Decidir en reclusión: ¿a qué estados decir no y a cuáles sí?

02 Abril, 2020
Este artículo ha sido escrito y verificado por el psicólogo Marcelo R. Ceberio
En tiempos de reclusión, no podemos dejarnos llevar por cualquier estado emocional que experimentemos, tenemos que protegernos. El doctor en psicología Marcelo Ceberio nos invita a reflexionar sobre ello.

Ya no vamos a ser los mismos. De este tipo de crisis que excede nuestro marco particular que va de lo social y regional a las sociedades del mundo no se vuelve al status quo anterior.

Lejos estamos de ser los que éramos, ¿no te has dado cuenta todavía de que has cambiado? Pues sí, lo has hecho. Hemos empezado a pensar en todos y nos hemos dado cuenta (o al menos algunos) de que cada uno es todos. Esa es la noción de sistemas que se definen por una serie de componentes (nosotros) con propiedades y atributos; es decir, con características, roles y funciones.

Alguna vez escribí que tenemos la ilusión de ser libres y, es más, peleamos por la libertad; sin embargo, epistemológicamente la libertad es una falacia.

Chico mirando por la ventana en reclusión

Presos de sistemas

En principio, no somos libres porque vivimos en sistemas (contextos sociales) y estos sistemas son parte de otros sistemas y así hasta el infinito. Con lo cual estamos presos en sistemas, cumplimos normas sociales, reglas familiares, funciones y roles determinados y si intentamos salir de alguno de ellos entramos al inmediato superior.

También somos presos de modelos mentales. Nuestro cerebro se rige por modelos estructurados que facilitan el procesamiento de información. Así, pensamos la vida desde modelos y cuando queremos cambiar de modelos lo hacemos a través de nuestro propio modelo de conocimiento.

Hasta somos presos de sistemas biológicos: nuestro organismo es un conglomerado sinérgico de sistemas. Hay valores de máximo y de mínimo, podemos entrenarnos y modificarlos a través de medicamentos, pero tenemos la limitación de cada uno de nuestros órganos, de nuestra estructura biológica.

Y por último, estamos presos de emociones. Sistematizamos en nuestra vida un estilo de emocionar, tenemos un humor alegre, exaltado, sensible, triste, enfadado etc. y cuando la gente se acostumbra a vernos de esa forma, después es difícil salir de la presunción que implica ese tono emocional.

Cuatro sistemas de los cuales es difícil escapar; cuatro sistemas en los que estamos encerrados y que han empezado a cambiar a partir de la pandemia y nosotros con ellos. 

Un camino hacia la vida

Reitero no vamos a ser los mismos después de esta crisis. Mientras tanto, seguimos en reclusión bajo la premisa del eslogan irreductible de “Quédate en casa”, como una forma de lograr salvarnos la vida porque al final de cuentas el aislamiento eso es: un camino hacia la vida.

Me he dado cuenta que en la reclusión hay una serie de decisiones que debemos tomar. Se trata más bien de reformular ciertos estados que naturalmente nos aparecen y a los que solemos decir “No” e intentar permutarlos por otros más positivos. Aquí va la lista:

No al alarmismo, pero sí al realismo

Alarmarnos y alarmar al resto no sirve. Catastrofizar pequeñas situaciones implica convertirlas en eventos rimbombantes, a lo que es preferible ser realista y no intentar agregarle picante a una situación que tan solo quemará a posteriori. Algo así como rociar con gasolina un hecho para que después explote entre las manos.

A mayor alarmismo, mayores son los niveles de ansiedad y con esto el desorden de la vida intrafamiliar, intrapareja o de los que viven en soledad el aislamiento.

No a la incertidumbre, pero sí al paso a paso

No hay certeza ni lógica en este tipo de situaciones críticas, tampoco vacuna que nos aproxime pisar suelo firma de una vez por todas. Por ello, hay que tener cuidado con eso de decidir en reclusión.

Cada sociedad ha tenido y tiene sus particularidades desde la forma de afrontar el virus hasta de prevenir contagios. No sabemos cuándo vamos a mejorar.

Día a día, hora a hora y paso a paso es la única de manera de reducir los niveles de ansiedad. Todo es incierto, pero si nos quedamos con la incertidumbre nos llenamos de miedo y nos cargamos de ansiedad.

Es preferible dar pasitos de bebé cada día intentando pisar tierra firme que caer en el fango resbaladizo de la incertidumbre. Decidir en reclusión es cuestión de paciencia, no de impulsos.

No al aburrimiento, pero sí a las distracciones saludables

No estamos habituados a quedarnos mucho tiempo en casa porque somos seres sociales y como tales nos gustan los bares, los restaurantes, los teatros, los cines, la reuniones con amigos, etc. Sin embargo, de pronto estamos todo el tiempo en casa. Es lógico que el aburrimiento se instale en nuestras vidas e intente dominar todos nuestros territorios.

Si decimos “¡fuera aburrimiento!”, es posible planificar el tiempo en casa con distracciones y aprovechar el ocio tal y como lo definían los griegos: ocio productivo.

