El error del periodista sin autocontrol emocional

8 febrero, 2020
Este artículo fue redactado y avalado por el psicólogo Sergio De Dios González
El autoncotrol emocional nos devuelve el timón sobre nuestros actos. En este contexto, nuestra gran fortuna es que lo podemos entrenar, haciéndonos con una lista de estrategias que nos ayudarán.

Ayer, en uno de esos trayectos cotidianos, escuchaba la radio. En concreto, estaban retransmitiendo un partido de copa del rey y barajando la posibilidad de que hubiera penaltis. En este contexto, a uno de los periodistas, en un ejercicio de exaltación, se le ocurrió decir que el autocontrol emocional no se puede entrenar.

En realidad, lo que quería decir es que nada tiene que ver la destreza que algunos jugadores demuestran en los entrenamientos con la destreza que luego muestran en los propios partidos cuando se dan estas situaciones o en una tanda final. Así, tirando del hilo, terminó pronunciando unas palabras que distan de ser ciertas. Dijo que el autocontrol emocional no se entrena.

Como si fuese una virtud determinada por la genética, en la que la educación, la dedicación, la inteligencia emocional o el medio no tuvieran nada que ver. Poco después, uno de sus compañeros contaba una anécdota que iba en contra del esta idea. Hablaba de como Davor Suker -uno de los mejores delanteros de su época- siempre esperaba a que sus pulsaciones descendieran de un número concreto antes de ejecutar una pena máxima.

Este ya es una gran paso hacia el autocontrol emocional, porque no solo reconoce la realidad emocional, sino que también reconoce su influencia en la ejecución. Finalmente señala que tenemos cierto control sobre ella, un abanico de estrategias de afrontamiento para elegir.

En este caso, la espera y la paciencia. Suker jugaba con una convicción extraordinaria que forma parte de muchos planes de intervención actuales para los trastornos de ansiedad, la que después de haber alcanzado un pico, su nivel de activación descendería, recobrando precisión para dirigir sus músculos, posicionar el cuerpo, girar el tobillo y finalmente golpear el balón.

Suker no era psicólogo y quizás tampoco estaba asesorado por ninguno. Sin embargo, la conclusión a la que llegó no pudo ser más brillante. Así, quizás el arma más poderosa que tenemos para mejorar nuestro autocontrol emocional es la adquisición de hábitos o automatismos que nos ayuden.

Mujer con una nube en las manos

¿Qué no mejora nuestro autocontrol emocional?

La imposición de una obligación no funciona; de hecho, suele producir el efecto contrario. Decirle a nuestro cuerpo, igual que decirle a otros -qué sucede cuando le decimos alguien dominado por el enfado que no se enfade-, que se tiene que calmar. Así, no ayuda intentar librar una batalla abierta con la emoción que queremos calmar. En estos casos, igual que en otros muchos, sirve más la maña que la fuerza.

Si fijamos toda nuestra atención en la emoción indeseada para batallar con ella, esta se vendrá arriba. Se inflará como el pez globo, sobredimensionando también la importancia del acontecimiento y alimentando finalmente a la propia ansiedad, enfado o miedo. Aquí se produce una paradoja, cuando nos autoimponemos aumentar su intensidad, en vez de disminuirla, su fuerza tiende a decaer.

Tampoco suele funcionar la búsqueda de una distracción radical. Seguramente hace un momento no estabas pensando en un oso blanco. Sin embargo, ahora, si te pido que dejes de pensar en él, vas a seguir pensado en él. Nuestra mente, en este sentido, suele ser un poco el niño en la etapa de la autoafirmación, donde lo más probable es que nos lleve la contraria.

¿Qué nos da poder sobre nuestras emociones?

Entender que no son todo. Que igual que han venido… se irán. Que, cuando son muy intensas, difícilmente tomamos las mejores emociones. Sobredimensionan sesgos, nos animan a utilizar estereotipos, haciendo que intentemos ser más rápidos que el propio tiempo, que intentemos salir corriendo cuando no estamos en la selva y hay leones.

Mujer disfrutando el arte de no pensar

Ayuda escucharlas, porque tienen un mensaje para nosotros. Esto lo intuyen también muchos jugadores. Su ansiedad les dice que la situación es importante, que el portero es probable que también se sienta ansioso y, por lo tanto, intentan que lo esté todavía más para mermar su rendimiento.

Para mejorar nuestro autocontrol emocional, lo que podemos hacer es mucho y valioso. En muchos casos, ganamos cuando nuestras emociones secuestran nuestra conducta, haciendo que tomemos decisiones rápidas.

Sin embargo, en otras ocasiones nos perjudican, disminuyendo nuestro rendimiento o haciendo que nos decantemos por estrategias de afrontamiento poco adecuadas. Así, la inteligencia emocional empieza distinguiendo unas de otras.

Buceta, J.M. (1991). Psicología clínica y salud: aplicación de estrategias de intervención. Madrid:UNED.