Efecto Matilda: mujeres, ciencia y discriminación

Este artículo ha sido verificado y aprobado por Sergio De Dios González el 9 diciembre, 2017
Sara Clemente · 9 diciembre, 2017

¿Sabes cuántos Premios Nobel han sido otorgados a hombres en sus más de 120 años de historia? ¿Y a mujeres? La proporción asusta: 817 veces a ellos y tan solo 47 a ellas. El efecto Matilda surgió para reconocer este tipo de situaciones de discriminación sexista en el ámbito de la ciencia.

Emergió para denunciar los casos en los que las mujeres científicas reciben menos premios, crédito y reconocimiento que los hombres, aun realizando el mismo o un mejor trabajo. Curioso también el hecho de que el origen de este término proceda de su corolario masculino.

Su origen es bíblico

Para entender el efecto Matilda es necesario explicar el nacimiento de su análogo masculino: el efecto Mateo. Robert K. Merton, el sociólogo creador del término, recurrió a las palabras de San Mateo para hacer referencia a un fenómeno extendido a múltiples facetas de la vida. En su parábola de los talentos, el evangelista anuncia una lección que invita a la reflexión.

“Quítenle el talento para dárselo al que tiene diez, porque a quien tiene, se le dará y tendrá de más, pero al que no tiene, se le quitará aun lo que tiene”

-Mateo 25: 14-30, La parábola de los talentos-

San Mateo

El corolario efecto Mateo

Se refiere a la menor atención, consideración y reconocimiento que reciben aquellos trabajos realizados por profesionales no conocidos, en comparación con las obras similares en importancia realizadas por otros, ya consagrados o famosos.

Trata de explicar por qué las obras de personas anónimas no tienen tantas menciones como las de autores afamados, aún pudiendo ser estas últimas de peor calidad. De esta manera, son relegados a un segundo plano no contar con padrinos o por ser aún jóvenes prometedores y no autores consagrados. Así, quedan ocultos por la agigantada sombra de los autores que ya gozan de éxito.

La adaptación femenina a la ciencia: el efecto Matilda

El conocido efecto Matilda nació en 1993 de la mano de Margaret W. Rossiter. La historiadora tomó como base el anterior efecto Mateo para denunciar y poner nombre al menosprecio del trabajo de las mujeres en favor de los hombres.

Quiso denunciar aquellas situaciones en las que los descubrimientos y las investigaciones de las científicas quedan relegadas al ostracismo, por una simple cuestión de género y no de calidad. Así, su crédito y su reconocimiento son menores que los que obtendrían si el logro hubiera sido alcanzado por un hombre.

En este sentido, la incorporación de la mujer al ámbito científico se ha ido produciendo a cuentagotas. En algunos países, siguen sin poder cursar una carrera o conducir. Hoy en día, pueden acceder a la universidad y cursar un doctorado, pero las condiciones en las que se encuentran siguen sin ser equitativas respecto a las de los hombres.

Mujer en un laboratorio científico

Cómo se perjudica a las mujeres

El beneficio que obtienen los hombres no solamente se constata en términos de premiación. Además de galardones, la remuneración, los puestos de trabajo, la financiación o las publicaciones son distintas variantes en las que los hombres, por el hecho de serlo, parten con ventaja.

Con ello, brillantes físicas, químicas, sociólogas o médicas se han quedado por el camino. Han visto cómo sus trabajos quedaban subsumidos a los de los varones, relegados a un cajón o menospreciados sin mayor explicación. Con ello se quedaban sin el reconocimiento que merecían.

La sufragista que le puso nombre

Rossiter lo llamó efecto Matilda, concretamente, en honor a Matilda Joslyn Gage. Una activista, libre pensadora, autora prolífica y pionera en sociología norteamericana que fue una de las pioneras en luchar por la igualdad de oportunidades entre hombres y mujeres.

Entre algunas de sus iniciativas, destacó su apoyo a Victoria Woodhull, una de las primeras mujeres que luchó por ser presidenta de la Casa Blanca. Madre de familia numerosa, publicó numerosas obras denunciando la falta de libertad y reivindicando la igualdad de derechos del género femenino.

Su labor la encumbró como presidenta durante muchos años de la Asociación Nacional del Sufragio Femenino. Y desde ese momento, se usa el efecto Matilda para denominar todos aquellos casos en los que mujeres, en el desarrollo de su profesión, han tenido que enfrentarse a tal injusticia.

Victoria Woodhull

Sigue siendo evidente actualmente

Pero los casos que evidencian el efecto Matilda no solamente se limitan a siglos pasados. Hoy en día, es manifiesta la situación injusta que atraviesan las mujeres en múltiples facetas de su vida diaria. La laboral es solo un ejemplo más de los ámbitos en los que de una manera u otra son discriminadas.

Pongamos un ejemplo, continuando con los premios Nobel, los galardones más prestigiosos que se entregan a profesionales científicos. Lise Meitner y Rosalind Franklin realizaron aportaciones decisivas. Respectivamente, al descubrimiento de la fisión nuclear y de la estructura de doble hélice del ADN.

¡Adivinad! Ninguna de las dos fue reconocida por los Nobel. Sin embargo, sus compañeros hombres sí lo fueron, aprovechándose de los descubrimientos de ambas. De hecho, el de Meitner es uno de los casos más ilustrativos de cómo los hallazgos científicos realizados por mujeres son totalmente obviados por el comité de estos premios.

En este sentido, es muy recomendable el libro “Las ‘mentiras’ científicas sobre las mujeres” de S. García Dauder y Eulalia Pérez Sedeño. La obra trata en detalle el efecto Matilda. Además incluye otros muchos relacionados con esta discriminación laboral de la mujer.

En este sentido, lo cierto es que hemos avanzado mucho en el camino para alcanzar un día, esperemos que cercano, la igualdad de oportunidades. Pero lo cierto aún queda camino por recorrer para que los avances científicos no sean una cuestión de género. Así, todos estaremos de acuerdo en que deberían valorarse más por lo que significan que por quien los hace.