Cuando nuestro pensamiento nos traiciona

Este artículo ha sido verificado y aprobado por Sergio De Dios González el 5 agosto, 2014
Edith Sánchez · 5 agosto, 2014

La forma de percibir y de razonar sobre la realidad en algunas ocasiones sufre distorsiones. Estas se deben a la ansiedad, los miedos inconscientes, la ira, la tristeza o alguna emoción intensa que invade la conciencia. En ocasiones, estos patrones se vuelven hábitos y se repiten mecánicamente sin reparar en su validez. Enseguida te presentamos diez de las más frecuentes distorsiones en el pensamiento.

Polarizar

Se presenta cuando alguien trata de poner las situaciones en blanco y negro, despreciando cualquier forma de matiz. Es un pensamiento erróneo porque la misma realidad prueba que hay multitud de enfoques para un mismo hecho.

Filtrar

Es seleccionar arbitrariamente los aspectos negativos de una situación o de una persona y poner énfasis en estos, dejando de lado los elementos positivos que pueda haber. Generalmente tiene el propósito de justificar una posición depresiva frente a la vida.

Sobregeneralizar

Esta distorsión se produce cuando de una sola situación pretenden extraerse conclusiones que son válidas para todas las demás situaciones que se le parezcan. Por ejemplo cuando alguien falla en un examen y piensa que fallará en los demás; o cuando una persona es engañada por otra y cree que es imposible confiar en los demás.

Sobreinterpretar

Se produce cuando alguien da por sentado que conoce perfectamente lo que piensan o sienten los demás, aun sin haber consultado su opinión o su percepción. Es un pensamiento reduccionista que no toma en cuenta las circunstancias, sino que se aplica como dogma.

Sobrevalorar el control

Se da en dos formas. En una, la persona piensa que carece de toda autonomía y que todo lo que le ocurre es producto de la acción de los demás. En otra, al contrario, la persona cree que el bienestar de los demás depende de lo que ella haga. En ambos casos hay una distorsión de los alcances del control.

Culpabilizar

En este caso las personas buscan en quien descargar su ira o frustración frente a las situaciones adversas o conflictivas. Siempre están a la caza de un culpable e incluso ellos mismos se culpan para poder explicar la existencia de un problema.

Normalizar

Hay quien tiene una norma para todo. La aplica, pero también espera que los demás la apliquen y le resulta intolerable cualquier trasgresión. Esta rigidez no es una evidencia de carácter o moral a toda prueba, sino de inseguridad e intolerancia.

Visión catastrófica

Quienes asumen esta forma de pensamiento están viendo tragedias por todas partes. Esperan que el desenlace de todas las situaciones sea un desastre o, en todo caso, una situación profundamente dolorosa.

Delegar el cambio

Hay quienes piensan que solo deben o pueden cambiar cuando otros lo hagan. Esa es su excusa cada vez que se ven ante la situación de transformar algo. Si los demás no lo hacen ¿por qué esa persona tendría que hacerlo? Finalmente se escudan en otros para eludir su responsabilidad.


Justicia divina

Estas personas llevan un inventario de sus sacrificios y actos abnegados, suponiendo que hay un poder superior que también está llevando esas cuentas y algún día le compensará sus privaciones. Se resienten cuando pasa el tiempo y nada cambia.

Imagen cortesía de Photo Africa