Duelo por desaparecidos, el dolor suspendido

9 marzo, 2020
Este artículo fue redactado y avalado por la psicóloga María Alejandra Castro Arbeláez
El duelo por desaparecidos es un dolor que no tiene nombre y para el que la realidad tampoco ayuda. Un sufrimiento para el que las palabras no alcanzan a definir lo que la persona siente.

Cuando algo o alguien nos falta podemos llegar a sentir un vacío inmenso. Uno tan grande que nos haga replantearnos nuestras metas y el sentido de nuestras vidas. Después de la pérdida, aparece el duelo. Pero, ¿qué pasa cuando se trata de un dolor que viene y va con gran fuerza? El duelo por desaparecidos causa un gran impacto, hoy hablaremos de ello.

Para comenzar, hablemos de qué es el duelo. Se trata de un conjunto de fenómenos que sucede tras la pérdida. Asuntos que van más allá de lo psicológico y que abarcan lo físico, antropológico, económico, social y espiritual. Una pérdida es ‘una privación o carencia de personas, cosas o representaciones mentales que pone en marcha reacciones afectivas, cognitivas y conductuales» (Tizón, 2013).

«La muerte es una vida vivida. La vida es una muerte que viene»

-Jorge Luis Borges-

Mujer llorando por duelo

Duelo por desaparecidos, ¿en qué consiste?

Se trata de una separación súbita e inesperada de alguien a quien queremos. Además, son diversos motivos los que pueden dar lugar a la desaparición. Entonces, causa gran impacto porque a los allegados suele rondarles el silencio y la falta de información.

Suele suceder que, tras la desaparición, la familia busque tejer los pasos que siguió su allegado para recopilar información. Pero puede encontrarse con que se dé al margen de la ley y no exista una forma de encontrar la verdad; y si se aproxima a ella, sea peligroso, o no respaldado por el estado.

Cuando una persona desaparece, no hay rastro de esta; no se sabe si está viva o no. Esta situación, facilita que la elaboración del duelo sea más complicada. Unas de las preguntas más frecuentes en un duelo por desaparecidos son: ¿Cómo aceptar la pérdida de mi ser amado si no tengo la certeza de que ya no está?

¿Por qué hablamos del dolor suspendido?

El duelo por desaparecidos es un dolor suspendido porque en ocasiones se trata de un sufrimiento al que le ponemos pausa cada vez que recobramos la esperanza de encontrar a nuestro ser querido. Es como si viéramos una luz en medio de la tormenta que nos dice que no hay que desistir, que esa persona va a volver.

Entonces, se trata de un dolor intermitente, suspendido o pausado, gracias a la zozobra que nos mantiene separados y a la vez tan cerca de nuestro ser querido. No deja de ser difícil porque sea suspendido, es más, esa carga y descarga, origina un profundo estrés y una angustia, que a veces parece irreparable.

Ahora bien, en el duelo por desaparecidos prima la sensación de incertidumbre. Sobre todo, cuando la desaparición es forzada. Consiste en un gran dolor, que no tiene nombre, que se escapa de las palabras, al que no sabemos cómo afrontar y que su elaboración puede ser bastante distinta de los demás duelos.

Duelo por desaparecidos, ¿cómo afrontarlo?

¿Cómo aceptar una pérdida de alguien que puede retornar? ¿Qué palabras describen ese dolor tan inmenso? ¿Cómo seguir con ese gran vacío?

En la vida pasamos por diversos duelos, algunos tan naturales producidos por un cambio en nuestro ciclo vital y otros por los que nunca imaginamos que íbamos a pasar. Lo cierto es que, afrontarlos es un gran reto. Pero incluso, cuando se trata de un duelo por desaparecidos, hay formas de elaborarlo.

La elaboración del duelo consiste según el experto en este tema Jorge L. Tizón (2004) en ‘los procesos psicológicos en pro de la aceptación de la nueva realidad interna y externa del sujeto’.

Desde la teoría se han planteado diversas etapas para llegar a la elaboración del duelo. Lo que sucede en el duelo por desaparecidos es que es tan diferente que no se puede siempre encasillar en estas etapas.

Cuando la persona que está pasando por el duelo (deudo) cuenta con los restos mortales, muchas veces, comienza a aceptarlo. Sin embargo, en el duelo por desaparecidos el deudo no cuenta con esto, todo lo que hay es incertidumbre. Por lo tanto, llega a sentirse  culpable, por asumir una muerte de la que no puede dar fe, es como si sintiera que «estuviera matando a su ser querido».

Mujer llorando por duelo suspendido

El familiar de la persona desaparecida pone resistencia al mantener viva la imagen de su desaparecido, según Ramírez Guerrero y Salvador en su artículo publicado en la Revista internacional de buena consciencia, en el 2014. Esta situación impediría superar el duelo.

Entonces, ¿Cómo se puede elaborar este duelo? Cuando es difícil poner en palabras algo que nos causa mucha angustia, podemos buscar otras vías de comunicación, por ejemplo, el arte. A través de esta herramienta, transmitimos información, solo que de otra manera, esa en la que nuestros aspectos inconscientes salen a flor de piel; lo que permite ir poco a poco, pasando a la consciencia, a símbolos y posteriormente a la palabra aquello que nos angustia.

También, nos podemos apoyar en la resiliencia. Se trata de sobreponernos a aquello que nos aflige, para ello, debemos encontrarle un sentido a nuestra vida, uno propio. Eso no significa dejar de querer o extrañar a aquella persona que desapareció. Más bien, valorar nuestro «aquí y ahora», y continuar con nuestro andar, de una forma menos dolorosa. También, podemos buscar ayuda, los psicólogos, por ejemplo, nos la pueden brindar.

El duelo por desaparecidos no es un asunto simple. Se trata de un dolor que es difícil describir con palabras, pero al que se le puede poner nombre en tanto lo elaboremos.

La elaboración consiste en aceptar la pérdida, no en renunciar a nuestros recuerdos y vivencias. La resiliencia es una de las armas de afrontamiento y el arte un gran movilizador que va tejiendo puentes que van dotando de significado nuestra vida y nuestro dolor.

Ramírez Guerrero, E.S. (2014). El trabajo de Duelo Frente a Personas Desaparecidas. Análisis de Caso. International Journal of Good Conscience. Tizón, J. L. (2004). Pérdida, pena, duelo. Vivencias, investigación y asistencia, (12). Madird: Grupo Planeta.