Lo que vemos desde la ventana: clave de bienestar o malestar psicológico

24 septiembre, 2019
Este artículo fue redactado y avalado por la psicóloga Valeria Sabater
Mirar por la ventana no es perder el tiempo. Además de alzarse como un ejercicio de reflexión, estimula nuestro bienestar físico y psicológico, sobre todo, si en ese escenario donde se sitúa nuestra mirada hay alguna zona verde (bosques, ríos, campos...).

Lo que vemos desde la ventana afecta a nuestro estado de ánimo, estimula o reduce la creatividad e incluso puede afectar a nuestra salud. Así, y aunque popularmente el ejercicio de situar nuestra mirada en estos marcos cotidianos es para muchos reflejo de la curiosidad o del mero cotilleo, dicho acto tiene en realidad una trascendencia enorme para nuestro cerebro.

Es posible que a más de uno le venga a la mente la película La ventana indiscreta de Alfred Hitchcock. En esta producción, basada en el relato de 1942 It Had to Be Murder, de Cornell Woolrich, teníamos como protagonista a un fotógrafo que se veía obligado a guardar reposo después de un accidente. La quietud, el aburrimiento y el calor hicieron que pasara gran parte del tiempo curioseando la vida de sus vecinos a través de la ventana.

Ahora bien, la psicología nos dice que en realidad no necesitamos una circunstancia «forzosa» para poner nuestra mirada tras los cristales. Al ser humano le gusta mirar, somos curiosos por naturaleza y nuestro cerebro necesita de ese estímulo para hallar incentivos, para distraerse, reflexionar e incluso, por qué no, observar vidas ajenas para compararlas con las propias.

Más allá de lo que nos pueda parecer, no hay nada de malo en ello. Es más, situar los ojos en esas superficies es un ejercicio saludable siempre y cuando, eso sí, lo que haya más allá resulte estimulante. Factores físicos, como tener un muro frente a nuestra casa o un escenario monótono, monocolor y ruidoso puede impactar en nuestro bienestar.

«Quien observa termina por ver».

-Glenn Murcutt-

Chica ante mirando el exterior simbolizando lo que vemos desde la ventana

Lo que vemos desde la ventana, fragmentos que nos estimulan o nos deprimen

Decía Susan Sontag, novelista, filósofa y directora de cine que mirar es ver fragmentos. A menudo, cuando vamos en metro, en autobús o cuando nos sentamos en un banco para hacer cola, somos testigos de pequeños fragmentos de vida, de instantáneas que atendemos como discretos voyeurs, durante instante, para luego retornar a nuestra piel, a nuestros mundos particulares.

Con lo que vemos desde la ventana ocurre lo mismo. A veces, nos asomamos y vemos a niños jugar en la calle. Otras, a parejas paseando, discutiendo o recogiendo a sus hijos del colegio. A menudo, lo que vemos son parcelas de nuestras nerviosas ciudades, el tráfico, la bruma del amanecer mezclándose con la contaminación suspendida de las fábricas… En ocasiones, y si somos afortunados, podemos contemplar instantáneas de la naturaleza: un amanecer, el inicio de una tormenta, una estrella fugaz o golondrinas haciendo sus nidos.

Ser partícipes momentáneos de estos fragmentos naturales resulta a menudo muy gratificante. Detener nuestras tareas y situarnos ante la ventana para conectar con el exterior, es positivo. De hecho, hasta puede ser determinante para nuestra salud tal y como nos revela un interesante estudio. Veamos más datos a continuación.

casa simbolizando lo que vemos desde la ventana

Lo que ves, puede ser tan importante como lo que comes

La Universidad de Plymouth, Reino Unido, llevó a cabo un estudio en julio de 2019 donde concluir con algo relevante: aquello que vemos por la ventana puede ser tan importante como lo que comemos. El dato parece, cuanto menos, llamativo. La doctora Leanny Martin, en colaboración con el Centro Europeo para el Medio Ambiente y la Salud de la Universidad de Exeter, nos detalla lo siguiente:

  • Lo que vemos desde la ventana afecta a nuestro estado de ánimo. Y no solo eso, si el entorno que nos rodea es interesante, atractivo y estimulante, se incentiva la motivación, el deseo de movernos e incluso de alimentarnos mucho mejor. Esto se aprecia de manera significativa en los entornos naturales frente al de las grandes ciudades.
  • Si lo que vemos frente a la ventana es otro bloque de edificios y el rumor del tráfico, es probable que nuestras ganas por pasear sean menores. Asimismo, también nuestro ánimo se ve afectado, así como la motivación, la creatividad y a menudo hasta la propia alimentación (a mayor malestar mayor consumo de alimentos congelados, de grasas saturadas, etc.).

Son datos sin duda interesantes que nos animan a comprender la importancia de los espacios verdes en nuestras ciudades.

Mirar a la ventana es asomarse a la vida para sentirse partícipe de ella

Muchos sabrán lo positivo que resulta tener una ventana por la que mirar, a través de la que descansar unos instantes, al menos, los ojos de la pantalla. Más que una distracción es un respiro. Es un modo de relajar la mente, de llevar la mirada a otro punto durante un momento solo para oxigenarnos para captar otras perspectivas y, por qué no, hasta para hacer un refugio en el tiempo y soñar despiertos.

Lo que vemos por la ventana debe ser estimulante para que medie en el bienestar. Basta con pedazo de cielo, con un bosque en el horizonte, con personas que ríen, que van y que vienen. Esos fragmentos de vida también invitan a la vida, resultan motivadores e inspiradores, nos alivian de la asfixia momentánea, del aburrimiento y de nuestros quehaceres mecánicos y rutinarios.

Admitámoslo, tener cerca una ventana conectada a un escenario natural y evocador debería estar al alcance de todos, debería ser prescripción médica. Esas instantáneas de paz, de curiosidad y de equilibrio, son un refugio para nuestras mentes, tan necesitadas siempre de estímulos.

  • Leanne Martin, Sabine Pahl, Mathew P. White, Jon May. Natural environments and craving: The mediating role of negative affect. Health & Place, 2019; 58: 102160 DOI: 10.1016/j.healthplace.2019.102160