Ed Wood, el entusiasmo del peor director

Este artículo ha sido verificado y aprobado por Sergio De Dios González el 2 diciembre, 2018
Leah Padalino · 2 diciembre, 2018
Ed Wood ha pasado a la historia del cine como "el peor director de todos los tiempos". Sin embargo, su entusiasmo, su optimismo y su carisma lo han consagrado como un personaje que encarna el espíritu de lucha y la fuerza de creer en uno mismo. Tim Burton, en 1994, le dedicó un excepcional biopic con el fin de rescatar su figura.

Ed Wood fue un director, guionista, actor y productor de cine que anhelaba ver sus creaciones en la gran pantalla, pasar a la historia del cine; y en cierto modo, lo logró. Pero tal vez no de la forma en la que esperaba, sino que, tras su muerte, fue calificado como “el peor director de cine de la historia”. Su película Pan 9 from outer space fue calificada, a su vez, como la peor película de la historia y como la primera del cine Z, un subgénero del cine B, de peor calidad y presupuesto inferior.

Sin embargo, el paso del tiempo ha otorgado a Wood el reconocimiento de “director de culto” y cineastas como John Waters o Tim Burton lo citan entre sus influencias. ¿Era Ed Wood tan malo? Lo cierto es que la calidad de sus películas deja mucho que desear: incoherencias en el guion, problemas de continuidad, micrófonos a la vista, escenas de archivo, decorados de cartón y un sinfín de problemas que hacen que sus películas sean de todo menos creíbles.

El rechazo por parte de las productoras al trabajo de Wood desembocó en un presupuesto limitadísimo que, unido a los escasos avances tecnológicos de la época, propició la mala calidad de sus películas. Bien es cierto que no era ningún perfeccionista y poco le importaban los errores o las incoherencias, solo rodaba una toma y creía que el cine iba más allá de la perfección, que todo era creíble.

Pero a pesar de sus errores, hay algo de entrañable en sus cintas, una esencia única. No dejemos a un lado el hecho de que, en la sociedad de los años 50, ciertas temáticas podían considerarse provocadoras y, como consecuencia, muchas de sus cintas no serían tomadas en serio. Esto es lo que ocurrió con Glen or Glenda, un film en el que Wood pretendía conmover con una historia personal sobre el travestismo, aunque causó más risa que conmoción.

Ed Wood: el biopic

Tim Burton se sumergió en 1994 en la aventura de llevar a la gran pantalla la historia de este director. Burton ha citado en innumerables ocasiones influencias del cine B, especialmente, del terror, algo que ha quedado plasmado a lo largo de toda su filmografía.

Entre sus influencias, encontramos a Ed Wood. Burton vio Plan 9 from outer space en su infancia y guarda un buen recuerdo de la misma. Sus películas pueden estar plagadas de errores, pero hay algo de lo que no carecen: entusiasmo. Y es, precisamente, ese entusiasmo el que nos regala Burton en el biopic.

A diferencia de Wood, Burton es totalmente coherente y nos brinda una película perfectamente narrada, disfrutable en todos los aspectos. Burton contó con un guion excepcional y actores experimentados: destacan Johnny Depp y un magnífico Martin Landau. Pero no todo fue de color de rosa, pues en el momento en el que Burton decidió rodar la película en blanco y negro, aparecieron los problemas con la productora que decidió desvincularse del proyecto.

Burton quería captar la esencia de la época, de Lugosi y del cine B de los 50 y, para ello, era imprescindible que la historia fuera contada en blanco y negro. La película se estrenó en 1994 y, aunque no obtuvo un buen respaldo en taquilla, fue galardonada con dos premios Óscar: mejor maquillaje y mejor actor de reparto. Ambos premios vinculados a una de las figuras clave de la cinta: Bela Lugosi. La figura del mítico actor cobró vida gracias a un excepcional maquillaje (apoyado por el blanco y negro) y a la sublime interpretación de Landau.

