Egas Moniz y la impresionante historia de la lobotomía

Este artículo ha sido verificado y aprobado por Gema Sánchez Cuevas el 2 noviembre, 2017
Edith Sánchez · 2 noviembre, 2017

La lobotomía ha sido uno de los procedimientos más controvertidos en la historia de la salud mental. Fue “inventada” por Egas Moniz, en los años 30. Desde entonces comenzó a popularizarse en todo el mundo. Se realizaron miles de lobotomías en todas partes, hasta los años 50, cuando empezó a caer en desuso por sus impredecibles y graves efectos secundarios.

La lobotomía es un procedimiento quirúrgico mediante el cual se cortan las conexiones de uno o los dos lóbulos del cerebro. De este modo, la corteza prefrontal queda separada de las demás partes del cerebro. A esta cirugía también se reconoce con el nombre de “leucotomía”.

Egas Moniz no fue el primero en intentar este tipo de procedimientos. En 1890 el médico Gottlieb Burkhardt realizó seis cirugías de este estilo. Dos de los pacientes murieron y por eso detuvo sus investigaciones. Lo cierto es que a finales del siglo XIX y luego en el siglo XX, la lobotomía cobró numerosas víctimas en todo el mundo.

Conozca todas las teorías. Domine todas las técnicas, pero al tocar un alma humana sea apenas otra alma humana”.

-Carl Gustav Jung-

Egas Moniz y sus cuestionables investigaciones

En 1935, Egas Moniz, neurólogo y profesor de la Universidad de Lisboa, inició su propia “investigación” en torno a la lobotomía. Las comillas en la palabra investigación se deben a que Moniz hizo una cirugía de este estilo sobre un chimpancé. Como notó que el animal mostraba un comportamiento más dócil, dedujo que el procedimiento era aplicable al ser humano.

Egas Moniz

Este procedimiento “poco científico ha sido cuestionado durante décadas. Lo cierto es que ningún estudio serio puede, a partir de uno único caso, extrapolar las conclusiones a todos los casos y todos los pacientes. Es cierto que los estudios de caso único tienen un gran valor para al ciencia, ya sea en enfermedades raras o para abrir campos más amplios de investigación, pero si algo no tienen sus conclusiones es solidez par ser generalizadas.

En este caso, hay una condición que todavía limita más la generalización: la lobotomía es aplicada a un primate y no a un ser humano. Aun así, Egas Moniz ganó el Premio Nobel de Medicina en 1949 por su “invento”.

Egas Moniz trabajó con otro neurólogo llamado Almeida Lima. Los dos hicieron las primeras lobotomías. El procedimiento consistía en abrir dos agujeros en el cráneo del paciente. Luego se aplicaba una inyección de alcohol sobre la corteza para matar esa parte del cerebro. Él y su compañero eran quienes evaluaban el progreso de los pacientes después de esa intervención. Por supuesto, veían evolución en todos los casos.

Los continuadores de la práctica

Una vez que Egas Moniz comenzó a popularizar su invento en Europa, fue emulado por varios neurólogos en todas partes. El más famoso de ellos fue Walter Freeman. Este sujeto en realidad no era cirujano. Aún así, desarrolló una técnica que se conoció con el nombre de “lobotomía picahielo”.

Este médico estadounidense descubrió que podía acceder a varias zonas del cerebro más fácilmente a través de los ojos. Introducía un instrumento similar a un picahielo a través de ellos, “revolvía un poco” y ya estaba. Logró hacer lobotomías en solo 5 minutos.

Fue tal el grado de “industrialización” que Freeman alcanzó con este procedimiento que comenzó a ofrecer el servicio “a domicilio”. Tenía una furgoneta a la que llamaba “Lobotomóvil”. Con ella recorrió muchas regiones de Estados Unidos haciendo lobotomías a diestro y siniestro, para todo tipo de problemas psicológicos. Se estima que en aquellos años fueron lobotomizados entre 40 000 y 50 000 pacientes en todo el mundo.

La proscripción de la lobotomía

Muchos de los pacientes sometidos a la lobotomía murieron. Otros sufrieron daños cerebrales graves, que a veces se manifestaban inmediatamente y otras veces años después. Una buena parte quedaron en estado vegetativo y otros presentaron un retroceso cognitivo de sus facultades. El procedimiento se mantenía porque alrededor de una tercera parte de los intervenidos mejoraban sus síntomas.

La lobotomía no se llevaba a cabo para curar una enfermedad mental. Su objetivo era “calmar” al paciente. Por eso se aplicó con particular ensañamiento en quienes padecían trastornos de ansiedad, desórdenes obsesivo-compulsivos y depresión con riesgo de suicidio. La cirugía se aplicó a muchos pacientes esquizofrénicos, pero estos en particular no mostraban ninguna mejoría.

Básicamente, la lobotomía originaba un corte con el mundo. De ahí que los pacientes “se calmaran”. Muchos vieron en ella una esperanza, pues en aquella época, y aún hoy en día en determinados contextos, los pacientes mentales estaban sometidos a una especie de “cadena perpetua” dentro de manicomios y hospitales psiquiátricos. El procedimiento permitía que al menos muchos de ellos pudieran salir de su confinamiento.

Egas Moniz practicando lobotomía

La lobotomía comenzó a caer en desuso en los años cincuenta, cuando se inventó el “Thorazine”, el primer antipsicótico. Curiosamente, su inventor lo llamó “lobotomía química”. En los años 70 se prohibió el procedimiento en la mayoría de países. Se sabe que aún se sigue practicando clandestinamente. Un grupo de ciudadanos viene reclamando que le sea retirado el Premio Nobel de Medicina a Egas Moniz por considerar que su logro ha causado más daño a la humanidad que beneficio.