El error fundamental de atribución

el error fundamental de atribución, como su nombre indica, afecta y distorsiona las atribuciones que hacemos sobre las demás personas y sobre nosotros mismos. Veamos en qué consiste y cómo evitarlo.
El error fundamental de atribución
Roberto Muelas Lobato

Escrito y verificado por el psicólogo Roberto Muelas Lobato.

Última actualización: 06 septiembre, 2022

Valorar toda la información con la que nos encontramos en el día a día es imposible. Y más con el auge de internet y de las redes sociales. Continuamente tenemos que tomar decisiones, más o menos importantes, basándonos en la información con la que contamos o podemos buscar.

Al ser demasiada información y no disponer de tiempo para revisarla toda, normalmente tomamos decisiones rápidas basadas en heurísticos. Ellos nos conducen a que se produzcan sesgos, como el error fundamental de atribución (Gilbert, 1989).

También conocido como sesgo de correspondencia, el error fundamental de atribución, como su nombre indica, afecta y distorsiona las atribuciones que hacemos. Describe la tendencia o disposición a sobredimensionar o sobrevalorar las disposiciones o motivos personales internos cuando se trata de explicar/atribuir/interpretar un comportamiento observado en otras personas, minusvalorando la importancia de las circunstancias.

Profundicemos en ello. 

Juez

El experimento de Castro

Edward E. Jones y Keith Davis (1967) diseñaron un estudio para comprobar cómo funcionaban las atribuciones. En concreto, querían estudiar la forma en la que atribuimos a la crítica una actitud desfavorable.

En el experimento, a los participantes se les dio a leer unos ensayos, en donde unos mostraban contenido en contra de Fidel Castro y otros a favor. Posteriormente, los sujetos tenían que calificar las actitudes de los escritores hacia dicho personaje político.

Las atribuciones que hacían eran las mismas que las que le atribuían al contenido del texto. Es decir, decían que los que escribían a favor tenían una actitud favorable a Castro y los que escribían en contra, estaban en contra de él.

Hasta el momento el resultado fue el esperado. Al pensar que los escritores habían escrito con libertad, las atribuciones que se hicieron fueron internas. Cada uno escribía de acuerdo a sus creencias. Sin embargo, a otros participantes se les dijo que los escritores habían escrito a favor o en contra de Castro por el azar.

Se había tirado una moneda al aire y dependiendo del resultado tenían que escribir a favor o en contra. Los experimentadores esperaban que ahora las atribuciones fueran externas pero, muy al contrario, las atribuciones seguían siendo internas. Si escribe a favor, está a favor; si escribe en contra, están en contra, independientemente de qué motivos les llevaran a escribirlo. Curioso el funcionamiento de nuestra mente, ¿verdad?



Personas señalando a otra como culpable

Atribuciones internas y externas

Pero, ¿qué son las atribuciones internas y externas? ¿En qué se diferencian? La distinción entre ambas tiene que ver con las causas que hay detrás de las atribuciones. Así, una atribución interna explica las acciones de una persona en función de sus características personales, como sus predisposiciones, motivaciones, actitudes o rasgos de personalidad.

Por ejemplo, si alguien que me cae mal, suspende un examen o es despedido del trabajo, probablemente atribuya causas internas a ese hecho. Suspendió porque es tonto, le echaron del trabajo por vago. Ser tonto y vago son características estables de las personas.

Por su parte, las atribuciones externas se basan en la influencia de factores situacionales, los cuales suelen ser cambiantes y azarosos. Siguiendo con el ejemplo anterior, yo suspendí porque tuve un mal día y me echaron del trabajo porque mi jefe es un incompetente.

En esta ocasión, las atribuciones podrían basarse en eventos circunstanciales, como tener un mal día o en características internas de terceras personas.

Ahora bien, una aspecto interesante del error fundamental de atribución es el denominado sesgo de actor-observador. Este último refiere que, cuando somos observadores de otra persona, tendemos a atribuir sus acciones a su personalidad o motivación interna, más que a la situación. Pero cuando somos actores, es decir cuando observamos nuestra propio comportamiento, solemos atribuir nuestras acciones a factores situacionales.

Por ejemplo, si un compañero de trabajo llega tarde a una reunión, lo más probable es que atribuyamos su impuntualidad a su personalidad: “es un irresponsable”, “seguramente se quedó dormido”, “no respeta el tiempo de los demás”, etc.

Pero si somos nosotros los que llegamos tarde, lo más probable que se lo atribuyamos a la situación: “Se demoró el colectivo”, “el tráfico colapsó las vías”, “el metro estaba con retraso”, etc.



