Detestamos la mentira, pero a veces no aguantamos la verdad - La Mente es Maravillosa

Detestamos la mentira, pero a veces no aguantamos la verdad

Fátima Servián Franco 18, Febrero 2017 en Psicología 1291 compartidos
Chica tapándose la cara

Los seres humanos tenemos a nuestro alcance una gran cantidad de opciones, pero no podemos olvidar que nuestra naturaleza también nos impone una serie de limitaciones. Por otro lado, aunque estas limitaciones sean naturales, hay verdades relacionadas con ellas que no nos gusta escuchar. Así, la mentira es la forma más efectiva de autoengaño, por eso a veces preferimos una mentira piadosa a una cruda realidad.

Sin embargo, la cruda realidad no deja de tener un gran poder trasformador que mutilamos cuando la cubrimos de mentira. Piensa que solo a partir de lo que aceptamos podemos cambiar y mejorar. Por ejemplo, para ser más atento con los demás necesito aceptar que en este momento no estoy mostrándome todo lo atento que podría. Piensa que nadie puede mejorar en base a algo que no acepta.

Aceptar nuestros errores y los de los demás nos hará dejar de criticar tan duramente las debilidades de los otros y aceptar que también nosotros podemos vernos en situaciones similares. Una vez que aceptemos que no somos perfectos, que nadie puede ser perfecto y que la situación en la que nos encontramos tienen una gran influencia sobre nuestro comportamiento estaremos listos para no alejar a la verdad.

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La peor verdad sólo cuesta un gran disgusto. La mejor mentira cuesta muchos disgustos pequeños y al final, un disgusto grande.
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La verdad sobre las mentiras

Diferentes estudios demuestran que de media las personas contamos más de una mentira al día. Lo cierto es que no existe ningún ser humano que no haya caído en la tentación de utilizar la mentira en un momento u otro de su vida. Para muchos, son compañeras habituales y las utilizan para evitar el primer impacto, poderoso y algunos casos doloroso, de la cruda realidad. Sin embargo, su naturaleza tramposa resulta particularmente arriesgada.

Las razones que nos llevan a mentir son numerosas. Podemos mentir por conveniencia, por vergüenza, por interés, por miedo e incluso por respeto a nuestro interlocutor. Utilizamos las mentiras como un escudo para proteger nuestras inseguridades y carencias, pero cuando menos lo esperamos, se pueden volver contra nosotros.

Según expertos, la mentira cumple una función adaptativa y es la de evitar situaciones en las que la verdad puede causar más dolor que beneficio. Se utiliza a diario y en todo tipo de interacciones. En la mayoría de las veces no tienen mayor trascendencia e incluso algunas son aceptadas por convención social, el problema surge cuando las utilizamos para apoyar nuestra inseguridad o para alejar el miedo a no ser aceptados tal y como somos.

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El 50% de las mentiras pasan desapercibidas, pero cuando se descubren tienen claras consecuencias. La primera y fundamental es el deterioro de la credibilidad y confianza. Después de que alguien nos haya mentido en algún aspecto que era importante para nosotros, lo más probable es que cuestionemos todo lo que nos diga en un futuro.

Es lícito decir siempre la verdad

¿Por qué a veces preferimos la mentira a la verdad? La respuesta podría estar en que nuestro subconsciente tiene la misión de anticipar y protegernos de las situaciones en las que no nos vamos a sentir cómodos o no vamos a hacer sentir cómodos a los demás. Por naturaleza la mente busca el placer y evita las situaciones desagradables.

Hay situaciones en las que por no hacer daño a los demás o a uno mismo, faltamos a la verdad. En estos casos, mentir puede evitar males mayores. Esto no significa que defendamos la mentira. Lo ideal es ser sincero y aceptar las consecuencias que la verdad traiga consigo. Pero como seres humanos que somos, la mayoría de nuestras mentiras son errores achacables a nuestra imperfección.

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La verdad está en la simplicidad, no en la complejidad. En la medida que nos liberamos de muchos prejuicios, de compromisos, de intereses, de necesidades, entonces nos vamos alejando de lo que puede distorsionar la verdad. Solo el saber la verdad acerca de nosotros mismos, a pesar de que nos haga daño, es lo que nos garantiza que podamos mejorar.

Lo que debería prevalecer no es tanto ser una persona 100% sincera, sino no decir nunca lo contrario de lo que pensamos.
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Fátima Servián Franco

Psicóloga General Sanitaria. Directora del Centro Sanitario de Psicología Renacer.

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