Disciplina y amor: la educación de un niño - La Mente es Maravillosa

Disciplina y amor: la educación de un niño

Cristina Roda Rivera 16, Febrero 2016 en Psicología 4454 compartidos
Padre e hijo hablando al atardecer

Cuando establecemos posturas radicales en torno a la educación de nuestros hijos, perdemos el control de la situación. Así, si nos vamos al extremo permisivo y hacemos un juego de palabras, podemos decir que se puede hacer vida normal con niños alrededor, no alrededor de ellos como si nuestra vida estuviese supeditada a sus deseos.

Para que la educación sea adecuada debe cumplir algunos requisitos: sistematicidad, autoridad y cariño. La sistematicidad la entendemos como el hecho de ser coherentes, de que nuestras palabras y acciones vayan en sintonía. Esta es la mejor forma de que que nuestros pequeños puedan ver los valores que les queremos trasladar en el continuo de nuestras acciones, experimenten las consecuencias positivas de asumirlos y los interioricen.

Con autoridad nos referimos a la capacidad de asumir el control de las situaciones con nuestros hijos, sirviendo como una guía fiable aunque no infalible. La autoridad también debe blindarse entre progenitores, pues si algún adulto es desacreditado delante del niño, éste automáticamente perderá su autoridad. En la medida de lo posible, los diferentes puntos de vista hay que tratarlos en privado.

Y por cariño entendemos el engranaje que hace que todo aprendizaje no duela, sino que facilite y estimule los sentidos. Vamos a ver algunos puntos que nos harán entender que disciplina y amor deben ir unidos en la educación.

Prohibido no hablar

Esta es una de las mejores consignas de la educación finlandesa, que está marcando tendencia en cómo hacer las cosas mejor respecto la educación de los niños dentro y fuera de la escuela.

Está prohibido no hablar en clase, pues se considera que la necesidad comunicativa es básica en todo ser humano y omitirla, para simular rectitud y disciplina, solo indica la incapacidad de docentes y padres para entender nuestra naturaleza y por ende la de sus hijos.

Profesora dando la palabra a niños en clase

Simplemente se trata de dar la palabra a los niños cuando quieran expresarse. No de cualquier manera pero sí en cualquier momento. Esto choca radicalmente con nuestra idea de rectitud, pero debemos plantearnos lo siguiente: estas viejas ideas repetidas una y otra vez… ¿Han dado buen resultado en la educación?.

Cuando nos referimos a dejar hablar nos referimos a que el niño tiene necesidades comunicativas y necesita compartirlas. Solo se trata de especificar que es mejor hacerlo con un determinado tono o en un determinado tiempo, pero dejando claro que él puede expresarse si lo desea.

Muchos comportamientos disruptivos están causados por un niño que se siente ignorado, sin pensamiento propio y con un solo motivo para actuar: la obediencia. Deja que hable, que comunique y que se exprese. Hablar hace que aprenda a expresarse mediante el discurso y no mediante acciones impulsivas. 

Las reprimendas en privado; los refuerzos, en público

No hay nada más desolador para la autoestima de un niño que sufra reprimendas, insultos, correcciones o incluso castigo físico en público (esto último sería denunciable). Además de nefasto para su autoestima, inútil para tu explicación.

Cuando al niño se le recrimina delante de mucha gente, él está pensando mucho más en soportar la vergüenza y en cómo restablecer su orgullo que en lo que tú le estás intentando decir.
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Si quieres corregir algo de su comportamiento en una reunión de amigos o por ejemplo en un cumpleaños, logra hablar con él en privado o si es necesario retíralo de esa situación por completo.Si crees que él ha perdido el control de la situción retómala tú, pero en privado.

Por otro lado, los refuerzos pueden darse en público sin que tengas miedo de crearle excesiva vanidad. Mostrar cariño en público y que reciba halagos por su buen comportamiento delante de sus compañeros es instructivo y revelador para él y el resto de niños.

Explícale las cosas como si fuera un adulto con ejemplos para niños

No hay que hablar a los niños como si no te entendiesen, porque al final fingirán no entenderte en beneficio propio. Que no puedan entender palabras y sintaxis complejas, no quiere decir que no sepan entender la esencia de una explicación. Adáptala a su nivel y consigue que entre en el razonamiento haciéndole preguntas sobre las consecuencias de comportarse de una manera u de otra.

La importancia de enseñar a decidir a los niños

Por ejemplo, si han insultado a alguien, puedes intentar establecer analogías entre lo que acaba de hacer y lo que a él le gustaría que le hiciesen . Si ha insultado a alguien (por ejemplo porque suda mucho y huele fuerte); explícale cómo se sentiría él si comentaran delante de otros niños que todavía se sigue orinando en la cama algunas noches.

Interpelas a su entendimiento, haces una analogía sencilla y estimulas su capacidad de empatía con los demás.

Se puede ser severo, pero controla el tono y el gesto

Cuando un niño sobrepasa los límites, debe ser castigado o al menos señalado por su mala conducta. Existen conductas problemáticas de muy diversa índole, lo importante es que sean corregidas con constancia y sistematicidad en la raíz de su aparición. El motivo es impedir que el niño la implemente en su repertorio de conductas para conseguir algo que desea.

Si por ejemplo pega a un compañero de clase, debemos mostrar determinación en la sanción o castigo que deberá cumplir. Puede incluir una acción restitutiva (pedir perdón y llevar a cabo una acción positiva hacia esa compañera), una retirada de recompensas o un castigo negativo (que no pueda jugar con la consola en una semana) o una charla severa y firme de los adultos que le rodean.

educar

Que esto sea recomendable no quiere decir que podamos olvidar nuestro tono y gesto en la reprimenda. Dicen que el tono con el que hablamos a nuestros hijos será su voz interior, así que lo haremos con una voz firme pero evitando los gritos. Señalando su conducta concreta pero no a su personalidad y carácter de forma global y siempre estableciendo alternativas de comportamiento adecuadas.

Si pides a tu hijo que se controle, él tiene que percibir ese control en ti.
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Cristina Roda Rivera

Psicóloga,Especialista Máster en Psicología clínica y social.

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