El hastío: el impacto del vacío y el aburrimiento crónico

¿Te sientes hastiado últimamente? Detrás de este sentimiento navega desde el aburrimiento hasta la apatía y la desafección. Estamos ante un estado psicológico de gran impacto que puede mermar nuestra calidad de vida. Lo analizamos.
El hastío: el impacto del vacío y el aburrimiento crónico
Valeria Sabater

Escrito y verificado por la psicóloga Valeria Sabater el 10 Febrero, 2021.

Última actualización: 10 Febrero, 2021

Podríamos definir el hastío como una incómoda combinación entre la insatisfacción, el tedio y el cansancio. Tras él, se inscribe también la sombra de ese aburrimiento crónico que todo lo impregna y que lo desdibuja. Ahora bien, desde un punto de vista psicológico, este estado de ánimo es más complejo de lo que parece porque tiene, por término medio, un gran impacto para la salud mental.

Todos hemos sentido cierto hastío en algún momento y sabemos lo asfixiante que resulta. Es mucho más que perder la motivación, es percibir que lo que nos rodea es desagradable y falto de sentido. Así, en el mundo de la literatura figuras como Baudelaire hicieron de este concepto un tema recurrente en sus obras, definiéndolo como ese estado en el que lo divino se desvanece y la existencia se convierte en una llanura.

De este modo, percibir que en nuestro horizonte no hay nada más que una extensión saturada de vacíos nos aboca sin duda a una monotonía existencial en la que no tarda en emerger la angustia, la ansiedad e incluso la depresión… Es importante saber detectar estos estados y actuar en consecuencia por nuestro bienestar y felicidad. Lo analizamos.

Mujer sintiendo hastío

¿Qué hay detrás del hastío?

Si tuviéramos que buscar una palabra que definiera lo opuesto al hastío sería el entusiasmo. Pocas emociones son tan enriquecedoras, vitales y inspiradoras como sentirnos entusiastas, con ese estado de ánimo exaltado con el que uno se siente capaz de hacer cualquier cosa. Ahora bien, con el hastío se enciende una realidad emocional que todo lo aniquila y que va más allá de la tristeza.

Resulta llamativo percibir como esta dimensión fue, hasta no hace mucho, territorio de la filosofía más que de la psicología. Blas Pascal, por ejemplo, ya señaló en su momento que el hastío era (e iba a ser) el principal problema de la humanidad. George Steiner, por su parte, afirmaba que somos sujetos del hastío cuando la vida se convierte en un eterno esperar y, a su vez, en ese veneno que nos lleva del aburrimiento a la desesperación.

Schopenhauer apuntaba que esta dimensión surge cuando todo nos abandona: el amor, el placer de viajar, de leer… Es entonces cuando surge la “nada”, esa ausencia total de estímulos y pasiones que nos lleva al ahogo porque todo lo que nos envuelve, es homogéneo, hueco y aburrido. Así, es precisamente esta última dimensión, la del aburrimiento, la que toma también la psicología para explicar las raíces del hastío.

El aburrimiento crónico y el dolor emocional

En efecto, la filosofía navegó durante décadas sobre la idea del hastío como ese aliento que emerge del tedio constante, del desinterés y el vacío. Para la psicología, quien se siente hastiado experimenta aburrimiento crónico, y bajo esa realidad suele haber, a menudo, un hecho traumático.

Cuando alguien vive una experiencia de gran dureza emocional intenta a duras penas callar el miedo, la rabia, la tristeza… Esos estados psicológicos conflictivos se intentan silenciar para poder así seguir avanzando por la vida.

Para ello, lo que se hace a menudo es desconectarse de las propias emociones, cayendo así en un estado de aburrimiento constante, de vacío, donde el dolor abrumador queda escondido. El hastío es en estos casos la máscara de la desesperación subyacente. 

¿Cómo saber si lo que sientes ahora mismo es hastío?

La mayoría conocemos la sensación de estar hastiados. Sin embargo, hay veces en que este tipo de sentimiento, lejos de ser algo puntual, se instala en nosotros como una bruma constante, como una espina que se clava de manera profunda hasta alterar nuestra forma de ser. Veamos cuáles son sus características:

  • Nada atrae tu interés, ni siquiera las cosas que antes te apasionaban.
  • Todo te parece rutinario, falto de sentido.
  • No tienes metas a corto ni largo plazo.
  • Nada te emociona, ni despierta risas y alegrías en ti.
  • Te sientes insatisfecho con tu vida, con lo que te rodea, incluidas las personas que te rodean y la sociedad en la que vives.
  • Asimismo, te percibes agotado física y psicológicamente.
Mujer sintiendo hastío

Hastío y depresión

Señalábamos al inicio la importancia de tener presente los sentimientos de hastío por ser, a menudo, un factor de riesgo para la salud psicológica. De este modo, sabemos ya que alguien que se sienta continuamente hastiado evidencia esa forma de apatía y aburrimiento crónico que esconde, en muchos casos, algún factor traumático.

Estamos ante una realidad mental caleidoscópica, hay muchas dimensiones que considerar y que tener en cuenta. Sin embargo, existe algo que nunca debemos perder de vista. Estudios como los realizados en la Universidad de Virginia Commonwealth nos indican que el aburrimiento crónico suele conducir en buena parte de los casos a una depresión.

El vacío, la apatía, la falta de motivación y de significados vitales carcomen el ánimo y boicotean la identidad. Nos hacen sentir inútiles en un mundo invadido (en apariencia) por la nada. Es muy difícil salir indemne de esa inercia de cansancios y ausencia sentidos. Detectar estas realidades y actuar cuanto antes es, por tanto, decisivo. Para ello, además de solicitar ayuda especializada, es bueno tener en cuenta lo siguiente:

  • Habla con alguien sobre cómo te sientes. Permite que otros abran nuevas perspectivas en ti.
  • Cambia tus rutinas y hábitos de vida. Cualquier variación será un nuevo estímulo.
  • Prueba cosas nuevas. Iníciate en otros proyectos, aficiones, conoce gente nueva.
  • Deja a un lado todo aquello que te aburra.
  • Haz ejercicio, atiéndete, practica el autocuidado.
  • Acude a terapia psicológica para tratar posibles traumas o realidades de tu vida que deberías atender.

Para concluir, la nada que acompaña al hastío se desvanece en cuanto la persona haya nuevos significantes y propósitos a su existencia. Esto es lo que deberíamos practicar a diario: renovar nuestras metas y alimentar la ilusión.

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