Para ello, se pueden seleccionar libros, películas o tareas del hogar y jardinería que se postergaban. También puede realizarse algún curso online para estimular el cerebro, romper con el tedio y evitar convertir el aislamiento en una prisión domiciliaria.

Persona leyendo un libro

No a la desorganización y sí a la rutina

Está situación de crisis nos desorganiza. Teníamos una rutina, tanto para los días de diario como los fines de semana, en la que había espacio individuales, pero también para estar con la familia.

Ahora, todo se rompió y estamos encerrados con un montón de actividades suspendidas y una vida social en la que no podemos tener contacto físico. Es importante salir de la desorganización y estructurar una nueva planificación.

Muchos descalifican a la rutina porque la asocian con tedio y rigidez, pero es muy importante porque fija horarios en el día, describe actividades principales y secundarias, establece prioridades, da lugar a la creatividad y a proyectarse en el futuro.

No a la obsesión, pero sí a la higiene y la desinfección

En este periodo de cuarentena y reclusión nos llenan de información sobre cómo proceder para crear un ambiente aséptico, libre de contagio.

Ya sabemos que debemos lavarnos las manos alrededor de ocho veces diarias en un tiempo no menor a 20 o 30 segundos; que hay que dejar los zapatos fuera y no entrar con con los gérmenes de la calle; que debemos cambiarnos la ropa cuando entramos a casa, si vamos a hacer la compra; que hay que estornudar en el hueco del codo y en el hombro y que es necesario tomar una distancia de metro y medio con los demás.

Ahora bien, no debemos obsesionarnos como si el virus fuera un ejército de zombies caminantes que van a modernos en cualquier momento si nos descuidamos.

Cuidarnos es estar atentos a nuestra higiene, la desinfección de lugares e intentar mantener una asepsia de nuestro ambiente, pero tenemos que estar lejos de cualquier delirio paranoide porque sería imposible vivir y convivir con las personas queridas que nos acompañan.

No a los pensamientos catastróficos y sí al pensar en positivo

En esta reclusión, como en toda situación de crisis, a la mayoría de nosotros les surgen una serie de pensamientos en cascada que se caracterizan por ser negativos, caóticos, autodesvalorizantes y descalificadores. 

Así, es importante que durante nuestro período de reclusión reformulemos esta forma de pensar, por lo que hay que intentar cambiar cualquier idea negativa por una positiva.

No obstante, es cierto que resulta difícil dar un cambio de 180º de forma directa, entonces se puede aplicar la técnica del pero: cuando aparezca un pensamiento negativo, hay que colocarle un “pero” inmediatamente y allí intentamos vislumbrar la parte positiva. Por ejemplo, Juan tiene mal carácter, pero tiene gestos muy amorosos y nobles conmigo.

O también se puede aplicar la técnica de la pregunta. Si decimos que Juan es muy mala persona, podemos salir de esta afirmación categórica y transformarla en pregunta: ¿Juan es muy mala persona?

No al sedentarismo y sí al ejercicio físico

Por supuesto que correr dentro de casa es complicado y más difícil si vivimos en un piso de 40 metros, pero hay tutoriales en Youtube que nos permiten hacer ejercicio en un espacio más reducido. 

Capitalizar estos servicios gratuitos permite romper con el sedentarismo, aunque si se puede completar con una dieta equilibrada mucho mejor. Además, hay que intentar no quedarse en la cama, ponerse lindo o linda, vestirse con buena ropa, arreglarse el cabello, echarse perfume, mirarse al espejo y decir “¡que me siento bien, me siento conmigo!”.

Mujer haciendo ejercicio en casa

No al aislamiento social, pero si al aislamiento físico

Estar aislado no implica apartarse socialmente, pero sí estar preservado físicamente de la posibilidad de contagio. Sin embargo, el hecho de estar recluido no implica que se pierda el contacto social con los amigos y la familia. 

Hay recursos tecnológicos importantes como la videollamada y los mensajes de Whatsapp, entre otros, para mantener los lazos afectivos. Somos seres relacionales y esa es una condición de nuestra especie.

En las relaciones circula el afecto y la posibilidad de mirarse a través de una cámara del teléfono y escuchar las expresiones verbales del cariño que permiten sentir al otro. Hoy en ausencia de la vía corporal, nos tenemos que ejercitar en lo que vamos a manifestar o expresar al otro vía Internet.

En síntesis, este es un gran momento de cambio. Una brillante oportunidad para recategorizar muchas acciones, palabras y personas, para decidir en reclusión cómo queremos recordarnos.

Solamente espero que cuando esta odisea termine, no nos olvidemos de lo que pasamos, porque ese recuerdo es la posibilidad de no borrar de un plumazo todo lo que aprendimos en este período crítico.

Tal vez, ya viejos recordaremos que en algún tiempo y en algún año del siglo XXI tuvimos que pasar por una de las crisis más relevantes de nuestra historia. Tal vez, la pandemia y el confinamiento sean los puntapiés iniciales que demarquen las fronteras de un antes y un después: aC y dC, (antes y después del Corona).