El frasco de la calma, la técnica para tranquilizar a los niños - La Mente es Maravillosa

El frasco de la calma, la técnica para tranquilizar a los niños

Raquel Lemos Rodríguez 24 octubre, 2017 en Psicología educativa y del desarrollo 135 compartidos
Niña con su frasco de la cama

¿Tu hijo sufre rabietas? ¿Es susceptible a padecer ansiedad? En ocasiones, los padres o tutores se encuentran desbordados debido a que desconocen las herramientas adecuadas que les permitan lidiar con situaciones como estas. Por eso hoy descubriremos una técnica muy adecuada para estos casos: el frasco de la calma.

El frasco de la calma es una técnica que diseñó María Montessori, una pedagoga y educadora, que también dedicó su atención y esfuerzo a muchos otros intereses. Su principal objetivo fue diseñar un método que facilitara el aprendizaje de los más pequeños de una manera divertida. Para lograr este objetivo, se centró en diferentes actividades que ayudasen a los niños a relacionarse con sus emociones.

Actualmente, en las escuelas no se realiza ningún ejercicio orientado a educar a los niños para que sepan lidiar y gestionar de manera adecuada sus emociones
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El frasco de la calma, una técnica también para los padres

El frasco de la calma que diseñó Maria Montessori no solo es aplicable a los niños, sino que los padres u otros adultos también pueden beneficiarse de ella. Nos cuesta mucho lidiar con nuestras emociones, gestionarlas de forma adecuada, entenderlas y expresarlas. Por eso, sería muy beneficioso que todos nosotros pusiéramos esta técnica en práctica.

El frasco de la calma no es más que un recipiente transparente, puede ser de cristal o de algún tipo de plástico, en el que se introduce purpurina, agua, pegamento y colorante. Si dejamos que el niño escoja el color de la purpurina y permitimos que él mismo haga su propio frasco de la calma mucho mejor. Aquí te dejamos un vídeo que aclarará todas tus dudas y te permitirá ver cuál es el resultado.

Si los progenitores realizan esta manualidad tan divertida con sus hijos, pronto comprobarán que ellos también se quedan prendados de ella. Al agitar el frasco, la purpurina se mueve de una manera que hipnotiza y que, al mismo tiempo, calma. Capta nuestra atención de tal manera que hace que nos olvidemos de todo, que nuestra mente se quede “en blanco”.

El frasco de la calma es efectivo tanto para niños, como para adolescentes y adultos. Sin embargo, después de utilizarlo es necesario que hablemos sobre el motivo que nos ha llevado a utilizar esta técnica
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El objetivo es que cuando los niños estén enfadados utilicen el frasco de la calma. Sus colores y la brillantina moviéndose harán que se tranquilicen, que se olviden por un momento de lo que ha causado su rabieta y que puedan, posteriormente, hablar de ello sin problemas.

Esta técnica no es una nueva forma de castigo

Quizás muchos padres crean que esta técnica es una nueva forma de castigo. Como cuando los niños hacen algo mal y los mandamos de espaldas a la pared. No obstante, este no es el objetivo de esta técnica. Después de utilizar el frasco de la calma, la cosa no queda ahí. Hay que hablar con los niños y ayudarles a que expresen lo que han sentido.

¿Cuál fue el motivo del enfado? ¿Qué les llevó a sentirse tan furiosos? Cuando tenemos las emociones a flor de piel no podemos pensar con claridad. Sin embargo, una vez nos tranquilizamos podemos conseguir ver la situación que en su momento nos ha afligido desde una perspectiva más calmada y menos radical. Así nos daremos cuenta de que, quizás, nuestra reacción ha fue desmesurada.

Esto es lo que deseamos que los niños logren comprender utilizando el frasco de la calma. Gracias a esta técnica que es positivo que utilicen lo más tempranamente posible, serán capaces de lidiar con sus emociones de una manera eficaz. No actuarán de manera impulsiva, sino que se permitirán darse un tiempo para calmarse y, después, analizar con claridad lo que ha ocurrido.

Niño con su frasco de la calma

La clave aquí se encuentra en el tiempo que los padres les dediquen a sus hijos: este tiene que ser el suficiente como para que puedan interiorizar y aprender esta técnica de manera efectiva. Sentarse con ellos, guiarles durante el proceso de observación del frasco de la calma y, posteriormente, ayudarles a expresar sus emociones será muy importante.

Muchas veces los niños no saben el tipo de emoción que están sintiendo, por qué la experimentan, cómo se llama, por qué está ahí y cuál es su objetivo. Es responsabilidad de los padres enseñarles a descubrir todo esto y guiarles para que sepan expresar sus emociones.
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Lo cierto es que muchos adultos también tienen problemas para identificar y expresar sus emociones. Por eso, esta técnica puede ser de gran ayuda tanto para padres como para hijos. Un aprendizaje mutuo del que todo el mundo puede beneficiarse y que permitirá que tanto los más pequeños como los más grandes crezcan y mejoren a su gestión emocional.

Raquel Lemos Rodríguez

Soy escritora y una apasionada de la música. Rodeada de libros desde pequeña, siento la necesidad de plasmar escribiendo aquello que me inquieta y provoca curiosidad.

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