Adicción a los videojuegos: síntomas y tratamientos

Este artículo ha sido verificado y aprobado por Gema Sánchez Cuevas el 28 octubre, 2018
Judith Francisco · 16 noviembre, 2017
La adicción a los viejojuegos es algo más serio de lo que parece. Llega a provocar síndrome de abstinencia y posee la misma base psicopatológica que otra adicción. Adéntrate en sus síntomas y tratamientos.

La adicción a los videojuegos es un tema de actualidad. El creciente desarrollo tecnológico y la influencia de internet han hecho que cada vez más gente tenga acceso a juegos, sobre todo online.

De hecho, este último tipo de juegos son los que más preocupan a los profesionales, debido al gran poder y facilidad que tienen para causar adicción. Pero, ¿dónde está el límite que define una conducta como adictiva? ¿Toda persona que juegue en exceso es un adicto a los videojuegos? Profundicemos.

¿Qué es la adicción a los videojuegos?

La actividad excesiva y la actividad adictiva no son lo mismo. Lo que las diferencia, y lo que nos permite llevar a cabo un diagnóstico de adicción, es la interferencia que produce en la vida diaria del jugador. Es decir, una persona con adicción a videojuegos es aquella que pierde parte de su vida jugando. 

Niño con el mando de la consola jugando a videojuegos

Así, para identificar la adicción a los videojuegos, y por tanto para prevenirla y tratarla, es necesario saber que existen una serie de indicadores comportamentales. En este sentido, los síntomas relacionado con esta adicción son los siguientes:

  • Focalización: los videojuegos se convierten en el núcleo central de la vida de la persona. Gran parte de sus pensamientos se dirigen a jugar o a la próxima partida, así como sus sentimientos y actos.
  • Modificación del estado de ánimo: un adicto a los videojuegos se caracteriza por presentar una experiencia subjetiva de euforia y excitación mientras está jugando. Además, esto es considerado también como una estrategia de afrontamiento ante dicha adicción.
  • Tolerancia: al igual que en las adicciones a sustancias, se produce la necesidad cada vez mayor de jugar para igualar la sensación experimentada en sus comienzos. Lo que significa que el jugador pasará cada vez más tiempo frente al videojuego, formándose así un círculo vicioso.
  • Síntomas de abstinencia: cuando no es posible jugar o el tiempo de juego se reduce, el jugar manifiesta una serie de síntomas similares a los que se presentan en un síndrome de abstinencia. Algunos de ellos son por ejemplo: malhumor, irritabilidad, etc.
  • Conflicto: este síntoma hace referencia tanto a conflictos con otras personas, con otras actividades o con uno mismo. La adicción a los videojuegos hace que se vean afectadas las relaciones interpersonales, que aparezcan conflictos laborales o académicos, y a su vez, que el jugador empiece a tener sentimientos subjetivos de pérdida de control.
  • Recaída: después después de períodos de abstinencia o control, se restauran los patrones comportamentales de juego adictivo.

Tratamientos para la adicción a los videojuegos

La reciente concienciación en este campo y la falta de investigación sobre el mismo, hace que los tratamientos para la adicción a los videojuegos sean escasos. Además, existen algunos factores que obstaculizan el avance de la investigación como el crecimiento de la industria de los videojuegos, el bajo coste que supone para el jugador esta adicción y la actitud permisiva de la población ante este tipo de actividades.

Personas jugando a videojuegos

Aún así, existen medidas que se pueden llevar a cabo para prevenir que este problema ocurra. Una población especialmente vulnerable son los niños y adolescentes. Por eso, algunas medidas están directamente dirigidas a padres y educadores que, ante la sospecha de que un menor pueda ser adicto a videojuegos, pueden llevar a cabo las siguientes medidas:

  • Comprobar el contenido de los juegos más utilizados y, en su caso, sustituir los juegos violentos por otros más educativos.
  • Animar al niño a que juegue en grupo, para evitar su aislamiento y favorecer la interacción.
  • Acordar con él los horarios y condiciones de juego. Por ejemplo, negociar con el niño que se jugarán dos horas diarias por la tarde una vez que se hayan hecho todos los deberes.
  • Mantener una escucha activa con el niño. Debemos entender que esa conducta tiene una explicación. A lo mejor es una manera de comunicarse o expresar un malestar en otras áreas de su vida.
  • En el caso de que todo lo anterior falle, podemos retirar la videoconsola durante un tiempo hasta que creamos adecuado devolvérsela.

Obviamente, cuando la adicción a los videojuegos se da en adultos el tratamiento cambia. Existen algunas clínicas que llevan a cabo terapias específicas para esta población. Su filosofía es demostrar a los jugadores que pueden lograr la misma satisfacción en el mundo real. Si bien es cierto, que este tipo de adicción es mucho más infrecuente en la edad adulta.

SOS: Mi hijo está enganchado al Fornite

“Sos: Mi hijo está enganchado al Fornite”, así han titulado la noticia en el periódico “Diario de Mallorca” del 24 de Octubre de 2018. Este titular hace referencia a una jornada que se llevó a cabo en Mallorca sobre la adicción a este juego tan de moda entre los jóvenes.

Varias psicólogas abordaron el tema y señalaron que el juego es “altamente adictivo por su diseño” y que está “promocionado de forma muy inteligente”. Es un juego al que sobre todo juegan muchos adolescentes, pero cada vez, al parecer, se reduce la edad hasta 7 años.

La psicóloga Azuzena Hernández destaca que: “el perfil de usuario de riesgo es un chico de entre 11 y 18 años y de nivel socieconómico bajo o medio-bajo y que la adicción a este videojuego, como a cualquier otro, tiene la misma base psicopatológica que cualquiera otra adicción (y sí, también provoca síndrome de abstinencia).

El tema es más serio de lo que parece, por lo que no debemos despistarnos y dejar a nuestros hijos con las tables y las consolas sólo porque no molesten. Sin saberlo, podemos estar haciendo que se vuelvan adictos a un videojuego con todas las posibles consecuencias negativas después.