Efectos en los niños de no ir a clase durante la pandemia

Este artículo ha sido escrito y verificado por la psicóloga Valeria Sabater
El no poder ir a clase no es para nuestros niños algo festivo. La falta de socialización y, en muchos casos, la ausencia de recursos técnicos para proseguir con los estudios de manera telemática, abre nuevos problemas en este escenario de confinamiento.
 

Los efectos en los niños por no ir a clase durante la pandemia van más allá del mero aburrimiento o la falta de socialización. La definida ya como la «generación del coronavirus» puede sufrir serias consecuencias cognitivas, académicas y emocionales y lo que es más grave este impacto abre una brecha aún más evidente entre las personas con menos recursos.

El coronavirus y el actual escenario de pandemia ha alterado todas las bases sobre las que habíamos levantado nuestra sociedad. Más allá del confinamiento, más allá incluso de un escenario económico en pausa, de unas fronteras cerradas, de un cielo sin aviones trayendo turistas, hay evidentemente, un drama. Y ese drama es un lienzo que traza múltiples escenas.

Tenemos por un lado, el de la propia enfermedad y sus devastadores efectos en nosotros. Asimismo, están las historias personales de cada familia, con la angustia por el futuro, con la incerteza de qué pasará mañana.

No obstante, hay una esfera más sensible y son, cómo no, nuestros niños. Ellos viven en silencio esta realidad, procesándola a su manera y sufriendo una de las consecuencias más llamativas de esta actualidad: la falta de clases.

 

Son ya más de 300 millones de estudiantes en todo el mundo los que han visto interrumpidos sus años académicos. En países como Italia, se ha procedido de manera directa a aprobar a todos los alumnos y a pasarles de curso.

La mayoría intentan solventar el problema a través de las clases online. Pero la brecha digital está ahí, no todas las familias disponen de medios y lo que es aún más destacable: gran parte de nuestras escuelas aún no están preparadas para la educación remota.

Niño mirando a su padre y representando los efectos en los niños por no ir a clase durante la pandemia

5 efectos en los niños por no ir a clase durante la pandemia

Los más pequeños de la casa y también los adolescentes recordarán estos días durante mucho tiempo. Cada uno de ellos lo procesará a su manera según las vivencias experimentadas.

Algunos perderán a algún familiar como efecto del coronavirus. Otros recordarán durante años la angustia sentida en casa y transmitida a través de los rostros y conversaciones de sus progenitores. Muchos, guardarán tal vez un buen recuerdo.

No podemos predecir cómo será el día de mañana de la generación más joven de nuestra sociedad. Sin embargo, sí podemos decir que sus mundos van a cambiar, como cambiará sin duda el de los adultos. Una de nuestras mayores preocupaciones es conocer los efectos en los niños por no ir a clase durante la pandemia.

 

Algo que organismos como la UNESCO ya nos va anticipando a través de informes y estimaciones. Analicémoslo. 

Efectos más negativos para los niños de entre 4 y 7 años

La falta de escolarización ordinaria puede ser más grave en los niños más pequeños. Concretamente, en quienes aún están asentando el proceso lectoescritor.

Durante los 4 y los 7 años los más pequeños dan un gran salto cualitativo en el que los procesos cognitivos, motores, atencionales y ejecutivos necesitan de ese apoyo continuado en el que establecer las competencias en materia de escritura y lectura.

Evidentemente, pueden proseguir con esta tarea en casa. Si el apoyo por parte de la familia es el adecuado no se verán afectados. Pero en caso de que no exista ese apoyo, pueden sufrir un retraso en la integración de estas competencias.

El aislamiento en los adolescentes

Otro de los efectos en los niños por no ir a clase durante la pandemia está sobre todo en nuestros preadolescentes y adolescentes.

En este periodo de edades, es muy común que se aíslen con relativa facilidad. Optar por quedarse en sus habitaciones y pasar horas conectados a Internet, pero sin cumplir sus tareas académicas es otro peligro.

 

Las familias se ven obligadas a supervisar sus trabajos, a estar pendientes de que sigan estudiando, realizando deberes… Todo ello puede resultar agotador y ser origen de conflictos.

Padres y madres en el papel de profesores

El confinamiento está obligando a los padres a cumplir (ahora más que nunca) el papel de maestro o de profesor. En algunos casos, esto no supondrá problema alguno. Sin embargo, no todos están preparados, no todos tienen la paciencia o al menos, la capacidad para dejar a un lado las propias preocupaciones para ser esa herramienta hábil para favorecer que sus niños sigan alcanzando las competencias curriculares.

No, Internet no llega a todos lo hogares ni en todas las casas hay un ordenador

La brecha digital está ahí. Sabemos que la educación remota es una opción y que si las clases no pueden darse en el aula, está la otra alternativa: la virtual.

Sin embargo, hay que recordar que no todas las familias tienen los mismos recursos. Hay millones de niños en todo el mundo que no tienen un ordenador en casa para seguir con las tareas escolares.

Escena representando los efectos en los niños por no ir a clase durante la pandemia

La escuela como escenario de una alimentación adecuada

Otro de los efectos en los niños por no ir a clase durante la pandemia está en el plano nutricional. Más allá del aspecto económico está el alimentario.

No podemos olvidar que muchos pequeños dependen de esas comidas que reciben en los comedores de la escuela. Ahora, y en caso de que los organismos sociales no faciliten a las familias algún cheque de ayuda, muchos niños empezarán a sufrir serias carencias nutricionales.

Efectos en los niños por no ir a clase durante la pandemia: retraso académico y falta de socialización

Perder el último trimestre o cuatrimestre escolar tendrá efectos. Habrá contenidos que no se aprenderán, temas que quedarán en el aire, competencias que no se asentarán y experiencias únicas que solo se viven en el aula que nunca se vivirán. Puede que para muchos alumnos el no ir a clase sea algo festivo.

Sin embargo, hay un aspecto que la mayoría echan en falta: la socialización, la rutina de las clases, de los amigos, de ese día a día efervescente, a veces complicado y otras emocionante que también potencia el desarrollo social y emocional de los niños. Todo eso, también se lo están perdiendo.

 

Sabemos que el efecto de la pandemia durará un tiempo más. Pero cuando se reabran nuevamente las aulas en el próximo año escolar, el mundo académico y educacional sabe que tiene un reto por delante: adaptar la educación a situaciones de emergencia y establecer mecanismos para que la educación a distancia tenga la misma calidad que la que se vive en el aula.

Esperemos que ese avance, llegue a todos.