Emociones negativas: dime qué te molesta y te diré qué tienes que cambiar

14 noviembre, 2019
Este artículo fue redactado y avalado por la psicóloga Elena Sanz
Cuando dejamos de buscar culpables, logramos hacernos responsables de nuestras emociones negativas y aprovechar su mensaje.

Cuando experimentamos emociones negativas tendemos a pensar que son los demás los culpables. Es la otra persona la que me ha hecho enfadar, la que me ha puesto triste, la que me ha generado ansiedad. Esto, además de generarnos resentimiento contra el otro, nos deja sin opciones de actuación puesto que estamos a merced de lo que el otro nos dice.

En este artículo plantearemos una nueva perspectiva sobre las emociones negativas que nos coloca en el centro del proceso. Lo que siento no es culpa de otro, es mi responsabilidad. Por tanto, puedo sacar de ese estado emocional un mensaje que me ayude a conocerme mejor y crecer personalmente.

Esta nuevo enfoque nos permitirá comprender que esos incómodos sentimientos se generan debido a que existen partes de nosotros mismos que necesitan ser trabajadas. Nadie me hace mal, yo me lo hago, por tanto puedo cambiar la situación.

Las emociones negativas y la ley del espejo

La ley del espejo, en sus cuatro manifestaciones, constituye una valiosa fuente de autoconcimiento. Además, es una gran herramienta para nuestro desarrollo personal. No obstante, para el asunto que hoy nos ocupa, nos centraremos en sus dos primeros enunciados. Estos afirman que el modo en que percibimos la realidad solo está reflejando nuestro propio mundo interno.

Por tanto, no existen culpables ni generadores externos de emociones negativas. Nosotros somos los únicos responsables de nuestros estados emocionales. Así, tenemos la capacidad de modificar nuestra percepción de la realidad modificando nuestros pensamientos y realizando trabajando interior.

1. Primera ley del espejo

«Todo lo que me molesta, me enfada, me irrita o quiero cambiar en otro, es algo que en realidad está dentro de mi». A simple vista esta afirmación puede resultar contradictoria y es común sentir tentaciones de rechazarla de plano. Sin embargo, si nos damos la oportunidad de reflexionar sobre ella veremos que guarda mucha verdad.

Por ejemplo, es frecuente en las parejas que uno de los miembros sienta que el otro no le valora, que no le da su lugar, que no tiene en cuenta sus necesidades. Desde esta posición afirma que su pareja le hace enfadar o lo hace sentir una enorme tristeza. La realidad es que esa falta de valoración por parte de su pareja, es solo un reflejo de la falta de valoración propia.

Probablemente esa persona tendrá tendencia a olvidarse de sus propios deseos por complacer a su pareja, pondrá sus necesidades en segundo lugar y dedicará su energía a ocuparse de su compañero. Es él mismo quien en primer lugar no se está dando valor, no se está prestando atención. Su relación de pareja es sólo un reflejo de su estado interior. Por tanto, en lugar de culpar a su compañero será más beneficioso hacerse responsable y trabajar la autoestima y el autocuidado.

2. Segunda ley del espejo

«Todo lo que el otro me critica o juzga, si me molesta o hiere, representa un asunto propio sin resolver que necesita ser atendido». Esta perspectiva sugiere que las palabras ajenas solo nos hieren cuando coinciden con nuestras propias creencias. Si prestamos atención podremos encontrar numerosos ejemplos en nuestra vida cotidiana. Aquellos comentarios que más nos duelen son los que parecen «meter el dedo en una llaga abierta».

Si alguien critica algún aspecto de nuestra persona del que nos sentimos seguros y orgullosos, no nos afectará. Nuestra opinión personal prima por encima del comentario ajeno. En cambio cuando se nos juzga por algo que, consciente o inconscientemente, también nos molesta de nosotros mismos, saltamos como un resorte.

Cuando la crítica externa coincide con la crítica interna, las emociones negativas entran en erupción como un volcán. La solución pasa por enfrentar todo aquello que nos negamos a ver de nosotros mismos, observarlo en profundidad e integrarlo. Cuando somos conscientes de nuestros fallos y nos aceptamos tal y como somos, los juicios externos dejan de afectarnos.

Hazte responsable de tus emociones negativas

Si adoptamos este enfoque en nuestra vida nos colocaremos en una posición de control sobre nuestras propias emociones. Podremos entender de dónde surgen, qué vienen a decirnos y cómo debemos proceder. Desde esta perspectiva no necesitamos culpables externos porque nos hacemos responsables de nosotros mismos. Las emociones negativas, a pesar de resultar desagradables, siempre constituirán una importante ayuda en el autoconocimiento y el trabajo interior.

  • Noguchi, Y. (2010). La ley del espejo. Comanegra.
  • Bisquerra Alzina, R., & Escoda, N. P. (2007). Las competencias emocionales.