La súper Venus: la supuesta perfección femenina

Yamila Papa · 16 abril, 2016

¿A qué nos referimos cuando hablamos de “estándares de belleza en la mujer” actual?, ¿Qué es aquello que supuestamente pretenden encontrar los hombres en la perfección femenina y qué están dispuestas a hacer ellas para llegar a convertirse en una “súper Venus“?

Lo que en la actualidad se considera “una mujer bella” dista bastante de la definición de décadas e incluso siglos pasados. ¿Cuál es entonces el ideal para la mujer? El aspecto exterior parece ser lo más importante en estos momentos y por esta razón vemos jóvenes que a los 20 años ya se han hecho cirugías o quienes a los 50 quieren lucir como a los 25.

El cuerpo de la mujer en la historia

En la Edad Media se creía que una mujer hermosa era la que pesaba varios kilos y ocupaba una buena parte de la cama. En la época de Marilyn Monroe, por ejemplo, las curvas eran lo más codiciado, todas querían que sus muslos fueran abultados y que sus pechos llamasen la atención bajo cualquier escote.

Cara de Marylin Monroe

Pero ese canon de perfección fue cambiando hasta nuestros días con la llegada de nuevos modelos, como es el caso de la cantante Twiggy y sus largas piernas, donde la mujer para ser linda debe ser extremadamente delgada y sin una sola curva. El cuerpo esbelto, proporcional y cuidado no tienen nada que ver con el imaginario colectivo de “sensualidad”.

En la sociedad occidental del siglo XXI las modelos de las revistas son la inspiración para que miles de señoritas hagan dietas extremistas, se priven de comer lo que les gusta o se lo pasen en el gimnasio o frente al espejo durante todo el día. Los trastornos de bulimia y anorexia están relacionados a una falta de amor por el propio cuerpo y a querer ser como lo que se ve en televisión o en las publicidades.

Vale decir a su vez que las imágenes que nos muestran las campañas están retocadas de manera digital para que el cuerpo femenino parezca “perfecto”: sin una arruga, una estría o una marca… ¡incluso sin ombligo!

La realidad vs la ficción

Si nos ponemos a analizar y a mirar a las mujeres en la calle nos daremos cuenta de que la mayoría de ellas no ha “alcanzado” ese sumun de belleza que se trata de conseguir por todos los medios.

Al margen de que el prototipo de mujer que nos “venden” es falso, es probable que la mayoría de las mujeres quieran tener el cuerpo de las modelos, aunque eso signifique pasar por el quirófano, no comer en todo el día o hacer horas de ejercicio.

Mujer midiéndose la cintura

La súper Venus: La verdadera perfección

Con un cortometraje se trató de criticar y a la vez analizar cuáles son los estándares de belleza según pasan los años. El encargado de este proyecto es un francés llamado Frédéric Doazan, especialista en películas de animación y conocido por sus técnicas algo inusuales para sus vídeos.

El corto dura menos de 3 minutos y vale la pena verlo. En ese lapso hace una especie de “radiografía” del canon de belleza a la que miles de mujeres aspiran y harían cualquier cosa por conseguir. No se trata de una publicidad sino de una crítica inteligente a lo que nos hacen creer en los medios de comunicación en relación a la supuesta perfección femenina.

Un cirujano va moldeando el cuerpo de una mujer según lo que en cada época se consideraba “bello”. A medida que van pasando esas operaciones la transformación de la modelo es increíble… no es posible reconocer en ella a la joven del inicio.

El cortometraje deja bien en claro entonces que la “perfección” en términos de belleza femenina en realidad no existe, sino que se trata de una absurda consecuencia del bisturí y los implantes. Compartimos el vídeo para que lo analices tu mismo:

La perfección se va transformando

La búsqueda de ser mejores y de cuidarnos debe estar por encima de todo: de las modas, de los prejuicios, de la ropa o de los comentarios de los demás. Tener buenos hábitos alimenticios, hacer deporte para estar sanos y vestirse como nos parece cómodo es la verdadera perfección.

Buscar en fotografías el supuesto estándar de belleza es sinónimo de no estar felices con nuestro propio cuerpo. Dejar que la publicidad y los medios de comunicación nos digan de qué forma deberían verse nuestros brazos, piernas o vientre es atentar contra nosotros mismos.

En este mundo en el que lo superficial está a la orden del día y es cada vez más fácil acceder a una cirugía irreversible (o con sus consecuencias), entender que todos somos perfectos y bellos a nuestra manera es un acto de rebeldía. ¡Seamos rebeldes entonces! ¡Y a disfrutar de nuestras curvas, centímetros y kilos como queramos!