El consuelo, un bálsamo para el alma

Este artículo ha sido verificado y aprobado por Gema Sánchez Cuevas el 27 abril, 2018
Marian García · 4 enero, 2014

Hay ocasiones en las que te sientes triste o afligido. Sientes la necesidad de refugiarte en alguien. Entonces llega un abrazo o un simple apretón de manos que parece que tuviera el poder de aliviar tu dolor emocional. El consuelo es un acto que alivia la pena de quien lo recibe y regala una dosis de bienestar a quien lo entrega.

Cuando vemos llorar a alguien parece como si se activara de manera automática un impulso por brindar nuestra ayuda a esa persona, aunque ni siquiera sepamos quien es. Las lágrimas en el otro despiertan en nosotros un extraño instinto de protección cuando percibimos la necesidad en otra persona.

Esta necesidad de ayudarnos los unos a los otros se debe a nuestra condición de seres sociales. Nos necesitamos para sobrevivir. Por eso, cuando la vida nos castiga para amortiguar su golpe, buscamos en el otro el bálsamo que alive nuestra pena.

Aprender a consolar

Mujer dando consuelo a otra con un abrazo

Aunque parezca sencillo, saber consolar es importante. No es que haya una fórmula mágica para que el consuelo, pero sí existen una serie de pautas a tener en cuenta a la hora de brindar nuestra ayuda al otro.

Hay personas a quienes les resulta incómodo enfrentarse al sufrimiento del otro porque no sabe cómo actuar o comportarse. En otras ocasiones, en nuestro afán por ayudar a quien sufre, recurrimos a frases o gestos que lejos de mejorar, empeoran la situación.

Lo más importante es saber escuchar al otro sin juzgarle. Hacerles ver y sentir que nos importa, que nos preocupamos por esa persona y que queremos lo mejor para ella.

“El mayor espectáculo es un hombre esforzado luchando contra la adversidad; pero hay otro aún más grande: ver a otro hombre lanzarse en su ayuda.”

-Oliver Goldsmith-

Los especialistas recomiendan desechar para esos momentos frases del tipo “no estés triste” o “no llores”. Llorar, a veces, es necesario y tiene un efecto beneficioso ya que permite que el dolor fluya.

Empatía y cercanía

La empatía es otro recurso que nos servirá para brindar consuelo. Resulta muy positivo ponerse en el lugar del otro y pensar en qué podemos ayudarle sin necesidad de que nos lo pida.

Esto evitará que le preguntemos demasiado y que le agobiemos, algo que no es muy práctico cuando se intenta consolar a otra persona. Es una manera de transmitirle que no está sola en ese duro momento.

“Mira con los ojos de otro, escucha con los ojos de otro y siente con el corazón de otro.”

-Alfred Adler-

El contacto físico resulta también muy positivo a la hora de aliviar el dolor del otro. Acariciar, abrazar o coger de la mano de la otra persona mientras escuchamos o nos escucha, refuerza la sensación de cercanía y seguridad.

El consuelo propio

Chica dándose un abrazo
Desgraciadamente, no siempre encontramos un hombro donde refugiarnos y donde aliviar nuestras penas. En ocasiones, tenemos que enfrentarnos solos a los vaivenes de la vida, es decir, buscar nuestro propio consuelo.

En estas circunstancias es cuando hay que bucear en nuestro interior y encontrar dentro de uno mismo los recursos necesarios para superar esta situación.

Está permitido llorar, pero hay que buscar distracción y refugio en esas actividades que nos brindan placer y nos hacen olvidar nuestra aflicción. Pasear, leer, pintar, disfrutar de nuestra mascota o hacer deporte son algunas opciones a las que podemos recurrir como terapia para que nuestro pesar nos abandone.

“El llanto es a veces el modo de expresar las cosas que no pueden decirse con palabras.”

-Concepción Arenal-

El consuelo, ya sea a otros o a uno mismo, es un acto de generosidad. Aliviar una pena, empieza por no dejar al otro solo. Se trata de acompañar y de comprender. De dar y compartir. En esto consiste el arte de consolar.