Explicaciones al error fundamental de atribución

Existen diversas teorías que tratan de explicar cómo surge el error fundamental de atribución. Aunque no se sabe exactamente por qué se produce, algunas teorías se atreven a plantear algunas hipótesis.

Una de estas teorías es la hipótesis del mundo justo. Según esta hipótesis, las personas obtendrían lo que merecen y merecerían lo que obtienen. Atribuir fracasos a causa de la personalidad, más que a causa de las situaciones, satisface nuestra necesidad de creer en un mundo justo. Esta creencia refuerza la idea de que tenemos el control de nuestra propia vida.

Otra teoría es la de la comunicación del actor. Cuando prestamos atención a una acción, el individuo es el punto referencial mientras que pasamos por alto la situación, como si fuera un simple fondo. Por ello, las atribuciones del comportamiento se basan en las personas que observamos. Cuando nos observamos a nosotros mismos somos más conscientes de las fuerzas actúan sobre nosotros. De ahí, las atribuciones externas.

Camino

La cultura en el error fundamental de atribución

El error fundamental de atribución no se da de igual forma en todo el mundo. Algunos investigadores han comprobado que es más común en las culturas individualistas. Aquellas personas más individualistas van a caer más veces en este sesgo que aquellos que provengan de culturas más colectivistas. De este modo, los asiáticos, atribuyen con más frecuencia el comportamiento a las situaciones, mientras que los occidentales a la conducta del actor.

Estas diferencias están orientadas por cada cultura. Los individualistas, más comunes en países occidentales, tienden a verse a ellos mismos como agentes independientes y por ende son proclives a los objetos individuales frente a los detalles contextuales. En cambio, los más colectivistas tienden a poner más atención en el contexto.

Una diferencia clásica se puede encontrar en los cuadros. Los cuadros occidentales ponen figuras de personas ocupando gran parte de los cuadros, mientras que casi no desarrollan en fondo. En cambio, en países como Japón, los cuadros muestran personas muy pequeñas en paisajes en los que cada detalle está muy desarrollado.

Como hemos visto, los sesgos son difíciles de evitar ya que están incluidos por factores como la cultura. Sin embargo, no es imposible evitarlos. Algunas técnicas (Gilbert, 1989) para corregir el error fundamental de atribución son:

  • Poner atención en información de consenso, si mucha gente se comporta igual en una misma situación, la causa puede ser la situación.
  • Preguntarse a uno mismo cómo actuaría en esa misma situación.
  • Buscar causas inadvertidas, específicamente buscar factores menos sobresalientes.

Una forma de simplificar la realidad

En suma, el error fundamental de atribución es una forma de razonar basada el esencialismo, donde encajamos las acciones de otras personas en determinadas categorías y, a partir de allí,  asumimos que así es la esencia del otro.

Por ejemplo, si encasillamos a otra persona dentro de la categorías de “vago y perezoso” entonces todas sus acciones serán juzgadas en función de esa atribución. Lo que sin duda nos llevará a un error en nuestro razonamiento.

Lo mismo puede suceder cuando valoramos nuestras propias acciones, pero esta vez es probable que atribuyamos las causas de las mismas a factores externos. Así, dejamos de lado la responsabilidad que tenemos sobre nuestro comportamiento. De allí, la importancia de saber reconocer esta forma de pensar en nosotros mismos y evitarla a toda costa.

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  • Gilbert, D. T. (1989). Thinking lightly about others: Automatic components of the social inference process. In J. S. Uleman & J. A. Bargh (Eds.), Unintended thought (pp. 189–211). New York: Guilford Press.
  • Jones, E. E. & Harris, V. A. (1967). The attribution of attitudes. Journal of Experimental Social Psychology, 3, 1–24
  • Lassiter, F. D., Geers, A. L., Munhall, P. J., Ploutz-Snyder, R. J. y Breitenbecher, D. L. (2002). Illusory causation: Why it occurs. Psychological Sciences, 13, 299-305.
  • Lerner, M. J. & Miller, D. T. (1977). Just world research and the attribution process: Looking back and ahead. Psychological Bulletin, 85, 1030-1051.
  • Markus, H. R., & Kitayama, S. (1991). Culture and the self: Implications for cognition, emotion, and motivation. Psychological Review, 98, 224-253.
  • Ross, L. (1977). The intuitive psychologist and his shortcomings: Distortions in the attribution process. ‘In L. Berkowitz (Ed.), Advances in experimental social psychology (vol. 10, pp. 173–220). New York: Academic Press.