¿Por qué tengo ansiedad?

Este artículo ha sido verificado y aprobado por Gema Sánchez Cuevas el 30 octubre, 2018
Patricia Hales Andonie · 25 marzo, 2014

¿Por qué de repente empezamos a sentir malestar y preocupación? ¿Por qué de pronto sentimos que nuestro corazón late a toda velocidad? Sudamos, nos mareamos, el mundo da vueltas y nos duele el estómago. Si alguna vez has sufrido estas experiencias sabrás perfectamente de lo que hablamos. Son esos momentos en que te preguntas “¿por qué tengo ansiedad?”

Lo primero que debemos entender es que la ansiedad es una respuesta a una situación que anticipamos como peligrosa. Es decir, a veces percibimos amenazas que no están en el presente pero damos casi por supuesto que surgirán en el futuro… Pongamos un sencillo ejemplo. Nos dan miedo las arañas, un pánico atroz. Sin embargo, en un momento dado podemos anticipar y a creer que pueden estar en casi cualquier sitio: al coger la ropa, al ir a la bañera, al cruzar el umbral de una puerta…

El problema se agrava cuando nuestra mente pierde el control y retroalimenta el propio miedo. Caemos en círculos viciosos donde solo discurre la angustia. En caso de que esa ansiedad derive en cuadro generalizado, podemos llegar al extremo de no salir de casa por temor a “algo” que no sabemos describir. Son situaciones muy desgastantes que pueden llegar a limitar por completo nuestra calidad de vida.

“La ansiedad: una dolencia difícil. El paciente cree tener por dentro algo parecido a una espina, algo que le pincha las vísceras, y las náuseas lo atormentan”.

-Hipócrates-

La ansiedad es parte de la naturaleza humana, como decía Soren Kierkegaard. Es dejar de ser uno mismo para transformarse en una entidad habitada por la preocupación y el temor. ¿Por qué llegamos a estos extremos?

¿Qué ocurre cuando tengo ansiedad?

Cuando la ansiedad aparece, poco a poco se va perdiendo la ilusión, sentimos que no disfrutamos con nada, nuestra mente está continuamente enfrascada en pensamientos que en la mayoría de las ocasiones son catastróficos o repetitivos. Sentimos, en definitiva, que ya no somos los mismos de antes y que estamos perdiendo el control.

Asimismo, un aspecto característico de esta condición es el aislamiento que provoca. De hecho, pocas veces se habla de la merma social que genera padecer por ejemplo ansiedad generalizada. Un estudio publicado en el  Journal of Experimental Psychology y llevado a cabo por la Universidad de Harvard, nos revela por ejemplo que las personas con ansiedad se concentran en sí mismas, en sus pensamientos, miedos y angustias hasta el punto de no poder empatizar con los demás.

Resulta casi imposible conectar con quienes nos rodean cuando nuestra mente se siente saturada y el propio cuerpo atenazado por las taquicardias, el agotamiento y náuseas a dificultades para concentrarse.

Hombre con las manos en la cabeza por ansiedad

Por otro lado, algo que debemos entender es que la ansiedad por sí misma no es más que un síntoma de que algo no está bien en nuestra vida, probablemente a nivel emocional o personal (con los demás o con uno mismo). Sería algo así como cuando tenemos fiebre. La alta temperatura corporal no es una enfermedad en sí misma. Sin embargo, hay que averiguar qué la ha producido para que no se convierta en algo más grave.

Para hacerle frente a esa tos primero intentamos calmarla y luego tratamos lo que la causó. Las dos cosas son necesarias, con la ansiedad pasa lo mismo, primero tratamos de reducirla y luego hay que descubrir qué hay debajo de ella.

Lo que pasa en tu cerebro cuando sufres ansiedad

¿Sabías que los estados de ansiedad crónica alteran la función cerebral? Los trastornos del estado de ánimo en general y en especial la ansiedad generan un gran número de alteraciones neuroendocrinas, neurotransmisoras y neuroanatómicas. Todo nuestro cerebro, por así decirlo, está “hiperconectado” y reaccionando ante esa señal de alarma que nuestra amígdala cerebral ha encendido al intuir el peso del miedo o una amenaza.

De este modo, las áreas que más se ven afectadas son el sistema límbico, el tallo cerebral y del córtex superior. Ese aumento de cortisol en sangre hará que estas estructuras trabajen a otro ritmo y consiguiendo, por ejemplo, que no podamos tomar decisiones con claridad, que nos cueste concentrarnos, que nuestra memoria falle, etc.

La Universidad de Ermory, en Atlanta, publicó un interesante estudio detallando estas complejas alteraciones, ahí donde se interrumpe, por ejemplo, la efectividad de esos sistemas que rigen tanto nuestra cognición como el aspecto emocional.

Entender la ansiedad

Todas las reacciones que provoca la ansiedad nos asustan porque no sabemos gestionarlas. Sin embargo, si tratamos de controlarlas racionalizando el miedo y sanando necesidades, vacíos y angustias, nuestros síntomas se aliviarán. No desaparecerán del todo, pero es un inicio fundamental.

“Ocultar o reprimir la ansiedad produce, de hecho, más ansiedad”.

-Scott Stossel-

Aspecto cognitivo

Ser  capaces de entender nuestro malestar nos generará sensación de tranquilidad. Un buen ejercicio es preguntarse no solo por qué tengo ansiedad, sino profundizar en otras cuestiones cuya respuesta nos ayudará a vencerla:

  • ¿Cuándo he empezado a sentir ansiedad?
  • ¿Qué imágenes o pensamientos pasan por mi cabeza en ese momento?
  • ¿Cómo sé que eso es lo que me provoca la ansiedad?
  • ¿Qué me digo internamente?
  • ¿Son reales esos miedos?
  • ¿Qué es lo que realmente tendría que cambiar en mi vida para dejar de tener ansiedad?

Aspecto conductual

Tratar la ansiedad requiere dos mecanismos de acción. El primero se centrará en racionalizar esos miedos, ponerles nombre, gestionarlos, despertar fortalezas, propiciar cambios y aprender a gestionar emociones. Por otro lado, es esencial atender nuestro cuerpo y generar nuevos hábitos conductuales.

Prácticas como la relajación, la respiración profunda o el mindfulness son idóneos para canalizar la ansiedad. Asimismo, hay que delimitar qué pasos daremos cada día: paseos, horas de descanso, actividades que nos permitan canalizar emociones y descargar presiones, etc.

Mujer pensando tengo ansiedad

Para concluir. Debemos tener en cuenta que la ansiedad tiene muchos orígenes y no siempre están tan claros como parecen. Saber comprender la forma de esa criatura interna que nos acompaña a diario requerirá en ocasiones consultar con un buen profesional, cambiar hábitos de vida y mentalidades. Es un proceso delicado que al final, nos dotará de valiosas herramientas.

“La ansiedad no puede evitarse, pero sí reducirse. La cuestión en el manejo de la ansiedad consiste en reducirla a niveles normales y en utilizar luego esa ansiedad normal como estímulo para aumentar la propia percepción, la vigilancia y las ganas de vivir”.

-Rollo May-