es lo único que importa. ¿Quieres saber qué elementos ayudan a que los demás se formen, en cuestión de segundos, una primera impresión acerca de ti? Aquí tienes algunos de ellos:

–      La manera en que te comportas

–      Tu atuendo

–      La forma en que te expresas (el tono de tu voz, la velocidad con la que hablas, el tipo de vocabulario que utilizas)

–      Lo que expresas (el mensaje, el contenido de lo que dices, además de la forma)

–      Tus gestos, expresiones faciales y movimientos corporales

–      La forma de tratar a otros

¿Por qué no siempre acertamos?

Muchas veces, pasado un tiempo nos planteamos: “¿Cómo pude estar tan equivocado en mi primera impresión sobre esta persona?”. Son muchas las razones, sin embargo existen algunos elementos comunes:

–      Las propias ideas preconcebidas. Muchas veces, ya nos han hablado de alguien antes de conocerlo y tenemos unas expectativas que condicionan totalmente nuestra primera impresión.

–      La desconfianza. En ocasiones, nuestra propia personalidad nos juega una mala pasada y vemos cosas que realmente no son tales, debido a miedos, prejuicios, etc.

–      Inteligencia social. ¿Sabías quealgunas personas tienen esta habilidad y otras, no tanto? Por eso algunos son tan buenos a la hora de juzgar a los demás y otros no aciertan en una…

–      Aspecto físico. Es casi inevitable dejarse llevar por la apariencia exterior cuando juzgamos a alguien. Normalmente, si consideramos que una persona es atractiva, tenderemos a pensar que es más agradable, extrovertida e incluso más inteligente que los menos agraciados, según nuestros estereotipos, claro. Por ejemplo, los estudios demuestran que cuando alguien resulta más atractivo a un entrevistador, esa persona tiene muchas más probabilidades de conseguir el empleo para el que se lo entrevista. ¿Injusto? Puede ser, pero es una realidad. No se trata únicamente de la no-discriminación. En ello también entran en juego factores subconscientes, imposibles de reglar.

–      La situación anímica. Cuando estás contento y feliz, tiendes a  juzgar a los demás de una forma mucho más positiva. Lo curioso es que (afortunadamente) si tu estado anímico es negativo no influye tanto en la forma en que juzgas a los demás.

Aunque no lo creas, las primeras impresiones sí son importantes. ¿Por qué? Porque cuando conoces a alguien, cuando lo encuentras por primera vez, secreta e íntimamente, sin ser consciente de aquello la mayoría de las veces, ya decides si puedes confiar en esa persona o no. Lo cierto es que luego cuesta mucho deshacerse de esas primeras impresiones.

Cuando no acertamos

Hay que reconocer, no obstante, que en algunas ocasiones puntuales sí nos equivocamos y hasta quizás más tarde creamos un vínculo profundo y sincero, ya sea de amistad o amoroso, con alguien por quien sentimos rechazo en un principio. ¿Te ha ocurrido esto alguna vez? A mí sí, y en varias ocasiones, por cierto.

Somos seres sociales, dependemos de los demás y nos enriquecemos unos a otros en todo momento. Por ello es importante re-educarnos en este aspecto que hoy nos ocupa. Si bien muchas personas confían en su intuición respecto a alguien, también es necesario aprender a trascender las barreras de las apariencias, de las formas, de los preconceptos, de los cánones estéticos, de los estereotipos, de las diferencias culturales y de todo aquello que pueda bloquear una relación potencialmente positiva con otra persona.


Imagen cortesía de Andercismo