Descansar la mente es tan importante como descansar el cuerpo

18 noviembre, 2019
Este artículo fue redactado y avalado por la psicóloga Valeria Sabater
Concedernos un descanso mental entre periodos en los que le exigimos rendimiento a nuestro cerebro ayuda a su funcionamiento. Es una forma de darle aire, de podar aquellos pensamientos que nada aportan.

Descansar la mente, silenciar el pensamiento discursivo y desactivar la preocupación es sinónimo de salud y bienestar. Sin embargo, hemos de admitirlo, somos nómadas de la hiperactividad mental, saltamos de una idea a otra, vamos del recuerdo a la obsesión, de la obsesión al estrés hasta acabar agotados. Somos incapaces de desconectar aun estando de vacaciones, aun permaneciendo tumbados sobre la cama.

A muchos les sorprenderá saber que cerca del 90% de los pensamientos que tenemos al día carecen de utilidad. Nuestras neurosis se alimentan precisamente de esas ideas carentes de lógica, de las mismas que alimentan ansiedades y ponen alambradas al potencial humano. Pensar es un acto sencillo, venimos al mundo con esa habilidad, no obstante, ‘pensar bien’ y saber cuándo descansar el cerebro es algo que no todo el mundo sabe hacer.

El autocuidado, va más allá de atender nuestro cuerpo, de peinarnos y vestirnos, de mantener una alimentación saludable y de hacer ejercicio de manera regular. También se trata de aprender a descansar la mente. A veces, ‘no pensar’ durante un tiempo determinado nos ayuda a vivir mejor.

“Somos adictos a nuestros pensamientos. Y no podremos cambiar nada cambiamos primer nuestro pensamiento «.

Santosh Kalwar-

Mujer con luz en la cabeza

Descansar la mente, controlar el pensamiento

Tenemos más de 60.000 pensamientos al día. Ese flujo de energía mental es algo sencillamente maravilloso. Gracias a esa facultad excepcional, hemos creado todo lo que nos envuelve, hemos asentado la cultura, las sociedades y llevado sondas espaciales para conocer la superficie de Marte. Ahora bien, la mente puede hacer milagros, puede mediar en la creatividad, en nuestra felicidad, pero también en nuestro malestar.

Algo realmente común en gran parte de las personas con ansiedad es desmenuzar cada cosa hecha, dicha, vista o sentida. Analizan sus conversaciones para torturarse sobre lo que deberían haber dicho y lo que no. Sitúan su mirada en el futuro anticipando acontecimientos con una probabilidad asociada lejana a la certeza. Se obsesionan con los errores, alimentan ideas que saben a miedos y a negatividad… Sus discursos mentales conforman lo que podríamos denominar como ‘pensamientos basura’.

Estos últimos enfoques mentales se caracterizan por dos dimensiones básicas: son falsos y son pegajosos. Es decir, la idea basura es esa que uno da por cierta (soy un fracasado) y que es incapaz de quitársela de la mente. Es como ese chicle en el zapato que nos impide avanzar. En estos casos, no solo es higiénico descansar la mente, también es recomendable apartar esos ciclos de pensamiento que nada construyen…, y mucho destruyen.

Los efectos de la mente agotada

Una mente habitada por pensamientos basura (negativos, falsos y pegajosos) deriva en un estado muy debilitante. Cuando pasamos por una época con una elevada preocupación y ansiedad, empezamos a evidenciar ciertos fallos cognitivos. Aparecen problemas de concentración, fallos de memoria, problemas de atención…

Ahora bien, en un estudio publicado en el International Journal of Stress Managementy llevado a cabo en la Universidad de Neuchâtel, Suiza, se demostró que el agotamiento mental largamente mantenido en el tiempo (o cuando nos decimos aquello de ‘estoy quemado’) deriva a menudo en una depresión mayor.

Tenemos un músculo mental capaz de establecer periodos de descanso

Este dato es interesante. Nuestro cerebro está ‘diseñado’ para tener períodos de descanso regulares. En realidad, en nuestro día a día lleva a cabo dos tipos de procesos. El primero es el que requiere de una concentración activa y consciente; es esa que nos permite realizar tareas, resolver problemas, analizar lo que vemos, tomar decisiones, recordar, pensar…

Ahora bien, el cerebro dispone también del estado ‘piloto automático’. Esto sucede cuando nos quedamos absortos viendo un paisaje o la televisión, cuando paseamos en tranquilidad, cuando estamos leyendo pero nos damos cuenta de que no estamos centrados y no hemos entendido nada. En esos instantes, la mente está, pero se mantiene alejada, desconectada en cierto modo.

mano con mariposa simbolizando cómo descansar la mente

Aprender a descansar la mente ¿cómo hacerlo?

Descansar la mente no es tumbarse sobre una hamaca, ni cerrar los ojos ni ponerse una serie de Netflix. En realidad, para desconectar la mente se requiere de cierto esfuerzo y voluntad, porque a menudo, aún estando frente a un mar y de vacaciones, nuestra mente sigue con su hiperactividad y nerviosismo.

Veamos por tanto algunas estrategias que pueden ayudarnos.

  • Toma conciencia de tus sentidos. La mente hace mucho ruido pero por una vez, vamos a salir de su palacio para viajar hasta nuestros sentidos. Por un instante, vamos a centrarnos en lo que siente nuestra piel, lo que ven nuestros ojos, lo que olemos, lo que escuchamos…
  • Estrategia diente de león. Mientras nos permitimos ‘escuchar a nuestros sentidos’ para descansar la mente, es posible que nos asalte de pronto algún pensamiento (mañana tienes esa reunión, ayer cometiste un error, la semana que viene tienes ese viaje…). Cuando esto ocurra, llevaremos a cabo la técnica diente de león. Imaginaremos que en la mano tenemos esta planta y que, al soplar, se esparcen -con las semillas- nuestros pensamientos molestos.
  • Nubes en un día de viento. El monje y maestro vietnamita Thich Nhat Hanh señala lo siguiente «no hay que pegarse a los pensamientos y a los sentimientos. Dejemos que tal y como vengan se vayan como nubes en un día ventoso».

Hagamos esto último a la hora de descansar la mente, dejemos que esos pensamientos disruptivos se vayan tal y como vienen. Lo inútil, mejor, dejarlo marchar.

  • Bianchi, R., Boffy, C., Hingray, C., Truchot, D. y Laurent, E. (2013). Sintomatología comparativa de agotamiento y depresión. Journal of Health Psychology , 18 (6), 782–787. https://doi.org/10.1177/1359105313481079