El síndrome del espejo

Yamila Papa · 25 marzo, 2015

La repercusión de lo que nos ofrece nuestro reflejo sobre nuestro físico, cuando nos miramos al espejo, nos puede afectar en la manera de relacionarnos con los demás y también con nosotros mismos. El llamado “síndrome del espejo” es más frecuente de lo que pensamos.

Dentro del hábito de mirarnos y analizarnos frente al espejo, puede surgir la necesidad de aprender a convivir con el cuerpo que tenemos y a analizar nuestros complejos y defectos, antes de buscarlos en los demás.

El síndrome del espejo tiene que ver con los comportamientos que tenemos las personas en relación a nuestra propia imagen, distorsionándola hasta llegar a ver defectos o magnificar aquellos que creemos tener. Podría decirse que este objeto que podemos tener en la habitación, el baño o cualquier lugar de nuestra casa, es el mediador en una relación.

En la mayoría de los casos, la pareja compuesta por una “persona y su imagen” es bastante dispar, puede transformarse en una relación enfermiza llena de problemas, sufrimientos, dificultades, preocupaciones, peleas, etc.

Al igual que ocurre al convivir con alguien, tenemos que aprender a vivir a diario con nuestro cuerpo y sobre todo, con lo que vemos a través del espejo, que no es nada más que una proyección que hacemos de nosotros mismos.

Espejito, espejito… ¿quién es la más bonita?” decía la malvada bruja del cuento de Blancanieves. Ella hacía lo imposible para verse siempre joven y hermosa.

En la realidad no tenemos pociones o embrujos para que esto suceda, la fuente de la juventud no existe, pero sí la capacidad de amarnos tal cual somos y sobre todo, aceptarnos, sin importar la edad, los kilos, las arrugas o los centímetros.

El síndrome del espejo se vuelve una patología que atender cuando deriva en casos de bulimia y anorexia, dos trastornos muy frecuentes en la adolescencia y sobre todo en las mujeres.  No importa cuánto adelgacen, las muchachas (y algunos muchachos también) siempre se verán gordas y feas, producto de una distorsión a nivel cognitivo.

¿Cómo sobrellevar el síndrome del espejo?

 

En primer lugar, hay que dejar de lado los prejuicios y las comparaciones. No somos mejores ni peores que los demás, sólo diferentes.

Más gordo, más delgada, más alto, más pequeña, menos bonito, más fea… sólo son apreciaciones arbitrarias. La moda va cambiando y los estándares de belleza también. Y si no, echa un vistazo a las pinturas de tres siglos atrás.

Cada uno de nosotros es bello por sus características particulares, somos únicos e irrepetibles, los seres más bonitos de toda la creación. Esto no quiere decir volverse un narciso y admirar nuestra imagen todo el tiempo, por encima de todas las cosas y personas, exhibiendo los buenos y guapos que somos, sino aprender a amarse y aceptarse como somos realmente.

Por otro lado, es vital empezar a reírse de uno mismo, de los errores y de lo que no nos gusta. Un toque de humor nos aliviará mucho la existencia y mejorará la relación que tenemos con nuestro cuerpo y también con los demás.

También es fundamental convertirnos en nuestros mejores amigos y cómplices. ¿Qué quiere decir esto? No prejuzgar nuestra imagen por lo que nos devuelve el espejo. Si estamos bien de ánimo, felices y satisfechos, ¿verdaderamente importa el tamaño de las caderas, el vientre o la nariz?

Y como medida fundamental, debemos amarnos a nosotros mismos para que luego podamos amar a los demás, y éstos nos amen. Si no nos respetamos, nadie lo hará.

La única persona con la que tienes permitido compararte es contigo mismo, con nadie más. Sólo has de luchar y superarte cada día, ser mejor persona y desarrollar nuevas habilidades. Puedes analizar cómo eras ayer y cómo eres hoy, pero no para criticarte, sino para saber de qué manera actuar para trascender.

La percepción de nuestro físico, es sólo un reflejo de nuestro estado interno. Más allá de lo que tiene que ver con la salud , no debemos preocuparnos por cómo se ve nuestro cuerpo. Seguramente, tendrás una percepción diferente de la imagen del espejo, si te miras un día que estás triste y lo comparas con otro donde te sientes feliz.

En el momento en que nos aceptamos tal cual somos, tenemos la capacidad de reírnos de nuestros errores y equivocaciones, sin importarnos qué refleja el espejo; es cuando somos verdaderamente personas equilibradas y felices.

Cuando nos podemos reír de nosotros mismos, luego tenemos la posibilidad de hacerlo con los demás.