¿Dónde tienes tu lugar de control?

Este artículo ha sido verificado y aprobado por Sergio De Dios González el 8 mayo, 2014
Valeria Sabater · 8 mayo, 2014


Tal vez te sorprenda. Pero según los expertos, más de un 60% de la población presenta un tipo de personalidad orientada hacia un locus de control externo. Así que, es posible que tanto tú como yo encajemos en esta dimensión. Pero, ¿Qué quiere decir esto? Para entenderlo podemos poner un sencillo ejemplo.

“Nos encontramos a un amigo, y preocupado por nuestra expresión, nos pregunta: -Tienes mal aspecto ¿ocurre algo? Ante la pregunta, nuestras respuestas podrían ser las siguientes: “Mi pareja me ha ofendido”, “Mis padres no me apoyan”, “Mi mejor amigo no ha querido dejarme dinero”, “Tengo muy mala suerte”, “Las cosas me van cada vez peor”.

En esencia, tener un locus de control externo alude a que, en la mayoría de las ocasiones atribuimos a circunstancias externas – y a personas- la responsabilidad de nuestro estado de ánimo. Otro ejemplo sería tal vez el pensar “Últimamente estoy teniendo mucha suerte”, una expresión común donde sigue apareciendo esa responsabilidad atribuida a un marco de referencia externo. Veámoslo detenidamente.


¿CÓMO ATRIBUYES TUS ÉXITOS O TUS FRACASOS?

Entonces ¿Cómo actúa la persona con un locus de control interno? Te preguntarás. Estas personalidades colocan sobre ellas mismas toda la responsabilidad de lo que sienten y lo que hacen. Te parecerá extraño, pero según los psicólogos no son muchas las personas que se atribuyen a ellas mismas todo el peso de lo que ocurre en sus vidas.

Bien es cierto que podemos alternar en algunas ocasiones ambos locus de control. Puedes saber por ejemplo que el tener un mejor trabajo puede depender de ti (mejorar tus estudios, cambiar de residencia, de país.), pero sin embargo, puedes pensar que la felicidad de tu vida emocional depende exclusivamente de que tu pareja sepa hacerte feliz, sin ver tu propia responsabilidad en ello. Las personas somos muy complejas en este tipo de dimensiones, y está claro que no siempre es fácil ver nuestra propia responsabilidad en todas y cada una de las facetas que nos rodea.

Siempre es fácil pensar que si no tengo trabajo es por el contexto social y político que envuelve mi país, cayendo poco a poco y sin darnos cuenta en una actitud derrotista. Y más aún, también hay personas que aun no siendo felices en su matrimonio o en su situación personal, deciden simplemente aguantar sin tener en cuenta sus propias necesidades. El propio derecho a ser feliz.

Lo que sí debemos tener claro es que existen muchas normas exteriores que nos son impuestas y que no podemos escapar de ellas. Todos tenemos deberes en muchos de los contextos en los que nos movemos diariamente. Pero dentro de dichas esferas, disponemos del derecho y la posibilidad de controlar nuestras vidas y elegir nuestro propio camino. Para ello, para lograrlo, debemos empezar a poner el pronombre personal en muchas de nuestras acciones y pensamientos. “YO buscaré todas las opciones para sentirme mejor”. “Las cosas me van mejor porque YO me he esforzado en conseguirlo”. “En estos momentos YO me siento mal en mi relación personal, y (YO) he de poner de mi parte para dar con una solución”. “YO soy responsable de mí mismo y es aquí donde quiero estar”.

Sabemos que no es fácil. Pero nunca lograremos tener control sobre nuestra propia felicidad si no invertimos en nuestra propia realización, evitando ante todo dejarnos manipular por fuerzas externas. La vida suele traernos muchas piedras en nuestros senderos personales, en nuestro mapa existencial. Pero el evitarlas, el retirarlas del suelo para transitar en paz por nuestro camino depende de nosotros. De nuestra fuerza vital, de nuestra motivación. Los fatalistas y los que se sienten determinados por agentes externos, siempre se sentirán manipulados por el resto, obligados casi a vivir una vida “planificada”. Y nadie puede llegar a ser feliz de este modo… Vale la pena intentarlo. 

Coto cortesía de Roger Hall