El halcón que no podía volar, una historia zen sobre la autonomía

Este artículo ha sido verificado y aprobado por el psicólogo Sergio De Dios González el 24 marzo, 2019
Edith Sánchez · 24 marzo, 2019
En esta historia zen sobre la autonomía se habla sobre la importancia de las dificultades. Estas no deben verse como algo negativo, ya que muchas veces es precisamente a través de ella que logramos encontrar nuestras habilidades.

Esta historia zen sobre la autonomía nos cuenta que en un lejano reino había un soberano muy querido por su pueblo. Gobernaba de manera justa y por eso todos confiaban en él y obedecían sus órdenes sin cuestionarlas demasiado. También eran muchos los que le llevaban bellos obsequios como señal de admiración y afecto.

Una vez el rey recibió a un hombre que le llevaba un regalo muy especial. Eran dos pequeños halcones, ambos hijos de un ejemplar extraordinario. El soberano agradeció tan maravilloso regalo y de inmediato llamó al maestro de cetrería para que se encargara del entrenamiento de los animales. No había nadie en el reino que supiera de halcones más que él.

El maestro recibió a los polluelos y desde el comienzo les dio un tratamiento especial. Conseguía para ellos el mejor alimento y se encargaba personalmente de su cuidado. Los días comenzaron a pasar y ambos halcones empezaron a crecer. Sin embargo, nos dice esta historia zen sobre la autonomía que, a pesar de ser hermanos, eran muy diferentes.

La gente suele decir que tal o cual persona no se ha encontrado todavía a sí mismo. Pero la autonomía no es algo que uno encuentra, es algo que uno crea”.

-Thomas Szasz-

Crías de halcón

Los dos polluelos y sus diferencias

Desde el principio, el maestro de cetrería notó que uno de los polluelos era quizás más débil y tímido. Por eso reservaba la mejor comida para él. Incluso a veces olvidaba alimentar al otro, o solo le daba pequeñas raciones. Estaba obsesionado con no permitir que muriera ninguno de los dos y sentía que uno de ellos le necesitaba más.

Al ir creciendo, el polluelo olvidado comenzó a hacer sus primeros paseos, alejándose de la pequeña jaula que permanecía abierta. Buscaba algo más de comida y así, poco a poco, fue familiarizándose con el lugar. Descubrió diferentes plantas, granos y gusanos que le parecieron exquisitos. De este modo compensaba la falta de cuidados.

Cuenta esta historia zen sobre la autonomía que pronto ambos polluelos se convirtieron de dos magníficos halcones. El más protegido había adquirido la costumbre de esperar a que le dieran alimento y cuidados, mientras que el otro se había vuelto muy independiente. Sin embargo, la mayor diferencia entre ambos era que mientras el uno permanecía siempre quieto, el otro había aprendido a volar. También sabía cómo volver.

Una enseñanza en la historia zen sobre la autonomía

El maestro de cetrería aceptó que no era capaz de encontrarle una solución al problema. Por más que lo intentaba, no lograba que el halcón protegido alzara el vuelo. Lo máximo que consiguió fue sacarlo de la jaula y ponerlo sobre la fuerte rama de un árbol. Allí permanecía todo el día, pero no daba ninguna señal de que quería volar. Viendo esto, el maestro decidió contarle al rey lo sucedido.

Cuando el soberano supo de esta enorme diferencia entre los dos ejemplares, decidió lanzar un edicto. Cuenta la historia zen sobre la autonomía que en este ofrecía una jugosa recompensa para aquel que fuera capaz de enseñarle a volar al halcón que se resistía a hacerlo.

Llegaron entonces toda suerte de expertos a aquel reino. Venían incluso de países lejanos, movidos por el deseo de ganar la buena voluntad del rey y, de paso, la cuantiosa recompensa. Cada uno de ellos pensaba que había dado con la estrategia que le permitiría lograr el objetivo.

Halcón

Una enseñanza en la historia zen sobre la autonomía

Pasaron varios meses y ninguno de ellos logró que el halcón volara. Trataban de cautivarlo con deliciosos manjares, pero el animal no se movía de su rama. También intentaron llevando otros halcones que le mostraban diferentes técnicas de vuelo, pero nada ocurría. Incluso uno de los aventureros quiso realizar una ceremonia mágica y aplicar sus hechizos al animal, pero tampoco logró que se apartara de la rama en la que permanecía todo el día.

Según la historia zen sobre la autonomía, cierta mañana llegó un humilde campesino al castillo. Para la mayoría, pasó desapercibido. El hombre, ya entrado en años, simplemente se sentó junto al árbol y observó detenidamente al halcón. Así estuvo todo el día, hasta que cayeron los rayos del sol.

Al día siguiente, el humilde campesino se presentó ante el rey y le pidió que mirara por la ventana. El soberano casi no sale de su asombro cuando vio al halcón surcando el cielo.

Llamó al maestro de cetrería para asegurarse de que era el mismo animal tímido que hasta ayer no se movía de la rama y el maestro lo certificó. Al ver lo sucedido, el rey le preguntó al hombre cómo lo había logrado. El campesino, con gran sencillez, le contestó: “Fue muy fácil. Solo le corté la rama”.

Rajneesh (Bhagwan Shree). (1987). Y llovieron flores: charlas sobre historias Zen. Barath.