¿De dónde viene la expresión “la suerte está echada”?

Edith Sánchez·
06 Marzo, 2021
Este artículo ha sido verificado y aprobado por Psicólogo Sergio De Dios González al
06 Marzo, 2021
La expresión “la suerte está echada” significa que es necesario tomar una decisión y que esta tiene un punto de no retorno. No se conocen las consecuencias que sobrevendrán y por eso las cosas se dejan en manos del destino.

“La suerte está echada” es una expresión que se utiliza en situaciones que implican un riesgo o que marcan un antes y un después. La frase alude a esas circunstancias en las que se debe tomar una decisión y no hay suficientes elementos de juicio para anticipar consecuencias. Por eso, se señala a la suerte como portadora de la última palabra.

La expresión “la suerte está echada” fue pronunciada de manera original en latín: “Alea jacta est. Se le atribuye al famoso Julio César y se estima que data del siglo I antes de nuestra era. Quedó registrada en la obra Vidas de los doce césares, escrita por el historiador Suetonio.

Se cree que pudo haber una distorsión en la traducción de la frase “la suerte está echada”. Algunos piensan que la expresión original fue “iacta esto alea”, es decir, “que se lance el dado o “que esté el dado lanzado”. El significado de la frase, sin embargo, no cambia.

A partir de cierto punto no hay retorno. Ese es el punto que hay que alcanzar”.

-Franz Kafka-

Dados al aire

Julio César, el guerrero

Julio César, autor de la expresión “la suerte está echada”, fue uno de los personajes más importantes de la historia de Roma. La vida de este militar y político está llena de mitos y leyendas. El primero de ellos dice que nació siendo nieto de Iulus, que, a su vez, era nieto de la diosa Venus.

Su tío, Cayo Mario, le proporcionó una buena educación. Desde muy joven se interesó por la política y comenzó a ocupar cargos importantes, como los de cuestor, edil, gran pontífice, pretor y propretor. Fue muy apreciado por el pueblo porque hizo varias obras públicas y fue famoso por los festejos populares que organizó y promovió.

A los 15 años se casó con Cornelia, hija de un patricio muy poderoso en Roma. Mientras tanto, un hombre llamado Sila se hizo con el poder y comenzó a perseguir a Julio César. Este tuvo que exiliarse en Asia, mientras el tirano le ponía precio a su cabeza. Todo terminó cuando Sila murió y el guerrero pudo volver a Roma.

El avance de un guerrero

A su retorno, Julio César pensó que podría hacerse con el poder, pero no lo consiguió. Así que decidió ir a Rodas para estudiar y allí se convirtió en un gran orador. De vuelta en Roma, conoció a Craso y Pompeyo, dos hombres poderosos con los que se alió. Los tres se unieron para conformar un triunvirato, es decir, un gobierno de tres mandatarios, y así dirigir a Roma.

Después fue nombrado procónsul y desde este cargo Julio César emprendió una agresiva campaña para dominar a los pueblos celtas. Esto se conoció como la guerra de las Galias y permitió que Roma ampliara notablemente sus dominios.

Tras concluir el conflicto, el imperio romano se anexó los territorios que hoy corresponden a Bélgica, Países Bajos, Francia y parte de Alemania. Julio César fue el primer guerrero romano en adentrarse en lo que se conocía como Britania y Germania.

Sin embargo, mientras el guerrero organizaba la administración de los nuevos territorios, en el senado Romano se urdía una conspiración para despojarlo de su cargo y de su ejército. La lideraba Pompeyo, que antes había sido su aliado.

Julio César

El origen de “la suerte está echada”

Así pues, Julio César permanecía en el territorio conquistado de las Galias, que solo estaba separado de Roma por el río Rubicón. Sabía del complot que se urdía en su contra y tenía claro que, si atravesaba el río y avanzaba hacia el territorio de sus enemigos, tendría que enfrentarse militarmente a ellos.

En la noche del 11 al 12 de febrero del año 49 antes de nuestra era, Julio César cruzó el río Rubicón. Se dice que lo hizo solo, pues sus hombres no se atrevían a hacerlo, ya que esto significa desafiar el poder romano. Una vez que el guerrero pasó al otro lado, pronunció la famosa frase “alea jacta est”, o sea, “la suerte está echada.

Significaba que no había marcha atrás: había iniciado un camino sin retorno. Su ejército lo siguió y esto dio pie a que comenzara una guerra civil en Roma. Al final, Pompeyo fue asesinado y Julio César se convirtió en dictador de Roma, al tiempo que ayudaba a Cleopatra a convertirse en reina de Egipto. Más adelante este guerrero sería asesinado.

Kierkegaard, S. (2019). JULIO CÉSAR Y EL CRUCE DEL RUBICÓN. Claridad de la intuición estética y certeza dianoética, Sergio Custodio C., 6(6), 51.