Descubre el sorprendente efecto Ben Franklin

Este artículo ha sido verificado y aprobado por Sergio De Dios González el 27 mayo, 2017
Pedro González Núñez · 27 mayo, 2017

El famoso científico norteamericano Benjamin Franklin dijo una vez que “un padre es un tesoro, un hermano es un consuelo: un amigo es ambos”. Siguiendo la frase, sería comprensible que hiciéramos un esfuerzo adicional para gustarles a nuestras amistades. Sin embargo, ¿por qué en muchas ocasiones también hacemos este esfuerzo para gustar a las personas que no nos caen bien? Y… ¿por qué este curioso fenómeno se llama efecto Ben Franklin?

La explicación nace de una historia muy curiosa, que no podemos resistirnos a compartir. Este relato se basa una acción cotidiana, y en muchas ocasiones inconsciente, que realizan nuestros cerebros para librarnos de esa desazón que nos produce la disonancia o la falta de coherencia entre lo que pensamos y lo que hacemos. ¡Vamos con ello!

¿Cuál es el origen del efecto Ben Franklin?

El origen del efecto Ben Franklin es realmente curioso. Sabemos que Ben Franklin, inventor del pararrayos, fue uno de los fundadores de Estados Unidos. Pero esta importante figura tenía un duro opositor en la Asamblea Legislativa. Y dicho y formidable adversario no tenía problema alguno en mostrar públicamente sus objeciones al programa político del científico, tanto en público como en privado.

Esta singular animadversión no pasaba desapercibida para Franklin y además le preocupaba sobremanera. Sin embargo, la forma en que la quiso solucionar es curiosa. Para ello, se propuso ganarse a su crítico adversario.

Ben Franklin

Para ello, a Franklin no se le ocurrió otra genial idea que la de pedirle un favor. Como sabía que estaba ante una persona de elevado nivel cultural, decidió pedir un ejemplar excepcionalmente raro de su biblioteca privada, sin que en el fondo Franklin tuviera mayor interés por dicha obra.

El adversario ante tal petición se sintió especialmente honrado y halagado, de modo que no tardó en corresponder a Franklin. Así fue como Franklin se ganó a su adversario, dando paso a una cercanía primero y a una amistad después que duró toda su vida.

“Tómate tiempo en escoger un amigo, pero sé más lento aún en cambiarlo”

-Benjamin Franklin-

¿Qué hay detrás el efecto Ben Franklin?

Si bien esta singular historia ha dado pie al nombre de efecto Ben Franklin, lo cierto es que esconde una base psicológica profunda. Así, detrás de esta necesidad tan humana de complacer en realidad está fundamentada en una disonancia cognitiva… o mejor dicho, está motivada por el interés en evitar que se produzca dicha disonancia.

Es decir, lo que consigue Franklin con su petición es crear una contradicción en su adversario: por un lado son duros adversarios políticos, por el otro le hace un favor. En sí la situación no es contradictoria, sin embargo sí es probable que el adversario de Franklin percibiera en ella cierta contradicción: un sentimiento de antipatía política frente a una manera de actuar simpática.

La percepción de una contradicción de este tipo suele generar un malestar, de manera que la persona suele reajustar su manera de pensar. Esto es lo que hizo precisamente el adversario de Franklin, probablemente también porque el valor que representaba su conducta (la de prestar el libro) tenía una mayor deseabilidad social y personal que la de una animadversión basada únicamente en motivos políticos.

Así, de alguna manera el adversario de Franklin, para justificar su generosidad, tuvo que cambiar la visión que tenía de Franklin. Por otro lado, esta nueva perspectiva facilitó sin duda el comienzo de una amistad que más tarde se terminaría consolidando.

¿El cerebro trata de justificar lo injustificable?

Al parecer nuestro cerebro trata de justificar nuestras acciones y lo hace intentando no dañar la imagen que tenemos de nosotros mismos. De ahí que la disonancia cognitiva aparezca y posteriormente tomemos medidas para que desaparezca. Por ejemplo, ante un conflicto bélico -que sabemos injustificable, pero del que al mismo tiempo participamos (aunque sea con la complicidad del silencio)- nuestra mente busca razones que justifiquen nuestra postura y estas pueden estar vinculadas a la defensa de la libertad, al patriotismo o incluso a la religión.

Mujer detrás de un hombre

Por otro lado, los motivos o las noticias que pueden justificar nuestra posición a partir de ese momento serán más alientes. Llamarán más nuestra atención y las guardaremos en nuestra memoria con una mayor facilidad. Como puedes observar, la disonancia cognitiva forma parte de nuestra propia vida. A nivel profesional y personal, en muchas ocasiones nos enfrentamos a la justificación de actos con los que no estamos de acuerdo.

De hecho, es muy probable que te hayas encontrado trabajando con personas que no te caen bien o te vieses en la tesitura de ayudar a gente que no te agrada. Sea cual fuere tu caso, tu mente pondrá en marcha mecanismos que expliquen y justifiquen ese proceder. Así, lo más probable es que, después de hacerle un favor a una persona, tengas una opinión mejor de esa persona.

“Presta dinero a tu enemigo y lo ganarás a él; préstalo a tu amigo y lo perderás”

-Benjamin Franklin-

Es curiosa la manera de funcionar de nuestra mente, que trata de salvaguardar a la imagen que tenemos de nosotros mismos y la coherencia entre nuestros pensamientos y nuestras acciones modificando nuestras opiniones. Además, este fenómeno no se queda ahí, ya que una vez generada la justificación o la nueva opinión seremos más sensibles a toda clase de información que la apoye y más escépticos ante cualquier información que se oponga.