Donantes y tomadores en las relaciones afectivas

Donantes y tomadores en las relaciones afectivas

Valeria Sabater 17 diciembre, 2017 en Pareja 942 compartidos
Manos con un corazón para representar la comunicación empática

En las relaciones afectivas rara vez existe un perfecto equilibrio entre dar y recibir. Es común ver a los clásicos donantes y tomadores inmersos en ese juego de poder donde solo uno gana. El tomador se queda con la energía, con la vitalidad y toda la inversión afectiva de un dador convencido de que en el amor no hay límites, que en eso del querer todo vale.

Aunque el término nos parezca extraño, en materia relacional y afectiva es común ser testigos de auténticos suicidios emocionales. Resulta curioso ver cómo hay quien conduce de manera prudente en la carretera, quien cuida al máximo su alimentación o se preocupa por hacer deporte y llevar una vida activa pero sin embargo, en lo que se refiere al área del amor no duda en lanzarse al vacío y sin paracaídas.

En temas de pareja no todo vale, conviene recordarlo. Hacer del otro nuestra razón de ser y ser para esa persona todo lo que ella pueda necesitar, querer o demandar, produce graves secuelas. Los donantes y los tomadores abundan en exceso en cualquier vínculo relacional. Son esas personas incapaces de lograr un adecuado equilibrio entre dar y recibir, y quienes además, caen en los extremos más insalubres, ahí donde rara vez germina una felicidad real.

pareja enviándose un corazón

El ciclo de la reciprocidad como clave de bienestar

Decía Friedrich Nietzsche que ofrecer un regalo no confiere ningún derecho ni obligación a quien lo recibe. Podríamos estar de acuerdo con esta afirmación, sin embargo, lo queramos o no siempre hay pequeños “matices”. Los obsequios son intercambios que implican cierta reciprocidad, uniendo a donantes y tomadores de muchas maneras.

Por ejemplo, puedo hacerle un regalo material a un amigo. No espero (ni deseo) que él me lo devuelva. Solo ofrezco ese obsequio porque quiero honrar el afecto, el apoyo y la positividad que me trasmite esa persona en mi vida; es decir, entre nosotros ya existe reciprocidad, ya nos une un lazo que viene a representar ese equilibrio dinámico y proactivo donde ambos ganamos.

Lo queramos o no, necesitamos de ese lazo de retroalimentación constante donde dar y recibir se convierte en una misma cosa, ahí donde todos somos al mismo tiempo tanto donantes como tomadores. Esto es así por una razón muy sencilla: el ser humano es cooperativo por naturaleza. De hecho, cooperar nos ha permitido avanzar como especie al sabernos amados, atendidos, valorados e incluso protegidos. Asimismo, estas conductas confieren a su vez a nuestro cerebro un claro sentido de pertenencia y de bienestar.

Hombre cogiendo mano la una mujer representando a los donantes y tomadores

¿Qué pasa si no hay reciprocidad y me convierto solo en “donante”?

Existe un trabajo muy interesante titulado “Motivación autónoma del comportamiento prosocial y su influencia en el bienestar del ayudante y el receptor”, publicado en la revista de Personalidad y Psicología social del 2010, que nos pone en evidencia datos bastante curiosos.

  • Hay personas que son “donantes” por naturaleza. Es decir, el acto de dar forma parte de su personalidad y es así como entienden las dinámicas de sus relaciones.
  • Aún más, el hecho de “dar” (dar atenciones, afecto, atender, cuidar, etc) les confiere una mayor autoestima y sensación de positividad, de energía y de dignidad personal.
  • Sin embargo, en este tipo de situaciones pueden ocurrir dos cosas. La primera es que las otras personas (los que reciben) se sientan presionadas e incluso incómodas por ese comportamiento permanente de atender, hacer favores, sacrificarse en pro de los demás.
  • El segundo hecho es evidente. Tarde o temprano aparecerá ese fenómeno conocido como “los costes irrecuperables”. Es decir, el donante puede verse en la situación de descubrir que muchas de sus acciones no son ni valoradas ni reconocidas. Todo lo que ha invertido, tiempo, afecto y energía, no lo recuperará jamás. Pensará que no ha tenido sentido y lo que ha conseguido con ello es perder su autoestima
Cuando uno se da cuenta de que en su relación afectiva se ha limitado a ser el donante, toma conciencia de ese suicidio emocional que ha sido mantener un vínculo desigual, insalubre e interesado. Tras ese descubrimiento, no existe vuelta atrás. Hay que tomar decisiones y convertirse en donante de uno mismo, en sanador de la propia dignidad perdida.
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Donantes y tomadores, dos figuras constantes en nuestras relaciones

Ana y Pablo llevan 8 meses como pareja. Ana es la “donante” y lo hace todo por su chico. Tiene increíbles detalles y atenciones con él, le encanta ir siempre por delante y prever qué puede necesitar o qué puede gustarle en un determinado momento. Pablo, por su parte, “se deja hacer”. Como ve feliz a su pareja llevando a cabo esta serie de conductas ha empezado a mostrar una actitud más o menos pasiva y hasta dependiente.

Mujer abrazando por la espalda a su pareja representando a los donantes y tomadores

Este es un pequeño ejemplo de lo que puede ocurrir muy a menudo en nuestras relaciones y de cómo poco a poco, damos forma a los donantes y tomadores. En ocasiones, nosotros mismos impulsamos una serie de dinámicas que más tarde acaban cristalizando en situaciones disfuncionales. No se trata por tanto de buscar culpables, sino de entender algunas cosas:

  • Podemos permitir que alguno de los dos “invierta” un poco más en la relación en un momento dado. Sin embargo, esa no será la pauta ni aún menos regla. Es más, una responsabilidad clara de ambos miembros de la pareja es comprometerse de forma igualitaria en la relación, ahí donde costes y beneficios sean semejantes para ambos.
  • Merecemos recibir. En ocasiones, hay quien se ha pasado tanto tiempo siendo “donante” que no sabe en realidad lo qué es ser tomador de vez en cuando. Lo mismo sucede a la inversa. Quien se ha pasado media vida recibiendo atenciones y consideraciones, puede experimentar una grata sensación al saber el significado del acto de ofrecer y dar desde el corazón.

Por último, un aspecto interesante en el que reflexionar sobre los donantes y tomadores es que tampoco debemos obsesionarnos en el clásico 50/50, es decir, en buscar ese equilibrio perfecto y milimétrico de inversiones y ganancias en una relación de pareja. Las personas damos de muy diversas formas y en diferentes momentos.

Lo importante es saber que existe reciprocidad, que esa persona está ahí para nosotros y que lo que ofrecemos desde el corazón es recibido a manos llenas y devuelto con ganancias cuando más lo necesitamos.

Valeria Sabater

Soy psicóloga y escritora. La curiosidad por el conocimiento humano es mi cerradura particular, la psicología mi llave, la escritura, mi pasión.

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