Educar para prevenir la ansiedad en los niños

Este artículo ha sido verificado y aprobado por Gema Sánchez Cuevas el 15 junio, 2014
Valeria Sabater · 15 junio, 2014

Ansiedad. Emociones. Preocupaciones. ¿Son los niños ajenos a todo este mundo interior? En absoluto, son más vulnerables y carecen de estrategias para hacerles frente. Hemos de tener en cuenta que cuanto más tempranamente adquieran competencias en materia de emociones, más solventes serán en la madurez para afrontar sus problemas.

Podemos aportar a nuestros niños conocimientos en ciencias, historia, matemáticas, podemos enseñarles a plantar una flor y a hacerse los nudos de sus zapatos. Pero ¿sabrías enseñarle a priorizar sus obligaciones para que no se estrese en el colegio? ¿Podrías enseñarle que la rabia no se desvanece con las patadas? ¿Qué las desilusiones pueden ser lecciones de aprendizaje? ¿Qué un fracaso puede ser mañana un logro y que no hay que desanimarse por ello?

Día a día los niños, por pequeños que sean, van a tener que hacer frente a determinadas experiencias vitales que alimentarán su sustrato emocional. Y lo queramos o no, son muchos los niños que podemos ver hoy en día que sufren verdadera ansiedad. Se dan cuenta de muchas más cosas de las que pensamos, ellos sufren si nos ven a nosotros sufrir. Se preocupan si ven a sus padres también ahogados por el estrés y la ansiedad. Nadie está libre de este peligroso estado de sufrimiento.

Entonces ¿cómo podemos educar a nuestros niños para que gestionen adecuadamente su ansiedad?

1. HABLAR SOBRE SUS PREOCUPACIONES

Encuentra un momento al día para tener conversaciones con él. Seguro que habrá un instante en que se encuentre más cómodo. Al volver del colegio en coche (no te tiene cara a cara y puede que se encuentre más cómodo), en la hora de la comida, al acostarlos… momentos de intimidad en que preguntarle cómo le ha ido el día, qué le preocupa y si se encuentra bien en casa, en el colegio o con sus amigos. Cuanto antes empecemos a marcar estas pautas conversacionales, más fácil será establecer lazos de confianza.

Cuando el niño te esté hablando, no le juzgues, no le recrimines nada. Ni tampoco lo fuerces. Facilita el ambiente para que pueda hablarte de sus sentimientos. Solo escucha y luego, con calma, toma las decisiones.

2. DISMINUYE EL IMPACTO DE LOS HECHOS ESTRESANTES

Seguro que el niño tiene un sinfín de responsabilidades en su día a día. Deberes, exámenes, pruebas, actividades extraescolares, idiomas, deportes… Es importante que desde bien pequeños les ayudemos a jerarquizar aquello que es más importante: ¿qué es lo que he de hacer primero y es más urgente? Enséñale que es mejor terminar las cosas hoy y no dejarlas para mañana, de lo contrario puede generarnos más estrés.
Es importante también que, además de tener sus obligaciones, disponga de tiempo para él mismo, para jugar, para ser niño. El tiempo propio siempre es indispensable.

Si hay algo que en un momento dado le causa más estrés de lo normal, hemos de enseñarle a hacer frente a las cosas con optimismo. De los problemas no se debe huir, hay que vencerlos confiando en uno mismo. Si ya desde bien pequeño aprende a ir enfrentándose a cosas sencillas, crecerá con buenas estrategias que irá mejorando a medida que madure.

Recuerda que no por ser pequeños sus problemas son menos importantes que los tuyos. Para ellos lo son y es lo que cuenta. El modo en que ellos lo perciban. Nunca pases por alto pequeños indicios: no poder dormir, dejar de comer, dejar de jugar, una actitud más introspectiva… como padres y educadores hemos de estar al tanto en todo momento para indagar en sus problemas y ayudarles a resolverlos. Por pequeños que estos sean.


3. DEBEMOS SER MODELOS DE REFERENCIA

¿Cómo gestionas tu estrés y tu ansiedad? ¿Cómo es el ambiente en casa? Ten en cuenta que nosotros estamos siendo modelos de conducta para ellos, que los niños imitan e interiorizan los comportamientos que ven a su alrededor. Debes ser consciente que el tener un hijo conlleva nuevas responsabilidades para ti mismo y también para él; bien es cierto que no siempre es fácil ser un modelo de conducta impecable, pero para que los niños sean felices y adquieran una óptima madurez el día de mañana, hay que cuidar mucho cada una de nuestras palabras, nuestras reacciones y el modo en que nosotros mismos afrontamos los problemas.

4. EDUCARLOS PARA POTENCIAR SUS RECURSOS PERSONALES

Es esencial aportar a los niños un amor incondicional con el cual, fortalecer esos vínculos en los que él deba sentirse seguro, protegido. En un contexto seguro,  obtendrán la confianza necesaria en sí mismos para emprender cosas, para desarrollar su confianza y su auto-concepto.

Es básico que intentemos pues reforzar todos sus logros, demostrarle que él es capaz de asumir retos y proyectos. Que va a poder con ese examen de matemáticas. Que es tan capaz como el que más. Que no es necesario ser perfecto, en absoluto, pero sí valiente para enfrentarse a sus miedos e intentar hacer las cosas por sí mismo.

El aportarles confianza es esencial para vencer la ansiedad. Ello les propiciará el ir poco a poco desarrollando sus propias estrategias para la resolución de problemas, para ir gestionando mejor sus dificultades, su estrés, sus preocupaciones…

Sabemos que el ser padres, madres, abuelos o educadores no es fácil. Pero sí una gran aventura con un fin muy especial: educar personas capaces, maduras y felices que saben enfrentarse a la vida con optimismo.