El efecto Flynn o por qué cada vez somos más inteligentes

Este artículo ha sido verificado y aprobado por Sergio De Dios González el 27 abril, 2018
Valeria Sabater · 27 abril, 2018

El efecto Flynn nos dice que nuestras mentes están cambiando. Cada vez somos más inteligentes y nuestro razonamiento abstracto más hábil. Sin embargo, esas puntuaciones crecientes en el CI no siempre van de la mano de la satisfacción personal o la felicidad. Si bien es cierto que cada vez resolvemos mejor ciertos problemas, el aspecto emocional es aún nuestra cuenta pendiente.

Se ha escrito mucho sobre esta teoría desde que en 1994, el investigador de la Universidad de Otago en Nueva Zelanda, James R, Flynn dejara caer una noticia de impacto: el cociente intelectual de la población muestra un aumento constante. Esto es algo que se viene observando desde inicios del siglo XX.

“La felicidad es la cosa más rara que he podido ver en las personas más inteligentes”.

-Ernest Hemingway-

Aún más, otros científicos y expertos en inteligencia humana como el psicólogo Joe Rodgers, de la Universidad de Oklahoma, señalan otro aspecto interesante. Examinando los test de inteligencia que se vienen aplicando desde los últimos 30 años, como puede ser por ejemplo la a escala Wechsler de inteligencia infantil (WISC), ese aumento en las puntuaciones se da año a año.

Somos conscientes de que algo así llama mucho la atención y nos hace pensar. ¿Quiere decir esto que nuestros nietos van a ser unos superdotados comparados con nosotros? Así, para sacar conclusiones, esta teoría tiene importantes matices que es necesario concretar.

Rostro con procesos informáticos

El efecto Flynn y los avances tecnológicos

El efecto Flynn nos dice que a día de hoy un niño obtendrá de media unos 10 puntos más que sus padres en un test de inteligencia. Por esta regla de tres, parece que el futuro de la humanidad va de la mano de mentes mucho más hábiles, sofisticadas y con un elevado potencial. Sin embargo, los expertos en inteligencia humana se adelantan en esclarecer algunos aspectos clave.

Ese aumento en el cociente intelectual reflejado en los test de inteligencia no significa que nuestro potencial cerebral “bruto” aumente del mismo modo. La mejora de nuestro rendimiento intelectual ha dado un salto notable desde la revolución industrial. Así, aspectos como la educación, una mejor nutrición o los avances en la tecnología son estímulos que han puesto las bases para que nuestra mente avance.

Dicho de otro modo. La inteligencia avanza a medida que se desarrolla la propia sociedad. Lo hacemos para adaptarnos mejor. Necesitamos ir en sintonía con este mundo donde la información discurre mucho más rápido. Queremos ser parte de cada avance técnico, de cada cambio, de cada innovación. Asimismo, un hecho que se viene observando en las pruebas de inteligencia es el aumento en la rapidez de respuesta y en la capacidad de los niños actuales para establecer relaciones entre objetos.

Niño mentalmente fuerte pensando y representando el efecto Flynn

El razonamiento abstracto de los niños, así como la rapidez en su percepción, es algo que mejora año a año. Los neurólogos nos señalan que todo ello puede deberse también a las nuevas tecnologías. Las pantallas interactivas, los juegos y ese mundo virtual surtido de estímulos que piden una respuesta rápida cambia el modo en el que la mente humana procesa la información.  

Todo ello no es mejor ni peor. El efecto Flynn revela en realidad el modo en que aprendemos a reaccionar en un entorno que nosotros mismos estamos creando.

Somos cada vez más inteligentes pero… ¿también más felices?

Más que de felicidad… deberíamos hablar de satisfacción personal. Si año a año las personas mostramos mayores destrezas para resolver problemas, para innovar y facilitar el avance de nuestro mundo… ¿Quiere decir esto que también experimentamos mayores niveles de satisfacción y/o bienestar personal? 

Jean Twenge , profesora de Psicología de la Universidad Estatal de San Diego, publicó un artículo en la American Psychological Associtacion, que debe invitarnos a una profunda reflexión. Las nuevas generaciones, la misma que algunos autores denominan ya como la iGen, está formada por adolescentes claramente infelices. Se les describe cómo chicos y chicas hiperconectados, tolerantes, insatisfechos y nada preparados para la madurez.

La dependencia tecnológica da forma a un nuevo escenario complejo, actualizándose al instante y generando otro más complejo. Las formas de relacionarnos han cambiado y para muchos, incluso el modo de verse a sí mismos y de entender el mundo, también ha variado. Tal vez, sea esa nuestra cuenta pendiente. Si el efecto Flynn nos hace cada vez más hábiles intelectualmente, debemos aprender también a sobrevivir mejor en un contexto cada vez más tecnológico y sofisticado.

Mujer triste con el móvil representando el lado inverso del efecto Flynn

Por otro lado, y como dato curioso, vale la pena mencionar la teoría del transhumanismo. Según este movimiento filosófico liderado por David Pearce y Nick Bostrom, dos profesores de la Universidad de Oxford, el futuro de la humanidad será en realidad muy halagüeño.

En el próximo siglo la humanidad dará (según estos autores) un salto evolutivo. No solo seremos más inteligentes. Seremos una sociedad orientada exclusivamente al hedonismo y la felicidad. ¿Por qué razón? Básicamente porque los avances en ingeniería genética, en farmacología, en estimulación intracraneana y en nanotecnología molecular erradicarán enfermedades y enlentecerán mucho el envejecimiento.

Así, y ante la espera de si esto último se hace realidad o no, en si seremos una humanidad orientada al placer o por el contrario, seres melancólicos habitando una sociedad tecnológica y aséptica, solo cabe una cosa. Centrarnos en el presente. Orientar nuestra mente e inteligencia no solo hacia el progreso, sino también hacia el bienestar personal. Al fin y al cabo, unos puntos de más en el CI no sirven de nada si no somos capaces de crear una realidad más satisfactoria para todos.