El despecho, un sentimiento amargo y peligroso

La persona despechada no piensa con claridad. El dolor de la ruptura o la traición ciega su capacidad para tomar decisiones, eligiendo en muchos casos opciones que realmente le perjudican.
El despecho, un sentimiento amargo y peligroso
Valeria Sabater

Escrito y verificado por la psicóloga Valeria Sabater.

Última actualización: 01 diciembre, 2021

El despecho es una emoción poco explorada, pero muy interesante desde el punto de vista psicológico. Se trata de una respuesta psicofisiológica intensa y de valencia negativa que se experimenta a raíz de una traición, un desengaño, una decepción o una ofensa. La persona herida empieza a desplegar entonces conductas tan variopintas y complejas como peligrosas.

Por ejemplo, es común que el despechado o despechada suela buscar venganza. Para ello, puede no dudar en hablar mal de la expareja por redes sociales, publicando información privada o iniciando campañas de ataque o desprestigio. También es habitual que se acoja al victimismo como forma de vida con el propósito de llamar la atención.

El despecho es una emoción que navega entre dos ríos: el rencor que carcome y la tristeza no gestionada. No es fácil lidiar con una ofensa, una humillación o un abandono, en especial cuando parten de relaciones afectivas. La inmadurez emocional deriva en muchos casos en este tipo de conductas límite que se entremezclan con las revanchas y las malas decisiones.

Lo analizamos.

Quien actúa por despecho, tarde o temprano termina arrepintiéndose

Mujer enfadada sintiendo despecho

¿En qué consiste el despecho?

El despecho es una realidad psicológica muy descuidada por la investigación científica. Esto mismo es lo que destacó un trabajo publicado en el 2014 por la Universidad Estatal de Washington. Tanto es así que, según explicaron los autores, algunos de los comportamientos más oscuros del ser humano han sido motivados por el despecho.

La necesidad de hacer daño a alguien, aun cuando esa figura tiene significado emocional para nosotros, es muy característico del ser humano. La literatura y el cine están llenas de historias que siguen este hilo. Es más, hay un viejo dicho que dice lo siguiente: no te cortes la nariz para hacer daño a tu rostro. Hacer daño a quien queremos o quisimos alguna vez es como hacernos daño a nosotros mismos.

Así, un ejemplo común de despecho en las relaciones afectivas se da con frecuencia cuando alguien inicia una relación una persona cercana a la persona la ha dejado. Tener un affaire con el hermano de nuestra expareja es algo recurrente. Hay un claro deseo de hacer daño al otro, pero lo que suele venir después es el arrepentimiento. Y también el malestar con uno mismo.

El despecho y el deseo mal enfocado de buscar justicia emocional

El despecho es una emoción tiene un sentido poco útil de justicia. La persona despechada se siente herida y desea producir el mismo dolor al causante de su dolor. “Tú me has hecho daño y yo buscaré algún mecanismo para hacerte pagar el sufrimiento que siento. Y lo haré de la manera más maquiavélica que pueda”.

Por otro lado, cabe señalar que el despechado se percibe a sí mismo como una víctima. Se siente explotado, engañado y por encima de todo humillado. Toda esa amalgama emocional tan adversa alimenta, como bien podemos imaginar, el deseo flamígero de la venganza.

El despecho puede volverse adictivo. La persona herida puede obsesionarse en imaginar mecanismos e ideas para hacer daño al otro. Esto sucede a veces entre parejas separadas y divorciadas cuando uno de los miembros no asume esa ruptura.

La persona despechada y la tríada oscura: maquiavelismo, psicopatía y narcisismo

Hay algo evidente: todos en algún momento hemos sentido el pinchazo del despecho. Lo experimentamos de niños, cuando nos enfadábamos con nuestros hermanos y nos vengábamos rompiendo sus juguetes. Puede que también lo hayamos sentido en la edad adulta, aunque la correcta gestión emocional y el sentido común apaciguó y racionalizó dicha emoción.

Ahora bien, quien lo siente, lo hace suyo y lo ejecuta en conductas de retorcida venganza evidencia un perfil muy concreto. Las personas que alimentan el despecho y el rencor demuestran rasgos de la tríada oscura. Así, en el 2014, investigadores de la Universidad Estatal de Washington, dirigidos por el psicólogo David Marcus demostraron algo muy concreto en un trabajo.

Quien evidencia un elevado rencor y unos sentimientos de despecho presenta características narcisistas, maquiavélicas y hasta psicopáticas. Pensemos que el despecho no solo busca hacer daño (vengarse) de esa figura significativa que antes, le causó algún tipo de sufrimiento. A veces, el despechado también puede hacerse daño a sí mismo para llamar la atención.

Son conductas altamente complejas, dañinas y autodestructivas.

Chico sintiendo despecho

El despecho es una espada de Damocles

El despecho es una espada de Damocles que pende sobre nuestras cabezas. Buscar venganza, albergar resentimientos permanentes y alimentar ese malestar emocional constante termina perjudicando al hacedor. Todo lo que se haga contra alguien acabará volviendo hacia nosotros de algún modo.

Acostarnos con el mejor amigo de nuestra ex pareja no resuelve nada. Criticar o desprestigiar a ese amigo que ya no nos quiere en su vida no ayuda ni soluciona el problema. El odio genera más odio, el despecho no es más que un duelo mal gestionado que se ha cronificado en rencor. 

Nadie merece vivir en ese estado permanente. Habitar rodeado de resquemores, odios y amarguras es como convertirnos en un pequeño insecto envuelto en ámbar. No avanzamos y el sufrimiento se encapsula. Seamos capaces, por tanto, de manejar las heridas emocionales, de aceptar lo que ya no tiene sentido y de actuar con la suficiente madurez emocional.

Como dijo Jiddu Krishnamurti, el rencor nos ahoga, el perdón nos oxigena.

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  • David K. Marcus, Virgil Zeigler-Hill, Sterett H. Mercer, Alyssa L. Norris. The Psychology of Spite and the Measurement of Spitefulness.. Psychological Assessment, 2014; DOI: 10.1037/a0036039
  • Marcus, David & Zeigler-Hill, Virgil & Mercer, Sterett & Norris, Alyssa. (2014). The Psychology of Spite and the Measurement of Spitefulness. Psychological assessment. 26. 10.1037/a0036039.
  • Marcus, D. K., & Norris, A. L. (2016). Spite. In V. Zeigler-Hill & D. K. Marcus (Eds.), The dark side of personality: Science and practice in social, personality, and clinical psychology (pp. 121–133). American Psychological Association. https://doi.org/10.1037/14854-007