Cuando no podemos cambiar una situación, tenemos que transformarnos

Este artículo ha sido escrito y verificado por la psicóloga Laura Rodríguez
Estar centrados en resolver el problema, sin conseguirlo, puede hacer que nos sintamos frustrados y un tanto inútiles. Esto puede sobredimensionar el alcance real del problema, dificultando una aceptación posterior...
 

Cambiar una situación en ocasiones no es una opción, pues existen situaciones que se escapan a nuestro control.

Es cierto que ante ciertas dificultades tenemos las dos opciones. Ante un trabajo que nos genera frustración, podemos intentar modificar nuestra predisposición frente a él, prestando más atención a los aspectos positivos o podemos tomar otro tipo de opciones, como buscar un nuevo trabajo.

Ahora bien, cuando no depende de nosotros y no está en nuestras manos cambiar la situación, es el momento de contemplar la posibilidad de transformarnos. Haciendo referencia al ejemplo anterior, si mi trabajo me apasiona y me veo a largo plazo en él y la empresa decide finalizar mi contrato, no me queda más remedio que aceptar y valorar las nuevas opciones que se puedan presentar: un problema puede ser una oportunidad para abrir nuevos horizontes.

Aprender a aceptar que no es posible cambiar una situación supone para algunas personas cambiar patrones de comportamiento, pues normalmente estamos habituados a actuar de ciertas maneras ante determinadas circunstancias. Así, cuando estas cambian, también podemos vernos obligados a cambiar nuestros hábitos.

 

Es importante tener en cuenta que la aceptación no es tarea fácil y requiere tiempo, pues no todos conseguimos aceptar la situación de la misma manera ni en el mismo momento. Tampoco podemos exigirle a alguien que lo haga en un abrir y cerrar de ojos, ya que se necesita pasar por proceso para aprender a aceptar y soltar.

Eso sí, no aceptar la situación y no transformarse ante ella provoca efectos negativos. Hablamos sobre ello.

El que mira fuera sueña, el que mira adentro despierta.

Mujer pensando

¿Qué ocurre cuando nos resistimos a aceptar una situación que no podemos cambiar?

El hecho de no aceptar lo que está ocurriendo hace que nos sintamos estancados, frenados, repitiendo la misma respuesta una y otra vez.

En cierta manera, estamos en un bucle intentando acabar con una situación que se nos escapa de nuestro control, perdiendo gran parte de nuestra energía en luchar, en vez de transformarnos ante lo que está ocurriendo.

En cierto modo, estamos tan centrados en derribar el muro que tenemos delante que no vemos las alternativas a la situación, no percibimos posibles alternativas de respuesta.

 

Por lo tanto, no aceptar la situación produce que no podamos ver más allá, que no seamos conscientes de las posibles opciones que se podrían derivar de ella.

Asimismo, estar centrados en resolver el problema sin obtener éxito provoca que nos sintamos frustrados y deprimidos, pues la sensación de no poder conseguir el propósito es tal que la frustración se vuelve muy elevada y entran en juego emociones como la tristeza, la angustia, la rabia… que no hacen otra cosa que agravar el problema inicial.

“Cuando ya no somos capaces de cambiar una situación, nos encontramos ante el desafío de cambiarnos a nosotros mismos”.

-Víctor Frankl-

Hombre caminando en un tunel

Ante situaciones que no pueden cambiarse, transfórmate

Si bien es cierto que no tiene por qué ser negativo intentar derribar ese muro que nos frena y nos produce malestar -de hecho, en los intentos podemos aprender mucho, incluso asimilar información que nos puede servir para sortearlo en un futuro lejano, cuando sí tengamos los recursos para ello-, hay ocasiones en las que esta barrera no puede ser derribada. Seguirá en pie por mucho que deseemos otra visión o posibilidades desde donde nos encontramos.

 

Transformarse significa aceptar la situación y buscar alternativas para aprender a vivir con ello. Esto implica salirnos de los esquemas previos establecidos, establecer sentidos renovados para nuestras metas o redactar nuevos relatos de la situación y de nuestras posibilidades.

Nada es para siempre: si algo te genera malestar, intenta cambiarlo y si no puedes, de nada sirve torturarse, por lo tanto prueba a cambiar tu actitud y transformarte ante las nuevas circunstancias.