Dejar de correr

22 febrero, 2020
Este artículo fue redactado y avalado por el psicólogo Bernardo Peña Herrera
¿Podemos dejar de correr y detenernos un poco más en lo que pensamos y sentimos? ¿Porqué nos perturban tanto ciertos pensamientos y críticas, si somos mucho más que eso?

Con frecuencia, cuando estamos a punto de empezar a hacer algo, o mientras lo estamos haciendo, nos encontramos anegados por las dudas, miedos o inquietudes. Todos tienen una característica común: interfieren con lo que intentamos hacer en ese momento. Lo primero de todo es dejar de correr detrás de esos pensamientos y sentimientos.

A veces, incluso parece que pueden más que nuestra propia voluntad. Así, no llegamos a completar o, ni siquiera a empezar nuestro proyecto.
¿Cómo nos sentimos cada vez que una de esas dudas o miedos surge y se cruza en nuestro camino? ¿Qué experimentamos mientras intentamos superarlos o que desaparezcan? ¿Cómo nos sentimos cuando conseguimos vencerlas y continuamos nuestra marcha? ¿Cómo nos sentimos cuando somos nosotros los que cedemos y abandonamos? Y en cada una de esas situaciones, ¿qué impacto tiene sobre nosotros lo que sentimos?

Plantearse estas preguntas, en el momento mismo en que estamos luchando con nuestras dudas o miedos puede ser, por sí mismo, una gran ayuda. A veces, es todo lo que necesitamos para que las dudas o los miedos dejen de parecernos un obstáculo insalvable. En ocasiones, incluso, basta con pararse a ser consciente de que tenemos miedo o dudamos para que, simplemente, dejemos de temer o dudar, y empecemos a comprender y actuar.

Chico pensando en dejar de correr

Claves para dejar de correr

El psicólogo estadounidense Carl Rogers nos dice que “la curiosa paradoja es que cuando me acepto a mí mismo como soy, entonces puedo cambiar.” Es decir, sólo cuando nos ponemos en contacto con lo que hacemos, con lo que pensamos, con lo que sentimos, con lo que nos pasa, sólo entonces somos capaces de cambiarlo.

Al aceptar y asumir como propio lo que está pasando en nuestro interior, desviamos la energía que utilizamos para rechazarlo, hacia lo que de verdad queremos y necesitamos, que es cambiarlo.

Es por eso que parte de la ansiedad que nos provocan nuestras dudas, miedos y frustraciones desatendidas, ignoradas, reprimidas, desaparecen en cuanto las enfrentamos. Con ello, empezamos a conseguir que, en vez de controlarnos ellas a nosotros, las controlemos nosotros a ellas.

El Dr. David Burns nos recuerda, a este respecto, que lo que sentimos depende de lo que pensamos, de modo que, si cambiamos nuestros pensamientos, seremos capaces de cambiar también nuestros sentimientos.

Pensar diferente para actuar diferente y, sobre todo, dejar de correr

Ser capaces de preguntarnos a nosotros mismos “¿qué me pasa?”, “¿cómo me siento?”, es a la vez resultado y causa de que nos anclemos en el aquí y el ahora de nuestra propia experiencia. En otras palabras, de que dejemos de correr, y nos detengamos a caminar con nosotros mismos, a nuestro propio paso.

Con frecuencia, con ese anclaje sentimos como que el tiempo se ralentiza y, sobre todo, tenemos la sensación de estar viviendo un momento auténtico. Además, sentimos nuestra energía mucho menos dispersa y, por ende, canalizada hacia donde queremos.

Pero podemos aún ir un poco más allá. Cuando la duda sobre nuestros proyectos o el miedo ante cualquier obstáculo nos asalta, podemos también preguntarnos de dónde vienen.

No nos estamos refiriendo a iniciar un proceso de introspección psicoterapéutica. Sino a considerar hasta qué punto esas dudas y miedos no vienen de nosotros. O que, tal vez, son el resultado de haber interiorizado unos hábitos de evaluación y feedback negativos. Por consiguiente, estos serían más útiles para activar en nosotros sentimientos de culpabilidad que para contribuir a nuestro desarrollo personal y profesional.

Chico pensativo con dudas

Los feedbacks y su importancia para el yo

Desde esta perspectiva, puede resultar muy útil preguntarnos qué tipo de feedback hemos recibido a lo largo de nuestra vida como adultos, como profesionales, como estudiantes, como miembros de grupos, y observar qué cosas de las que nos decimos a nosotros mismos nos las han estado diciendo otras personas antes.

En The inner game of work, Timothy Gallwey describe este proceso de internalización de críticas devaluadoras como la creación de lo que él denomina Self 1, en oposición a un Self 2, que es precisamente el objeto de las críticas del primero.

Ese segundo yo, además, contendría, según Gallwey, nuestro auténtico yo, libre, creativo, espontáneo, lleno de energía, motivado, fuerte, capaz. El yo que, en definitiva, quiere y puede aprender y crecer.

El primer yo, el Self 1, estaría, en cambio, formado por un aluvión de críticas negativas recibidas a lo largo del tiempo desde distintos frentes. Forjados con tal constancia, persistencia y fuerza, que llegan a convertirse en parte de nuestra propia forma de pensar sobre nuestros propios actos, ideas, proyectos, sentimientos y formas de ser.

En conclusión, llegar a ser conscientes de nuestro verdadero y falso yo, de su procedencia y, sobre todo, del impacto que han tenido y tienen en nosotros, es un paso gigantesco para llegar a un punto en que podamos liberarnos de esas críticas adquiridas y seguir nuestra marcha impulsados por la energía positiva de nuestro yo auténtico. Ser conscientes de este primer paso es la clave para empezar a dejar de correr.