Educación emocional: lo que deberíamos aprender es lo único que no nos enseñan

04 Marzo, 2020
Este artículo ha sido escrito y verificado por la psicóloga Fátima Servián Franco
Las emociones están presentes en nuestras vidas desde que nacemos y juegan un papel relevante en la construcción de nuestra personalidad. Incluir una asignatura de educación emocional en los diferentes planes académicos podría ser una forma de ayudar, desde la infancia, a reconocer, entender y elegir cómo pensamos, sentimos y actuamos.

La educación emocional es una respuesta a las necesidades sociales que no están suficientemente atendidas en los planes académicos ordinarios. Entre estas necesidades están la presencia de ansiedad, estrés, depresión, violencia, consumo de drogas, suicidios, comportamientos de riesgo, etc. Todo ello es, en gran medida, consecuencia del analfabetismo emocional.

La educación emocional tiene como objetivo el desarrollo de competencias emocionales. Entendemos las competencias emocionales como el conjunto de conocimientos, capacidades, habilidades y actitudes necesarias para tomar conciencia, comprender, expresar y regular de forma apropiada los fenómenos emocionales.

Dentro de las competencias emocionales están la conciencia y regulación emocional, autonomía emocional, competencias sociales, habilidades de vida y bienestar.

El desarrollo de competencias emocionales requiere de una práctica continuada. Por esto, la educación emocional se inicia en los primeros momentos de la vida y debe estar presente a lo largo de todo el ciclo vital.

Por lo tanto, debería estar presente en la educación infantil, primaria, secundaria, familia, formación de adultos, medios sociocomunitarios, organizaciones, personas mayores, etc (Bisquerra, 2011).

“Una emoción no causa dolor. La resistencia o supresión de una emoción causa dolor”.

-Frederick Dodson-

Corazón sobre el cerebro de una persona

¿Es necesario incluir la educación emocional en los colegios?

Daniel Goleman, psicólogo autor del libro Inteligencia emocional en 1995 y cofundador de la Sociedad para el Aprendizaje Académico, Social y Emocional es una de las voces más autorizadas para hablar de educación emocional. Nos deja claro que hay que aprender a controlar las emociones, de manera concreta las emociones realmente estresantes e incapacitantes.

Siempre estamos pisando el mundo emocional, aunque muchas veces no seamos capaces de identificar el tipo de baldosa bajo nuestros pies. Todo lo que aprendemos está condicionado por nuestro estado emocional. 

Convivimos con las emociones desde que nacemos y juegan un papel relevante en la construcción de nuestra personalidad e interacción social. Vivimos las emociones en cualquier espacio y tiempo, con la familia, con los amigos, con nuestro entorno, con nuestros iguales, con nuestra escuela, con nuestros educadores, etc.

La escuela es un ámbito más de conocimiento y de experiencias en el que se desarrollan las emociones. Educar significa contemplar el desarrollo integral de las personas, desarrollar las capacidades tanto cognitivas, físicas, lingüísticas, morales como afectivo y emocionales (Cassà, 2005).

Los contenidos de la educación emocional que se pueden trabajar en el colegio son los siguientes:

  • Conciencia emocional. Implica el tomar conciencia del propio estado emocional y manisfestarlo mediante el lenguaje verbal y/o no verbal, así como reconocer los sentimientos y emociones de los demás.
  • Regulación emocional. La capacidad de regular los impulsos y las emociones desagradables, de tolerar la frustración y de saber esperar las gratificaciones.

“Es muy importante entender que la inteligencia emocional no es lo opuesto a la inteligencia, no es el triunfo del corazón sobre la cabeza, es la intersección de ambas”.

-David Caruso-

Niño con un cartón en el que hay dibujada una cara feliz

Educación emocional para el bienestar

El bienestar tiene una dimensión personal y otra social. Esta es una realidad y trabajar con ella nos permitirá trascender la visión miope del bienestar individual… para orientarnos hacia el desarrollo integral de las personas dentro de sus respectivas organizaciones. El objetivo es el bienestar social en interacción con el bienestar personal (Bisquerra, 2011).

Investigaciones recientes han aportado evidencias de los efectos positivos de la educación emocional. La conclusión general es que el desarrollo sistemático de programas de educación emocional que reúnan unas condiciones mínimas de calidad y de tiempo de dedicación, tienen un impacto importante para el desarrollo integral de las personas.

Hay que tener presente que las competencias emocionales son de las más difíciles de adquirir. Un alumno normal en un trimestre puede aprender a resolver problemas de ecuaciones de segundo grado.

Sin embargo, para automatizar la regulación de la impulsividad en situaciones de ira (y prevenir la violencia) se necesitan años de entrenamiento. Este es uno de los retos de la educación emocional: dedicarle el espacio necesario.

En el estado actual de conocimiento, un buen espacio podría ser el configurado por sesiones semanales de 45-60 minutos durante todo el curso a lo largo de varios años (Bisquerra, 2011).

“Cambia tu atención y cambiarás tus emociones. Cambia tu emoción y tu atención cambiará de lugar”.

-Frederick Dodson-

Bisquerra, R. (2011). Educación emocional. Propuestas para educadores y familias. Bilbao: Desclée de Brower. Cassà, È. L. (2005). La educación emocional en la educación infantil. Revista interuniversitaria de Formación del Profesorado19(3), 153-167.