Drayke Hardman, otra trágica víctima del bullying

Drayke Hardman llevaba siendo acosado por un compañero de clase desde el año pasado. Hace solo unos días, este chico de 12 años decidió dejar de sufrir y quitarse la vida. Su historia ha dado la vuelta al mundo.
Drayke Hardman, otra trágica víctima del bullying
Valeria Sabater

Escrito y verificado por la psicóloga Valeria Sabater.

Última actualización: 17 febrero, 2022

Drayke Hardman adoraba el baloncesto y era un gran fanático del Utah Jazz, pero tenía miedo de ir al colegio. Había un compañero de clase que le hacía la vida imposible: lo acosaba y le pegaba desde hacía un año. La situación llegó hasta un punto en que, incapaz de soportar dicha situación, este chico de apenas 12 años decidió quitarse la vida una tarde.

Podríamos decir que la historia del pequeño Drayke es un relato más de las trágicas crónicas del bullying. Y, sin embargo, no lo es. Porque cada historia es única y cada drama familiar y personal abre un drama insondable difícil de imaginar. Pocos hechos son tan innaturales como la pérdida de un niño, pero el hecho de que suceda en estas circunstancias eleva la gravedad.

No podemos acostumbrarnos a estos datos. El acoso escolar y el ciberacoso se están llevando por delante la vida de cientos de jóvenes con edades entre los 11 hasta los 28 años. No es un fenómeno nuevo, pero el índice de suicidios aumenta cada año ante la inmovilidad de las instituciones, y la desesperación de muchos padres que viven de cerca esta realidad con total impotencia.

“Este es el resultado del bullying, mi chico guapo estaba peleando una batalla de la que ni siquiera yo podía salvarlo. Es real, es silencioso y no hay absolutamente nada que puedas hacer como padre para detener este dolor tan profundo”.

-Samie Hardman, madre de Drake-

Drayke Hardman
Drayke Hardman

Drayke Hardman, el niño con el corazón de oro que no pudo más

Explica Samie Hardman, la mamá de Drayke Hardman, que su hijo tenía un corazón de oro. Su personalidad era amable y dulce, le gustaba hacer reír a la gente y era pura bondad. Sin embargo, desde hacía un año lidiaba en silencio con un drama que lo iba superando poco a poco en soledad.

Este niño de 12 años de la ciudad de Tooele, en Utah, tenía un acosador en su clase que le amargaba la vida. Solo unos días antes había llegado a casa con un ojo morado. Él mismo explicó a sus hermanas que ese chico de clase que llevaba tiempo acosándolo, le había dado un puñetazo. La familia ya se había puesto en contacto con la escuela para intentar abordar el problema.

Sin embargo, el 10 de febrero, Drayke comentó a sus padres que esa tarde prefería quedarse en casa y no ir a la extraescolar de baloncesto. Esa misma noche, decidió poner fin a su vida, y aunque sus hermanas mayores lo encontraron aún con un leve hálito de vida, no pudo hacerse nada por él. Tristemente, este chico de corazón de oro falleció al día siguiente rodeado por el amor de su familia.

Una historia viral que ha conmocionado al mundo

Los padres de Drayke Hardman decidieron publicar su historia días después bajo el hashtag #doitfordrayke. Rápidamente, los jugadores del equipo de baloncesto Utah Jazz compartieron la noticia y recabaron fondos para el funeral del pequeño. El rostro luminoso y dulce de este chico sumado a la desesperación de la familia ha dado la vuelta al mundo.

Su propósito con la publicación de la intimidad de su drama personal cumple un propósito: concienciar de una realidad que estamos descuidando. Hay algo que está fallando en la sociedad y también en la educación de nuestros niños.

De hecho, existe un aspecto en el que incide la propia madre de Drayke: hay algo roto en el niño que acosaba a mi hijo, y de algún modo, también él es una víctima. Los niños no tienen esa violencia por naturaleza.

“Este acosador también fue una víctima, y ​​ahí es donde debemos encontrar la solución: enseñar a nuestros hijos que el mundo está roto, pero ellos son la generación que debe arreglarlo”.

-Samie Hardman, madre de Drayke-

Drayke Hardman con su familia
Padre de Drayke Hardman junto a su hijo en el hospital

El cambio solo será posible mediante un compromiso global (y es urgente)

Una investigación de la Universidad de Queen ofrece datos desoladores. Se estima que el 77 % de los adolescentes ha sufrido acoso escolar alguna vez, y el 68,9 % ha tenido ideación suicida a raíz de dichas experiencias. Ahora mismo, quienes sufren además acoso cibernético tienen mayor probabilidad de pensar en quitarse la vida.

Asimismo, los cifras de suicidios vinculados al bullying son especialmente graves en Estados Unidos, donde el acceso a las armas facilita este tipo de conductas límite. Sin embargo, a pesar del impacto de historias como la de Drayke Hardman, cabe decir que estas realidades se marchitan pronto en la actualidad y se disuelven en la nada. Los matones de instituto (niños y niñas) siguen apareciendo y los cambios no suceden.

El caso de Noruega, por ejemplo, es distinto. En 1982, el país quedó conmocionado tras el suicidio de tres niños de entre 10 y 14 años que padecían bullying. Dan Olweus, psicólogo sueco-noruego experto en el estudio de la intimidación y acoso escolar, implantó un programa de prevención del bullying que cambió por completo esta realidad. No tardó en convertirse en un héroe nacional.

El bullying solo se puede atajar mediante un compromiso conjunto de toda la sociedad: familias, políticas sociales e instituciones educativas.

El caso de Drayke Hardman podría ser el último si existiera un compromiso real

El conocido Programa de Prevención del Bullying de Olweus (OBPP) se implementó con éxito en primaria y secundaria. El objetivo era reducir el acoso mediante las reestructuraciones de las aulas y las recompensas de los comportamientos positivos. En estas iniciativas estaban comprometidas las familias, las escuelas y los propios alumnos.

Pensemos que las escuelas son el primer contacto con la sociedad de los niños. Ese primer escenario es clave para asentar el tipo de persona que serán mañana. Una educación basada en la empatía, el respeto y la convivencia lo es todo. Y en ese objetivo todos somos decisivos: padres, madres y educadores.

No dejemos que ningún niño más acuda a clase con miedo. No permitamos que historias tan trágicas como la del pequeño Drayke vuelvan a repetirse.

Nota final

No podemos finalizar este artículo sin recordar que el suicidio es en la actualidad la primera causa de muerte entre los más jóvenes. Por ello, es decisivo que ante cualquier situación de vulnerabilidad, situación de acoso o problema emocional de nuestros adolescentes, les facilitemos la atención y el apoyo necesario:

  • Estemos atentos a cualquier cambio en su conducta (retraimiento, negativa a acudir a clase, bajada en su rendimiento escolar, problemas de alimentación o descanso, etc.).
  • Pongamos en conocimiento de los maestros, tutores, profesores la situación por la que pasan nuestros hijos.
  • Solicitemos ayuda especializada. Los profesionales en psicología pueden facilitarnos la guía y el apoyo necesario en estas situaciones.
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