El Chi, una dimensión fascinante de los orientales

Edith Sánchez·
18 Marzo, 2020
Este artículo ha sido verificado y aprobado por el psicólogo Sergio De Dios González al
18 Marzo, 2020
El Chi se define como una fuerza vital que fluye constantemente a través del organismo y que de bloquearse o alterarse, conduce a la enfermedad. Para los orientales, solo si se mantiene el cuerpo sano, la mente logra evolucionar.
 

Casi todos han visto alguna vez el espectáculo de un artista marcial golpeando con su mano una poderosa roca y partiéndola en dos. La mano queda en perfecto estado, siendo en apariencia un resultado fuera de toda lógica. La respuesta que los orientales le dan a este fenómeno es el Chi, o el Qui, un concepto taoísta que viene de mucho tiempo atrás.

No solamente los artistas marciales, sino también los médicos tradicionales chinos trabajan con el Chi. Se le define como un “flujo de energía vital”. Una fuerza de vida que puede concentrarse, liberarse y dejarse fluir, según se quiera. Equivale aproximadamente a lo que en Occidente se llama “la energía”.

El Chi, ese aliento vital, lo gobierna todo, según los orientales. El objetivo de diferentes prácticas orientales, como el Tai-Chi, la acupuntura y el reiki, entre otros, es el de facilitar ese libre flujo del Chi, o reconcentrarlo con un propósito específico.

Quien permanece en su centro, perdura para siempre”.

-Lao Zi-

 
Personas haciendo tai chi para desconectar del trabajo

Los principios del Chi

Se cree que en Oriente comenzó a hablarse del Chi hace aproximadamente 4.000 años. Desde entonces se creyó que esta fuerza vital circula por el cuerpo, como si lo hiciera por una serie de ríos. Tales ríos reciben el nombre de “meridianos” en la medicina china.

Desde hace mucho tiempo se considera que la forma de hacer que el Chi fluya es mediante la respiración y la meditación. Piensan que al respirar adecuadamente una persona se sincroniza con el ritmo del cosmos. Y al meditar se facilita que la fuerza vital rompa su quietud y estancamiento, y, a cambio de ello, fluya por el cuerpo y por la mente.

Con el tiempo, los orientales asumieron que no solo la respiración y la meditación ayudaban a que fluyera la energía vital. Por eso, también incluyeron al movimiento como medio para equilibrar y armonizar el Chi.

 

Sin embargo, no se trataba de cualquier movimiento, sino de unos específicos que fueron agrupados en lo que conocemos como Tai-Chi o Chi-Kung.

Los tipos de Chi

Para los orientales, la energía vital está distribuida por diferentes áreas del cuerpo, incluyendo las zonas más recónditas.

Así mismo, está presente en el exterior del organismo. Sin embargo, se concentra principalmente en los riñones y desde allí hace posible la salud y la vida.

Esta energía vital es de varios tipos. Los principales son los siguientes:

  • Zhong Qi. Es el tipo de energía que proviene de la respiración y se le considera el combustible que necesita todo el cuerpo para funcionar. El oxígeno es su motor e influye en el funcionamiento de los músculos, los órganos, el oído y la voz.
  • Chi del gusto. Esta energía proviene de la tierra y de todos los procesos que se llevan a cabo para absorber los nutrientes. Este Chi es inseparable de la sangre. El sabor de cada alimento define a qué órgano va a beneficiar: picante/pulmones; ácido/hígado; dulce/bazo; amargo/corazón; salado/riñones.
 
  • Wei chi. Se dice que este proviene del Chi de los alimentos y que protege de las infecciones, lubrica la piel y el cabello, aunque no existen evidencias sobre ello.
Mujer con melancolía

La función de la energía Chi

Para los orientales, la salud de la mente es indisociable de la salud del cuerpo. Un desequilibrio en alguno de los dos aspectos afecta inmediatamente al otro.

El Chi fluye para mantener a una persona viva y saludable: para restaurar el equilibrio y evitar que el cuerpo y la mente se debiliten o se deterioren.

La primera señal de que el Chi no está circulando adecuadamente es la producción excesiva de líquidos: orina o sudor. Desde esta perspectiva, se cree que la enfermedad es una señal de que esta fuerza vital no está fluyendo como debería.

 

La forma de recuperar el equilibrio es a través de la meditación, la respiración, la aplicación de presión sobre ciertas partes del cuerpo (mediante acupuntura o masaje) y la práctica de Tai-Chi.

El flujo de la energía vital también depende de la dimensión espiritual. Desde el punto de vista emocional, lo primero que se busca es entrar en un estado de calma. Aquietar la mente es una manera de reestablecer el balance energético. Si se busca que el cuerpo esté sano es porque este no debe ser un obstáculo para que la mente logre ser libre y evolucionar.

Hay prácticas que permiten concentrar el Chi en una zona específica del cuerpo. En las artes marciales, esto se hace principalmente en las manos, los brazos y las piernas. Eso es lo que, según los orientales, permite que una persona aparentemente débil, pueda romper una roca, o saltar casi desafiando la gravedad.

 
Maratea, A., Franco, A., & Jáuregui, S. (2013). El Chi o energía vital.