Curiosidad: ¿por qué nos fascina lo desconocido?

19 Marzo, 2020
Este artículo ha sido escrito y verificado por la psicóloga Cristina Roda Rivera
¿Dónde nace la curiosidad? ¿Por qué ha sobrevivido a la evolución si el refrán dice que mató al gato? Intentaremos responder a estas y otras curiosas preguntas.

La existencia de la curiosidad es contraintuitiva a la teoría evolutiva: los más curiosos entre nosotros deberían haber sido eliminados antes de tener la oportunidad de reproducirse, con el rasgo perdido por selección natural. Realmente no necesitamos hacer crucigramas o descubrir exactamente qué hay dentro de una cueva oscura. Sin embargo, muchos y en muchas ocasiones tenemos el impulso de hacerlo.

Esta extraña motivación para explorar nuestro mundo más allá de lo que necesitamos para sobrevivir nos ha llevado a la luna, ha expandido nuestro dominio de la medicina y hasta nos ha permitido comprender mejor nuestros genes.

Al mismo tiempo, sin embargo, no entendemos completamente el vehículo que nos ha permitido llegar a tales avances. Hasta hoy, exactamente donde se origina la curiosidad continúa confundiendo a la ciencia. La gran pregunta permanece. ¿Viene de nuestro interior o es una respuesta a nuestro mundo exterior?

Niña con curiosidad

Teorías de la curiosidad: impulso e incongruencia

Una corriente amplia de la psicología cree que la curiosidad es un impulso interno que se origina al igual que el hambre o la sed.

La teoría del impulso ayuda a explicar el comportamiento de búsqueda. Nos muestra por qué buscamos activamente y participamos en crucigramas o tocamos un instrumento musical. Estas actividades no solo son inherentemente superfluas, sino que también contienen el riesgo de fracaso. Sin embargo, vistas como alimento para nuestra curiosidad, tienen mucho más sentido.

La teoría de la incongruencia se basa en la idea de que nuestra curiosidad aparece cuando identificamos una diferencia entre lo esperado y lo que en realidad sucede. Tendemos a ver el universo como predecible y ordenado. Bajo la teoría de la incongruencia, cuando se desafía este orden, se despierta nuestra curiosidad.

Ni la teoría del impulso ni la teoría de la incongruencia pueden explicar completamente la curiosidad. Cada una tiene problemas para explicar completamente un aspecto u otro, lo que significa sigue siendo un misterio para nosotros.

Curiosidad como estado o rasgo

La idea de que la curiosidad se origina dentro o fuera de nosotros ha llevado a dos clasificaciones distintas de tipos de curiosidad: estado y rasgo. Estos dos términos describen la forma en que los humanos participan (o no participan) en comportamientos curiosos.

La fugaz excitación como reacción se conoce como estado de curiosidad. En general, se basa en una situación externa y puede ser tan mundana como preguntarnos qué hace un camión haciendo entregas en un negocio cercano a las 2:00 de la madrugada.

Si todos los humanos son curiosos por naturaleza, entonces la curiosidad como estado parece ser el mejor descriptor de este aspecto de nosotros mismos. La curiosidad estado tiende a estar relacionada con altos niveles de recompensa.

La curiosidad como rasgo se relaciona con un interés de por el aprendizaje, actuando como refuerzo el simple hecho de aprender. A lo largo de su estudio, la curiosidad rasgo se ha relacionado con todo tipo de comportamiento, desde la experimentación con drogas e incendios provocados hasta el alto intelecto y la intrepidez. Sin embargo, en general es una característica positiva.

Como rasgo, manifiestan un interés por resolver interrogantes aquellos que trascienden la ansiedad o el miedo que pueden inspirar el daño, el dolor o el fracaso de ir más allá de lo conocido o dominado.

En este sentido, trascienden la posibilidad de no llegar a dominar el instrumento musical que han decidido aprender, la frustración por no encontrar las palabras para terminar el crucigrama o ser heridos buceando.

Las recompensas

Una de las implicaciones subyacentes de la curiosidad es lo que se deriva de ella. De niños, aumentamos nuestra comprensión del mundo al experimentar con él, obtenemos un conocimiento que nos será muy útil. Pero, ¿qué recompensa hay por aprender mucho sobre otros planetas si su trabajo diario es en contabilidad? ¿Qué sentido tiene aprender otro idioma si no existe la oportunidad o la inquietud por viajar?

La respuesta es que nuestras mentes anhelan la distracción. Esta idea está respaldada por estudios de privación sensorial realizados en los años 50 y 60. La investigación ha demostrado que aquellos que tienen privación sensorial, que se mantienen en habitaciones sin luz ni sonido durante períodos prolongados, anhelan cualquier tipo de entrada de información.

Ayuda para la construcción de la identidad

También podemos obtener otras recompensas por curiosidad, además de un medio para evitar el aburrimiento. Los psicólogos cognitivos proponen que formamos nuestras identidades en parte a través de la información y las actitudes que obtenemos de la curiosidad.

Según esta visión, la curiosidad es como un vehículo que utilizamos para expandirnos. También parece que las personas curiosas se sienten atraídas por personas igualmente curiosas.

Por otro lado, la falta de curiosidad se ha relacionado con las emociones negativas. Los estudios han encontrado que los participantes deprimidos temporalmente muestran una falta de curiosidad como estado. Datos parecidos recogen los estudios que se han realizado utilizando de muestra a pacientes con alzhéimer.

Mujer con depresión

Biología y curiosidad

La psicología ha inspirado la búsqueda de factores biológicos. Así, por ejemplo, el hecho de que la curiosidad se asociara negativamente con el miedo, sirvió como guía para otra disciplina científica, la genética.

En 2007, un equipo de investigadores del Instituto Max Planck descubrió lo que denominaron un “gen de curiosidad” en el pájaro cantor del carbonero común.

Este gen, el gen Drd4, es responsable de crear receptores para el neurotransmisor dopamina. Las aves que muestran una variación común en el gen mostraron una mayor propensión a visitar nuevas áreas y explorar objetos desconocidos colocados en sus jaulas.

Además del sistema de recompensas, otras áreas del cerebro también juegan un papel importante. Parece que las regiones dedicadas a la memoria de trabajo en la corteza prefrontal nos permiten distinguir entre estímulos nuevos y previamente experimentados.

Por otro lado, parece que el centro fisiológico que tiene una mayor responsabilidad en nuestro sentido de curiosidad es la circunvolución dentada, una parte del hipocampo.

Otros aspectos siguen siendo un misterio. Un misterio que despierta la curiosidad de muchos investigadores…