Dismorfobia: Vivir sin aceptar nuestra imagen - La Mente es Maravillosa

Dismorfobia: Vivir sin aceptar nuestra imagen

Cristina Roda Rivera 31 diciembre, 2015 en Psicología 1138 compartidos
Cara de mujer deformada

La apariencia física siempre ha tenido una gran importancia a lo largo de la historia. Desde los hercúleos guerreros de la antigüedad, las curvilíneas Venus de Botticelli, los andróginos pero perfectos rostros de las reinas egipcias hasta las famélicas modelos de Victoria’s Secret de la actualidad; la sociedad ha mostrado diferentes modelos de belleza masculina y femenina.

No solo se han referido al peso, estructura facial o musculatura sino que el sentido de la belleza también se ha impuesto en lo que se considera que debe ser una piel y pelo perfectos, una sonrisa agradable o unos ojos atractivos.

Esto siempre ha sido una realidad y la forma en la que los individuos reaccionaban ante estos modelos influía directamente en su autoestima y en la valoración que hacían de la imagen de los demás. Actualmente, estos modelos de perfección son todavía más visibles y más engañosos.

Con este escenario, no es extraño que cada vez aparezcan más casos de dismorfobia: vivir sin aceptar nuestra apariencia. Es un trastorno psicológico pero hay que señalar siempre la influencia del medio en él con especial ahínco, respecto a otras patologías psiquiátricas .

Un trastorno angustioso e invalidante

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La dismorfobia es un trastorno psicológico en el que el individuo tiene una preocupación excesiva por algún defecto real o imaginario en su apariencia física. Se produce una profunda interferencia con su vida debido a esta obsesión o preocupación, porque llega a realizar actos o rituales compulsivos como respuesta a esta preocupación.

Los complejos físicos pueden referirse tanto a partes concretas del cuerpo (nariz, cara, pecho, genitales) , aspectos de la piel (vello corporal, acné, manchas, cicatrices, verrugas ) o de la estructura en sí del cuerpo (peso, proporción, dimensiones).

Este defecto puede ser real o estar presente pero sin las dimensiones catastrofistas que las personas comentan. Los individuos que padecen este trastorno no pueden tolerar un aspecto concreto de su cuerpo, pero pueden llegar a no tolerar otras partes de su cuerpo.

Es como un “círculo vicioso” en el que siempre van a encontrar un defecto que sea insoportable y por tanto la obsesión nunca acaba. Su comportamiento está mediatizado por su imagen que nunca llegan a tolerar y aceptar como apta para tener relaciones sociales satisfactorias y para estar bien consigo mismos.

Muchas de estas personas realizan rituales de comprobación continuos en torno a la imagen, mirándose continuamente en el espejo, comprando continuamente productos que les ayuden a disimular su defecto y recurriendo a la cirugía estética.

En las formas más graves, ni tan siquiera pueden llegar a tolerar su imagen en el espejo, retirando la mirada ante el reflejo de su apariencia en él, o lo hacen pero aplicando una luz que no sea muy potente para que así su reflejo no les resulte tan poco tolerable.

Evidentemente, estas personas tienen problemas en casi todas las áreas vitales, porque al percibir su imagen como insoportable y llena de defectos cualquier actividad en sociedad les produce una ansiedad muy alta. Aunque sean personas aptas e inteligentes, no podrán desempeñar un puesto de trabajo con normalidad, hacer deporte o simplemente estar con un grupo de amigos.

Cada vez se aislan más por lo que muchas de estas personas caen en depresión, y si el malestar persiste y no es tratado con un buen profesional pueden acabar recluidos en casa, sin ningún tipo de contacto que implique mostrar su imagen y por desgracia una parte ve como única salida el suicidio.

¿Por qué está obsesión?

Este trastorno se ve agravado por el hecho de la importancia que tiene la imagen en nuestra sociedad, pero explicarlo atendiendo sólo a este hecho sería quedarnos en la superficie. Es la confluencia de factores psíquicos, personales, sociales, vivenciales y sociales la implicada en la génesis y mantenimiento de este trastorno.

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Quizás una persona poco agraciada físicamente haya recibido comentarios despectivos acerca de su físico en su infancia, en el contexto familiar la imagen siempre haya tenido una importancia grande ya sea a través de quejas o demandas o le ha concedido suma importancia a los mensajes de los medios, sin tener en cuenta que la variabilidad individual en la vida real es lo que prevalece.

De una forma un otra, existe una vulnerabilidad en estas personas para reaccionar ante la relación de su imagen real y su ideal de una forma que no sea ansiosa y obsesiva.

¿Cuál es la solución y el tratamiento?

Muchas de estas personas creen que si modifican su imagen sus problemas se resolverán, pero en realidad el malestar por su imagen es interno; por muchas operaciones o tratamientos estéticos a los que se sometan nunca estarán contentos.

Es la diferencia respecto a otras personas que conocemos y le dan un alto valor a su imagen física: ellas utilizan estos tratamientos como una forma de sentirse mejor y sin tanta angustia, son capaces de hacer una vida normal aún sin sentirse perfectos. Si se hacen un retoque en concreto no tienen la necesidad imperiosa de hacerse muchos otros.

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Por tanto, la solución o la mejoría de estas personas pasa siempre por un tratamiendo psicológico. El más conocido es el tratamiento Cognitivo Conductual de Rosen.

En este tratamiento se especifican objetivos acerca de la apariencia, un repaso por su historia personal, trabajar el lenguaje negativo sobre el cuerpo, buscar evidencias a favor y en contra, analizar las distorsiones perceptivas, analizar el tipo de queja o el afrontamiento de estereotipos y prejuicios.

También se expone a la persona a las situaciones que evita, se utiliza la prevención de respuesta a la hora de acicalarse y examinar su cuerpo, eliminar la búsqueda de tranquilización en los demás, aceptar cumplidos, afrontar el estigma social y evitar las comparaciones.

Está claro que a todos nos gusta ser la mejor versión de nosotros mismos y estar en sintonía con nuestra apariencia, pero debemos saber de diferenciar lo que es un deseo, una obsesión y lo que puede ser ya un trastorno.

Imagénes de Nathalia Suellen

Cristina Roda Rivera

Psicóloga,Especialista Máster en Psicología clínica y social.

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