Un desarrollo positivo implica frustrar a veces los deseos - La Mente es Maravillosa

Un desarrollo positivo implica frustrar a veces los deseos

Adriana Díez 28 febrero, 2018 en Psicología educativa y del desarrollo 0 compartidos
Niño con frustración

Un niño de dos años estira su brazo y señala el paquete de galletas que se encuentra encima de la mesa. Su padre, con su mejor intención, se lo acerca. ¿Por qué este niño debe esforzarse en decir una palabra si con tan solo estirar el brazo consigue las galletas?

Si los niños logran satisfacer sus deseos y necesidades señalando en vez de utilizando palabras, llorando en vez de hablando o por la fuerza en lugar de por la razón, su desarrollo se ve limitado, al igual que la posibilidad de generar estrategias para adaptarse a las nuevas situaciones. De ahí que sea tan importante que sientan esa sensación de frustración fruto de no saber qué hacer o cómo conseguir lo que necesitan para despertar su ingenio y buscar nuevas estrategias y herramientas.

Un desarrollo positivo desde pequeños implica que los padres, a veces, generen cierta sensación de frustración en sus hijos que les sirva como impulso para seguir creciendo. De esta forma tendrán que esforzarse para descubrir la manera idónea de superar los retos que vayan surgiendo así como la consecución de sus objetivos.

Así, el desarrollo óptimo de los más pequeños requiere la implicación y el trabajo de los padres, un trabajo conjunto que dista mucho de satisfacer siempre los deseos infantiles.

La trampa de la sobreprotección

Los padres que no toleran las rabietas de sus hijos y ceden a sus peticiones; aquellos que les dan todo porque piensan que así los harán felices y esos otros que creen por error que sus hijos son demasiado pequeños para tener responsabilidades corren el riesgo de no potenciar un desarrollo positivo en sus hijos. Porque a pesar de que ellos piensen que los están protegiendo, lo que están haciendo es cortarles las alas. 

La sobreprotección provoca que los niños sean incapaces de resistir la frustración.
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Niña agarrada al brazo de su padre

La sobreprotección hace que los niños tengan todo lo que quieran en el momento que deseen. Se sienten arropados, rodeados de facilidades y sin encontrar una razón para avanzar o descubrir nuevas situaciones. La sobreprotección no ayuda a que los niños exploren, se equivoquen y descubran cómo es la realidad, todo lo contrario. La sobreprotección es una de las barreras para el desarrollo positivo.

Los niños necesitan un no, al igual que descubrir por sí mismos cuáles son las herramientas y habilidades que les sirven para calmarse. Necesitan desarrollar su capacidad de ingenio y de exploración, de búsqueda de alternativas y toma de decisiones. Si todo se lo facilitamos difícilmente podrán lograrlo. Ahora bien, primero habrá que enseñarles y ponerles ejemplos para que luego ellos sean capaces de internalizarlos y hacerlos suyos.

Es muy importante que los niños tengan responsabilidades acordes a sus edades y a su desarrollo y además, deben ser reconocidos pos sus méritos. Al igual que les educamos en la responsabilidad y el respeto, también tienen el derecho de sentirse valorados y queridos. Y por supuesto, tienen el derecho de saber que un error no es un castigo ni lo peor que les puede ocurrir sino una oportunidad de aprendizaje.

La importancia de mostrar la realidad desde pequeños

Si logramos que los niños comprendan que no siempre pueden cumplirse sus deseos, que habrá momentos en los que otros niños no quieran jugar con ellos o que los juguetes de los demás no son los suyos estaremos acercándoles a la realidad de la vida. Esa en la que todo no puede conseguirse solo porque lo deseemos o así lo queramos. Los niños tienen que aprender la diferencia entre las expectativas y la realidad. Al igual que la importancia de ciertas habilidades como la paciencia y el esfuerzo.

El desarrollo óptimo es mucho más que un apego seguro, también implica por ejemplo, nuevas experiencias, incertidumbre y sobre todo exploración.
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Niña abrazando a su madre

A veces, la realidad es dura y hay que entenderla poquito a poco, año a año y acorde al nivel de desarrollo. Los adultos sanos son los niños que han tenido un desarrollo positivo, un desarrollo que ha implicado frustración y que les ha permitido madurar emocionalmente.

Los padres tienen la maravillosa y dura labor de crear adultos sanos favoreciendo antes un desarrollo afectivo positivo y óptimo en sus hijos. Para ello, tienen que dejar que los niños exploren, que encuentren su equilibro y por supuesto que se equivoquen para que puedan reflexionar. El futuro de hoy está en los más pequeños. No lo olvidemos.

Adriana Díez

Adriana Díez, psicóloga y profesora de música. Todos podemos potenciar nuestras habilidades si hacemos buen uso de las herramientas que tenemos. Con energía y positivismo, ¡siempre adelante!

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