Cuidado con el "bliss point" o el punto de la felicidad

Siempre hay un instante en que se orquestan diferentes "ingredientes" para que alcancemos la más absoluta felicidad o satisfacción. Esto último es lo que define el bliss point, un concepto que si bien parte de la industria alimentaria se puede aplicar a más ámbitos.
Cuidado con el "bliss point" o el punto de la felicidad
Valeria Sabater

Escrito y verificado por la psicóloga Valeria Sabater el 25 Abril, 2021.

Última actualización: 25 Abril, 2021

Podríamos definirlo como el clímax, como un instante de satisfacción absoluta. El bliss point o punto de dicha o felicidad hace referencia a un estado de placer que acompaña una experiencia de bienestar completa y breve. Esa suerte de dicha envidiable se puede lograr mediante diversas situaciones, siendo la comida la más conocida.

De hecho, en la industria alimentaria es bien conocido este término. Esto se debe a que fue el investigador de mercado y psicofísico estadounidense Howard Moskowitz, quien acuñó este concepto al descubrir cómo optimizar los alimentos para producir esta sensación. ¿El objetivo? Generar en el consumidor la inevitable necesidad de adquirir este producto una y otra vez.

Bien es cierto que detrás del bliss point se esconde activar nuestros mecanismos de recompensa cerebrales para convertirnos en incautos adictos. Sin embargo, también es interesante extrapolar esta idea, la del punto perfecto de la felicidad, a otros ámbitos de nuestra vida para reflexionar en ello.

Mujer saboreando un trozo de comida representando el "Bliss point"

¿Qué es el bliss point?

Salsa de tomate. Pan de molde. Patatas fritas. Tartas y bollería. Helados. Galletas dulces y saladas. Chocolates (…) La lista podría ser mucho más larga, porque lo cierto es que buena parte de los productos alimentarios que consumimos están “diseñados" para estimular en nosotros el bliss point.

Resulta curioso bucear un poco en este concepto para entender su significado y trascendencia. Para ello, tenemos que retroceder hasta los años 80, momento en que al psicofísico Howard Moskowitz se encarga una función: conseguir que los soldados estadounidenses ingirieran más nutrientes mediante los Meals Ready-to-Eat (los clásicos paquetes de alimentación individual).

Lo que buscaba el doctor Moskowitz era modificar la composición de los alimentos para lograr que fueran muy apetecibles y generar en los jóvenes una sensación de placer irresistible y animarlos así a consumir más productos.

Llamó bliss point a ese impulso de satisfacción absoluta que se lograba al combinar la sal y el azúcar (potenciadores del sabor) junto a la grasa (que eleva la sensación de palatabilidad). Aquello fue un éxito.

La industria alimentaria no dudó en sacar partido del bliss point, de manera que empresas como Campbell Soup, General Foods, Kraft o PepsiCo empezaron a incluir aquella fórmula. El objetivo era claro: crear adictos de esa sensación de dicha y satisfacción absoluta al consumir una serie de productos diseñados con la “receta mágica".

Si me hace feliz, repito ¿hay algo de malo en ello?

Cuando un producto contiene los ingredientes perfectos y me produce satisfacción, dicha y felicidad, lo más probable es que repita esa compra. ¿Hay algo de malo en ello? Evidentemente, no habrá ningún problema siempre y cuando, tengamos claro el límite entre disfrutar de algo y desarrollar una adicción o caer en algún otro hábito poco saludable.

Sin embargo, esa frontera no siempre es tan clara como pensamos y en ocasiones hasta la sensación de control es completamente falsa. Es más, se sabe que muchos de los productos que consumimos, como las patatas fritas, están diseñados para engañar al cerebro y hacerle creer que sigue teniendo hambre a pesar de estar comiendo.

Esto, puede aplicarse incluso a muchos más ámbitos.

Bliss point, una felicidad prefabricada para convertirnos en adictos

El bliss point en los productos alimentarios se basa en aplicar una cantidad justa y adecuada de grasa, sal y azúcar. Una simple galleta, por ejemplo, es el resultado de una combinación de elementos con una meta clara: lograr que comas muchas. Los fabricantes esperan que cojas 5 de una sentada y que después vuelvas al supermercado a por más.

Esa felicidad que te genera no es casual, está premeditada. Lo mismo sucede con otro tipo de productos: tecnología, series de televisión… Buena parte de las cosas que adquirimos y utilizamos a diario están diseñadas para generarnos bienestar.

Móviles, tablets, plataformas de contenidos audiovisuales… Sin embargo, detrás de esa felicidad está la adicción. Ese es el auténtico precio que pagamos.

Hombre informándose sobre el bliss point

La saciedad sensorial específica: en realidad, te están convirtiendo en alguien infeliz

Ya no puedes concebir tu vida sin el móvil. Tu tiempo de descanso lo dedicas, en parte, a consumir series y películas de esas plataformas que pagas mensualmente. El bliss point se aplica a la industria alimenticia, pero lo cierto es que ese punto perfecto de dicha y felicidad también lo genera el universo tecnológico.

Un estudio de las universidades de Bristol y Swansea nos explica algo decisivo en lo que deberíamos reflexionar. Muchos de los productos que consumimos están diseñados para evitar que en el cerebro se produzca la saciedad sensorial específica. Es decir, por muchas galletas saladas que te comas, nunca te sentirás totalmente satisfecho. Y la culpa no es tuya, es de esos componentes perfectamente estudiados para alterar tus mecanismos cerebrales de saciedad.

Esto, podemos correlacionarlo también al campo de las tecnologías. Ya no vemos los capítulos de una serie de manera semanal, ahora los vemos del tirón y siempre nos quedamos con ganas de más. Logramos el bliss point, ese punto de dicha absoluta, pero queremos una segunda temporada y una tercera e incluso una cuarta.

Otro ejemplo, nos hemos comprado el último modelo de ese móvil de esa marca tan conocida, pero a los pocos meses, sale al mercado otro más sofisticado.

Y por supuesto, ansiamos tenerlo. Casi sin darnos cuenta, nos convertimos en adictos al consumismo, en seres infelices que siempre ansían tener más de lo que tienen y consumen. Vivimos en un sucedáneo de felicidad altamente peligroso.

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