Ed Wood es, para muchos, una de las mejores películas de la filmografía de Burton. Hablamos de una obra con personalidad, que nada tiene que envidiar a otros filmes del director y que logra transmitir la esencia de una época, la otra cara de Hollywood y recupera a figuras tan significativas como Lugosi o el propio Wood.

Un homenaje al cine

Más allá del homenaje a Ed Wood, la película supone un homenaje al propio cine B. La cinta es una oda al cine, a los años 50, a las películas en blanco y negro y a las “viejas glorias” castigadas del cine como Bela Lugosi. Ya en los créditos, percibimos cierta nostalgia, cierta magia que el cine más actual parece haber olvidado.

La película arranca con lápidas en las que se leen los nombres de los actores, al más puro estilo Wood, aparecen imágenes de tentáculos y platillos volantes; seguidamente, una música tenebrosa nos acompaña hasta una habitación oscura y misteriosa. La cámara se adentra en la estancia en la que destaca un ataúd bajo una siniestra ventana; en el exterior, la tormenta dibuja una escenario tenebroso.

Hombre con dentadura en la mano

El ataúd se abre y aparece Jeffrey Jones, caracterizado como Criswell, para explicarnos que lo que estamos a punto de ver es la verdadera historia de Ed Wood. Esta introducción, tan característica del cine B, es realmente magnética y finaliza con un genial movimiento de la cámara atravesando la ventana, es decir, sumergiéndonos en la oscuridad de la tormenta. La escena final nos lleva al inicio, pero con un movimiento de cámara a la inversa, devolviéndonos a la habitación y cerrando el ataúd; algo, sencillamente, mágico.

Otro elemento significativo es el letrero de Hollywood, presente en varios momentos de la película, lo vemos en lo alto, pero acompañado de truenos y oscuridad. Invitándonos a pensar que, quizás, la meca del cine no es tan maravillosa como nos han hecho creer. En contraposición, Burton nos conduce a un estudio de lo más pobre y rudimentario, mostrando la otra cara de la industria, la crueldad de Hollywood. Toda la cinta es un homenaje, está plagada de alusiones y contada al detalle; una verdadera joya con notas de humor y nostalgia.

Ed Wood: la personificación del entusiasmo

Wood se caracterizó por su gran amor al cine, por su pasión, a pesar de que su talento fuera terriblemente cuestionado. Ed Wood se sentía como Orson Welles, estaba convencido de poder hacer algo grande, algo importante y confiaba en sus habilidades para desempeñarse al mismo tiempo como guionista, productor, director y actor.

Burton nos presenta en su cinta a un personaje entrañable, inocente, con la ilusión de un niño. Wood, a pesar de las duras críticas y de las adversidades, jamás perdía la sonrisa, creía en sí mismo y continuó rodando películas de bajo presupuesto.

Logró entablar amistad con Bela Lugosi, el actor húngaro que gozó de gran popularidad por su interpretación de Drácula. Burton vio en esta amistad un reflejo de lo que le ocurrió con Vincent Price, actor muy popular en el cine de terror y al que Burton, como hizo Wood con Lugosi, le dio el que sería el último papel de su carrera.

Ed Wood se caracterizó por su carisma y es que, a pesar del rechazo por parte de la industria, logró sumar las fuerzas de sus más allegados, que llegaron a bautizarse para obtener financiación de un grupo religioso y que Wood pudiera filmar Plan 9 from outer space. Su insólito optimismo lo consolidó como un personaje que ha despertado interés entre el público, sin ir más lejos, existe la Iglesia de Ed Wood, una organización de crecimiento espiritual inspirada en la figura del cineasta.

Al final de su vida, ese optimismo tan característico se fue esfumando y Wood murió arruinado y con serios problemas con el alcohol. Burton logra captar la esencia del personaje y nos brinda una cinta cargada de optimismo, de esperanza. Una cinta nostálgica que nos invita a recordar a este peculiar director, a ser optimistas ante las adversidades y a pensar que, quizás, en otros tiempos, el destino de Wood hubiese sido distinto.

“Todo el mundo puede ser un mal director, pero no todo el mundo puede ser el peor”.

-Tim Burton-