El coste oculto del estrés crónico: la pérdida de memoria

30 octubre, 2019
Este artículo fue redactado y avalado por la psicóloga Valeria Sabater
El estrés mantenido durante semanas y meses genera cambios en nuestro cerebro. Entre sus efectos está la pérdida de memoria, junto con los problemas de atención, concentración y toma de decisiones.

El coste oculto del estrés deja mella en nosotros sin que lo percibamos en un principio. Este estado es casi como estar haciendo vida en el interior de un tren que va a alta velocidad. Al inicio del viaje, nos desenvolvemos con normalidad y hasta agradecemos avanzar de manera tan rápida. Ahora bien, poco a poco nos damos cuenta de que apenas disfrutamos de las vistas y de que nuestro cuerpo y nuestra mente, empiezan a resentirse.

Thich Nhat Hanh, el conocido monje budista y autor de libros como Hacia la paz interior, señala que nuestros pensamientos y emociones son como nubes que van y vienen en un día de viento. Es cierto, y en medio de ese vendaval cuesta mucho hallar el equilibrio, ese punto de calma donde tomar el control y permitir que la mente funcione de manera óptima.

No es fácil manejar estos estados psicológicos definidos por el estrés y la ansiedad. Ahora bien, el problema, no es ni mucho menos tener que pasar por una época de estrés elevado. El verdadero foco de preocupación es permitir que esa época se extienda de manera indefinida en el tiempo; es entonces cuando aparecen secuelas, es en ese contexto cuando surge el coste oculto del estrés.

Todos sabemos que un cuerpo sujeto a entornos y situaciones estresantes se resiente. Aparece el dolor muscular, los problemas digestivos, las alteraciones en el descanso nocturno y otros tantos factores que tanto limitan nuestra calidad de vida. No obstante, hay otro factor que no podemos pasar por alto: nos referimos a la pérdida de memoria.

«Muchos ríos tranquilos comienzan como una cascada turbulenta, pero ninguno se precipita y hace espuma hasta el mar».

Mikhail Lermontov-

Hombre con el coste oculto del estrés

El coste oculto del estrés y la memoria que falla en el día a día

Cuando alguien sufre estrés, tiene la sensación de que el mundo, lo que queda fuera de uno mismo, va muy deprisa. Sin embargo, internamente, se percibe todo lo contrario. El desempeño cognitivo se ralentiza. Cuesta mucho focalizar la atención, decidir, iniciar cualquier tarea, etc. Además, y por si no fuera poco, la mente nos boicotea con miedos, dudas y amenazas (no vas a llegar a tiempo en esa entrega, no llegarás a fin de mes, eso lo estás haciendo mal…).

Puede que parezca una redundancia, pero una de las virtudes más oscuras del estrés es que genera más estrés. Así, y aunque a menudo nos quejemos de ese dolor de cabeza, de esos mareos o de ese insomnio que nos ocasiona dicho estado psicológico, no percibimos tanto su impacto emocional y cognitivo. El malestar, la indefensión, la baja motivación y la pérdida de memoria son elementos asociados a tener en cuenta.

El estrés crónico y la dificultad para recordar datos

Lo señalábamos al inicio, el estrés puntual y limitado en el tiempo no tiene mayores consecuencias. Es más, en gran parte de los casos, esa activación interna facilita que logremos determinadas metas, que superemos desafíos y avancemos como seres humanos en un contexto más o menos complejo. Ahora bien, en el momento en que esa activación se alarga durante varias semanas y meses, surge el coste oculto del estrés.

Estudios, como los llevados a cabo por la doctor Jannine Wirkner, de la Universidad de Greifswald, Alemania, nos señalan algo importante. Experimentar estrés agudo, de manera temporal y breve, facilita el recuerdo. Algo que sin duda nos puede beneficiar en contextos de exámenes y determinadas pruebas. No obstante, el estrés crónico, ahí donde la liberación de cortisol (la hormona del estrés) es constante, dificulta nuestra capacidad para asentar nuevos recuerdos.

El estrés actúa de interferencia en todos y cada uno de los procesamientos de la memoria. Es decir, interrumpe la codificación, la consolidación y la recuperación.

Cerebro de un hombre que sufre el coste oculto del estrés

El coste del estrés crónico en el hipocampo y la corteza prefrontal

Por otro lado, investigaciones como las llevadas a cabo por la doctora Kim Jeasonkok de la Universidad de Florida, también nos revelan algo muy llamativo. Cuando el nivel de cortisol es muy elevado, el hipocampo sufre una alteración en su morfología. Esta estructura cerebral relacionada con nuestra memoria y emociones, reduce su tamaño como consecuencia de las hormonas del estrés.

Asimismo, y por si esto no fuera poco, existe otro coste oculto del estrés crónico. Ese estado de activación y alarma constante, provoca que la amígdala inhiba la actividad de la corteza prefrontal. Algo así genera, por ejemplo, que dejemos de pensar de manera más lógica, y que nos cueste tanto reflexionar y tomar decisiones.

Memoria y estrés, una curiosa doble cara

El coste oculto del estrés puede ser a menudo más complejo de lo que pensamos. Sabemos ya que cuando este es crónico, cuando pasamos meses preocupados y sumidos en estados de elevada presión, la memoria falla. Ahora bien, en casos de estrés postraumático, en cambio, determinados recuerdos perduran y son más intensos.

  • Cuando se dan vivencias dramáticas, ahí donde hay un componente emocional muy elevado, nuestro hipocampo mantiene esas imágenes adversas y esas sensaciones de forma permanente (y dolorosa).
  • Sin embargo, tras esa experiencia, también existe una gran dificultad a la hora de asentar recuerdos nuevos, dándose a su vez, problemas en tareas de razonamiento superior como es el análisis reflexivo y lógico, la atención sostenida, la toma de decisiones, etc.
Mujer mirando el horizonte

Con todo ello, no podemos más que admitir una vez más lo complejo que llega a ser nuestro cerebro. Ahora bien, a pesar de estas circunstancias, a pesar de los traumas y del impacto del estrés crónico, hay un hecho que no podemos perder de vista. El cerebro es plástico, cambia y puede revertir todos esos efectos.

El ejercicio físico, la terapia psicológica, la meditación, la correcta gestión del estrés y la atención a nuestros hábitos de vida, puede ayudarnos a potenciar nuestro bienestar y la plasticidad cerebral. Quizás sea hora de ponerse con ello.

  • Wirkner, J., Ventura-Bort, C., Schwabe, L., Hamm, A. O., & Weymar, M. (2019). Chronic stress and emotion: Differential effects on attentional processing and recognition memory. Psychoneuroendocrinology, 107, 93–97. doi: 10.1016/j.psyneuen.2019.05.008
  • Kim, JJ y Diamond, DM (2002). El hipocampo estresado, la plasticidad sináptica y los recuerdos perdidos. Nature Reviews Neuroscience , 3 (6), 453–462. https://doi.org/10.1038/nrn849