El factor Aladino y nuestra capacidad para que los demás nos tengan en cuenta

08 Abril, 2020
Este artículo ha sido escrito y verificado por la psicóloga Cristina Roda Rivera
¿Sabes en qué consiste el llamado factor Aladino? ¿Conoces hasta qué punto te influye y cómo lo puedes utilizar a tu favor? En este artículo te lo contamos.
 

El factor Aladino es un concepto que defiende que no vemos realizados muchos de nuestros deseos porque no hacemos peticiones. Subestimamos la probabilidad de que las personas digan “sí” cuando pedimos un favor. Subestimamos “el factor Aladino” de que nos concedan lo que pedimos.

Los estudios han demostrado que las personas no confían demasiado en que exista disposición en los demás para completar los cuestionarios que les dan, donar a una organización benéfica o simplemente escuchar lo que tenemos que decir.

¿Alguna vez has necesitado algo de un extraño? ¿Necesitabas pedir prestado su teléfono, pedir direcciones o darle un abrazo como parte de una búsqueda del tesoro elaborada? Esos momentos pueden estar llenos de dudas y a menudo esperamos lo peor. Pero, ¿estamos en lo cierto?

Una nueva investigación muestra que nos infravaloramos y tememos lo peor cuando se trata de pedirle un favor a la gente. Recientemente, Vanessa Bohns presentó un resumen de su investigación sobre este tema y ​​pinta una imagen más esperanzadora de nuestra capacidad de influencia que la que por lo general tenemos.

Personas hablando de negocios
 

El factor Aladino: el deseo de pedir un teléfono móvil

Digamos que necesitabas pedir prestado el teléfono móvil de alguien. ¿Necesitas una historia para justificarlo? Bien, hiciste todo el viaje en autobús escuchando episodios antiguos del podcast de tu youtober favorito. Se agotó la batería y tienes que llamar a tu amigo para que pueda recogerte. ¿Estará el factor Aladino de tu parte? Según él, solo tienes que pedirlo.

¿A cuántas personas crees que tendrías que preguntar antes de que alguien te preste su teléfono para hacer una llamada?

En un estudio, los investigadores hicieron a las personas una pregunta similar. Sin embargo, los participantes estimaron antes a cuántas personas tendrían que acercarse antes de que 3 personas aceptaran prestarles sus teléfonos. En promedio, los participantes supusieron que tendrían que preguntarle a 10 personas.

Fue cuando los participantes salieron e intentaron que tres personas les prestaran sus teléfonos. De esta manera, podemos ver si fueron precisos en sus conjeturas.

Como resultado, solo tomó cerca de un promedio de 6 personas obtener 3 personas para prestar sus teléfonos celulares. En otras palabras, la gente subestimó cómo de dispuestas estarían otras personas para ayudarlos.

El factor Aladino: ¿y si pides un favor algo embarazoso?

De acuerdo, entonces la gente está más dispuesta a prestarnos sus teléfonos de lo que esperaríamos, pero ¿hasta dónde llega la amabilidad de las personas? ¿Qué pasa si debemos pedirle a la gente que haga algo éticamente cuestionable?

 

En otro estudio, Bohns y sus colegas consideraron un hecho más grave en la sociedad estadounidense: estropear un libro de una biblioteca.

Los participantes en este estudio aprendieron que su trabajo era conseguir que alguien escribiera la palabra “pepinillo” en un libro de la biblioteca. ¿Lamentable? ¿inexplicable? Pues todas las anteriores. Su estrategia sería decir que estaban jugando una broma a alguien, pero que necesitaban que la palabra se escribiera con una letra que no fuera la suya.

Al igual que con el estudio del teléfono, los investigadores pidieron a los participantes que intentaran predecir el número de personas que tendrían que acercarse antes de conseguir que 3 personas aceptaran “destrozar” el libro de la biblioteca. En promedio, los participantes adivinaron que tendrían que acercarse a unas 11 personas antes de lograr que 3 personas estuvieran de acuerdo.

Luego salieron e intentaron que la gente escribiera en el libro. Se encontraron con reacciones como “¿Tengo que destrozar este libro? ¿Estás seguro? ¡Es un buen libro!”.

En contraste con sus expectativas, el número de personas distintas a las que tuvieron que hacer la petición para conseguir su propósito fue de 5. Una vez más, las estimaciones de las personas pecaron de pesimistas.

El factor Aladino: ¿por qué estamos tan equivocados sobre el poder de preguntar?

Bien, hemos visto que subestimamos las posibilidades de que una persona nos ayude. Pero, ¿por qué nuestras predicciones son tan desajustadas? Al menos parte del problema es que olvidamos lo incómodo que puede ser decir “no” a alguien.

 

Si se te acercaran y te pidieran que firmaras mi petición para promover el ecologismo, podrías sentirte como un antipático si dijeras que no. Puedes sentir que ofendes al otro, diciéndole implícitamente que no estás de acuerdo con sus valores.

Como dice Bohns: “muchas personas están de acuerdo con las cosas, incluso las cosas que preferirían no hacer, simplemente para evitar la considerable incomodidad de decir un no“.

Sin embargo, a pesar de que este es el hecho, tendemos a no pensar en ello. De hecho, cuanto menos consideramos lo incómodo que es decir “no” a alguien, más nos equivocamos en nuestras estimaciones.

Mujer pensando en los mensajes contradictorios

No dejes que adivinen tus deseos, mejor formúlalos

Si quieres que se cumplan tus deseos, lánzate. Estos son ejemplos anecdóticos, pero en la vida real nuestros objetivos y siempre se encontrarán por el camino múltiples respuestas negativas. Contar con ello es parte de la vida. En el caso de los comerciales y sus objetivos de venta está claro que siempre cuentan con el “no”.

Pero más allá de la negativa, siempre habrá personas que tengan una barrera principal en dar un “no” rotundo sin dejar a hablar a la otra persona.

 

Esta capacidad comunicativa nos permite no solo explorar lo que nos interesa o no, sino poner en práctica nuestra asertividad. En este sentido, dejemos que el genio de la lámpara no sea tan adivino para que nuestros deseos sean cumplidos.