El diagnóstico diferencial: la importancia de las etiquetas que recibimos

Cuando se recibe un diagnóstico errado, el daño puede ser mayor que los beneficios. De ahí la importancia de un conocimiento profundo de las diferentes categorías diagnósticas y una adecuada evaluación por parte del profesional.
El diagnóstico diferencial: la importancia de las etiquetas que recibimos
Elena Sanz

Escrito y verificado por la psicóloga Elena Sanz el 12 mayo, 2021.

Última actualización: 12 mayo, 2021

Resulta perturbador comprobar que somos diferentes al resto. Nuestros pensamientos, emociones y conductas difieren significativamente de los de quienes nos rodean, y esto puede llevarnos a sentirnos defectuosos, aislados e incomprendidos. Cuando es necesario, recibir un diagnóstico ayuda en muchos casos a aliviar este malestar.

No obstante, cuando la etiqueta que recibimos es errónea, el daño puede ser mayor que los beneficios que podamos obtener de una intervención con un punto de partida equívoco. De aquí la importancia del diagnóstico diferencial.

Identificar una condición mental no siempre es sencillo. Generalmente las personas tardan en buscar ayuda y no es inusual que un individuo reciba diferentes diagnósticos a lo largo del tiempo. Por esto, los resultados tardan en llegar y en ocasiones las intervenciones realizadas no son las más apropiadas.

Las etiquetas que recibimos pueden parecer banales, pero en realidad tienen una gran importancia.

Mujer triste y apática

¿Las etiquetas que recibimos nos definen?

Las opiniones respecto a la necesidad de las etiquetas son variadas y controvertidas. Algunas personas opinan que términos como “ansiedad”, “depresión”, “déficit de atención” o “trastorno de personalidad” suponen una limitación y una condena. Sugieren que, recibido el diagnóstico, en muchos casos la persona queda reducida a él ante los demás e incluso de sí misma, lo que puede perjudicarla, llegando a incentivar incluso el avance de un posible trastorno.

Sin embargo, es innegable el valor de recibir una respuesta que explique los síntomas que experimentamos. Obtener un diagnóstico certero nos beneficia a varios niveles:

  • Permite dar sentido a la experiencia, comprender por qué sentimos, pensamos o actuamos de cierto modo y desculpabilizarnos.
  • Ayuda a identificar el posible origen del padecimiento y a entender por qué ha surgido en el contexto de nuestras propias variables biológicas y ambientales.
  • Ofrece la oportunidad de conectar con otras personas que experimentan las mismas vivencias y de este modo reducir la sensación de aislamiento e incomprensión.
  • Ante todo, es el primer paso fundamental para iniciar un tratamiento adecuado. Es a raíz de recibir un diagnóstico cuando podemos comenzar a trabajar con el trastorno para mejorar la calidad de vida de la persona.

La importancia del diagnóstico diferencial

Podemos definir el diagnóstico diferencial como el proceso que se lleva a cabo para diferenciar una enfermedad de otras similares. Es decir, que durante la evaluación psicológica han de tenerse en cuenta otros trastornos cercanos o relacionados a fin de lograr identificar cuál es el que verdaderamente presenta la persona.

Esta tarea tan aparentemente sencilla requiere, al menos, de los siguientes elementos:

  • Un conocimiento profundo, por parte del profesional, de las diferentes categorías diagnósticas y sus criterios.
  • Una evaluación individualizada, en la que se analicen los antecedentes de la persona, su historia de vida y sus circunstancias y síntomas particulares.
  • La participación activa del individuo a la hora de ofrecer toda la información que sea relevante. En ocasiones se llega a un diagnóstico erróneo debido a que la persona no ha establecido una relación de confianza con el terapeuta lo suficientemente sólida como para proporcionar algunos datos clave. Por ejemplo, muchas personas son reticentes a explicar que escuchan voces.

Diagnóstico diferencial y comorbilidad

Una de las principales dificultades surge por el hecho de que es común que varios trastornos psicológicos se solapen, se presenten al mismo tiempo o dependan uno del otro. En estos casos es necesario identificar todos los presentes y esclarecer la relación entre ellos.

Por ejemplo, si una persona pide ayuda por la elevada ansiedad que siente al socializar cabría pensar que presenta una fobia social. Sin embargo, si presenta también tartamudez, puede que esta sea realmente la causa de las dificultades sociales.

Por el contrario, una persona que presenta un trastorno dismórfico (obsesión con un defecto físico real o imaginario) puede padecer también un TCA (trastorno de la conducta alimentaria) y habría que atender ambas entidades.

Psicóloga hablando con su paciente sobre la psicoterapia analítico funcional

El seguimiento es esencial para obtener un buen diagnóstico diferencial

Ante todas estas complejidades, es importante que el diagnóstico esté abierto a revisiones y modificaciones incluso una vez establecido. Es posible que en el transcurso de las sesiones se descubran datos que antes se desconocían y requieran un cambio de rumbo; o incluso si la intervención no está siendo efectiva es probable que exista algún elemento que no se ha considerado y que apunte hacia un diagnóstico diferente.

Dado que esa etiqueta que recibimos determina la comprensión de lo que nos sucede y los pasos a seguir para abordarlo, es fundamental que sea correcta. Y, para ello, es necesario que exista una relación sólida con el profesional que nos permita expresar y compartir cualquier dato relevante en cualquier momento del proceso. Por lo mismo, no dudes en consultar diferentes opciones a la hora de escoger un psicólogo que te acompañe en el proceso.

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