El efecto espectador y el conformismo

2 noviembre, 2019
Este artículo fue redactado y avalado por la psicóloga Fátima Servián Franco
El conformismo, generalmente, es presentado como una actitud “responsable”. Pero, es un tipo de comportamiento cuyo rasgo más característico es la adopción de conductas inhibitorias. Un exceso de inhibición social nos puede llevar a mirar hacia otro lado en situaciones de conflicto. Uno de estos ejemplos lo encontramos en el llamado efecto espectador.

Cuantas más personas haya presentes en una situación social, menos probable será que alguna de ellas preste su ayuda (Latané y John Darley, 1968). El efecto espectador es un fenómeno psicológico por el cual es menos probable que alguien intervenga en una situación de emergencia cuando hay más personas que pueden ayudar y es consciente de ello Explicar este hecho grupal-social y analizar por qué ocurre podría abrir una puerta al conocimiento de nuestros comportamientos individuales en grupo. 

Un ejemplo que conmocionó a mucha gente es el caso de Kitty Genovese, la cual fue apuñalada con resultado mortal en 1964 por un violador y asesino en serie. El asesino atacó a Genovese y la apuñaló, pero abandonó la escena después de atraer la atención de un vecino. Volvió diez minutos más tarde y acabó el asalto.

Ninguno de los vecinos que oyeron los gritos y los forcejeos llamó a la policía a tiempo… y se estima que el asalto duró unos 45 minutos. Esto conmocionó al público y se publicaron editoriales extensos que aseguraban que los Estados Unidos se había convertido en una sociedad fría y poco compasiva.

Los psicólogos sociales Bibb Latané y John Darley (1968) decidieron hacer un experimento para demostrar el efecto espectador en el laboratorio.

Comprobaron su hipótesis: cuantas más personas hay presentes, más improbable es que alguna de ellas ayude. Verificaron con estudiantes que este efecto psicológico nos lleva a eludir nuestra responsabilidad cuando apreciamos que esta no es solo nuestra.

«La doctrina dogmática suele decir que la realidad es así, y le creemos a tal punto que no tenemos que pensarla más. Eso es conformismo y contra eso estoy».

-Rosa Montero-

Estatua de tres monos

El conformismo es el enemigo del crecimiento

El conformismo, generalmente, es presentado a los ojos de todos como una actitud “responsable”, es decir, como la base social que da sentido a una vida complaciente.

Sin embargo, el conformismo social es un tipo de comportamiento cuyo rasgo más característico es la adopción de conductas inhibitorias (Roitman y Rosenmann, 2003). Y, un exceso de inhibición social nos puede llevar a mirar hacia otro lado en situaciones de conflicto.

Los testimonios policiales en situaciones sociales de emergencia apuntan a que la mayoría de las personas no ofrece su ayuda porque piensa que otro lo hará. En esta paradoja, muchos de nosotros podemos vernos afectados. Sabiendo el efecto que produce en nuestro cerebro este tipo de situaciones, el fenómeno nos pone en sobre aviso.

El conformismo se presenta como un rechazo a cualquier tipo de actitud que presente enfrentamiento o contradicción con el poder legalmente constituido. El conformismo social se manifiesta tanto en la dimensión colectiva como en la individual. Actúa en todas las esferas de la vida cotidiana.

Asistimos a actos sin quererlo, consumimos productos que no valoramos, convocamos reuniones que rechazamos, acudimos a comidas que no son gratas, mantenemos relaciones sociales obligadas y justificamos conductas contradictorias en aras de una vida más complaciente (Roitman y Rosenmann, 2003).

Amigos hablando en una cafetería

Efecto espectador: la elusión de responsabilidad mide la calidad de las sociedades

Alguien que necesite ayuda puede contrarrestar el efecto espectador dirigiéndose a una persona en concreto de la multitud. Esto desplaza toda la responsabilidad en una persona concreta, siendo un obstáculo para que se difumine. Es cierto que hay demasiados ejemplos en el que las personas en masas eluden su responsabilidad con sus conciudadanos, pero también encontramos justo el efecto contrario.

Hace unas semanas, en un pueblo del País Vasco, concretamente en Portugalete, un grupo de más de diez personas aprovecharon que una vivienda estaba vacía para colarse dentro. Esa vivienda pertenece a una anciana de 94 años que al volver de visitar a su hermana se encontró en la calle sin su hogar.

Pero esta vez, la unión sí hizo la fuerza necesaria para que no se salieran con la suya. Centenares de vecinos, con su movilización masiva, consiguieron echar a los okupas que se colaron en casa de esta anciana de 94 años.

Otro ejemplo actual de la no elusión de responsabilidad la hallamos en la asociación de taxistas. De manera voluntaria, ante la movilización femenina y el repunte de agresiones sexuales, este sector ha tenido como objetivo garantizar la seguridad de sus pasajeras de manera  altruista, esperando a que las mujeres entren en su domicilio.

Saber cómo funciona nuestro cerebro en los fenómenos sociales y grupales nos puede ayudar a subsanar determinadas lagunas, como el efecto espectador, que nos perjudican como individuos y como sociedad. El conocimiento es poder.

«¡Basta de silencios!¡Gritad con cien mil lenguas! porque, por haber callado, ¡el mundo está podrido!».

-Santa Catalina de Siena-

Darley, JM y Latané, B. (1968). Intervención del espectador en emergencias: difusión de la responsabilidad. Revista de personalidad y psicología social , 8 (4p1), 377. Páez, M. R. (1991). Presentación: numero monográfico sobre psicología de salud. Revista Colombiana de Psicología26(1), 9-12. Paniagua, C., & Fernández Soriano, J. (2007). Psicología de las masas y violencia. Ars Medica Revista de Humanidades6(2), 235-264. Pineda-Alfonso, J. A. LA COMPETENCIA SOCIAL Y EL CAMBIO. Roitman, M., & Rosenmann, M. R. (2003). El Pensamiento Sistemático: Los Orígenes Del Social-Conformismo. Siglo XXI.