El interesante experimento de las gominolas

Edith Sánchez · 31 agosto, 2019
Este artículo ha sido verificado y aprobado por el psicólogo Sergio De Dios González el 31 agosto, 2019
El experimento de las gominolas data de los años 60 y supuso una revolución. El impacto no solo fue por poner de relieve la importancia del autocontrol, sino también por establecer un procedimiento base para posteriores estudios que han investigado las circunstancias que pueden incidir sobre el autocontrol.

El experimento de las gominolas es uno de los más famosos en psicología. Tiene que ver con el autocontrol y con la capacidad para postergar la gratificación. Lo llevó a cabo el psicólogo Walter Mischel, en el centro de educación preescolar Big Nursery School, de la Stanford University, en California. Corría la década de los sesenta.

Puede decirse que el experimento de las gominolas era muy sencillo en realidad. Niños, de 4 a 6 años, eran conducidos a una “habitación sorpresa”. Allí los sentaban en una mesa que tenía un timbre. Luego se le ponía al frente una gominola, también llamado “dulce de nube”, “nube de azúcar” o “masmelo”.

Después de esto, al niño se le hacía una oferta tentadora. Si se resistía a comer la gominola durante 15 minutos, al final se le daría otra golosina. Si no resistía, debía tocar el timbre, podía comer el malvavisco y no pasaba nada más. El negocio era más que bueno: una espera de 15 minutos, a cambio del doble de la ganancia.

Quien tiene la voluntad tiene la fuerza”.

-Menandro de Atenas-

Gominolas

El desarrollo del experimento de las gominolas

En total unos 600 niños se sometieron al experimento de las gominolas. Todos fueron grabados en la “habitación sorpresa”. La mayoría de ellos no resistió la tentación de comerse la golosina. Solo el 30 % de los pequeños lograron tolerar la frustración durante los 15 minutos y obtener su recompensa.

Fueron llamativas las conductas de los niños que resistieron. Uno de ellos, por ejemplo, le dio la espalda al dulce. Otra niña mostraba su interés por el dulce, pero se detenía en el último momento y se decía a sí misma “No, no, no”. Otra niña hizo su propio monólogo, en el cual se repetía las razones por las cuales era bueno aguantar la tentación.

Walter Mischel hizo un seguimiento a estos niños durante 20 años. En general, encontró que aquellos que habían resistido la tentación de comer la gominola tenían mejor salud, ganaban más dinero y tenían mejores relaciones interpersonales que quienes habían optado por la recompensa inmediata.

Un nuevo estudio

La conclusión general fue que el autocontrol era un factor determinante en el éxito personal. Pese a esto, en la primera década del siglo XXI, un grupo de investigadores de la Universidad de Roschester decidió repetir el experimento de las gominolas, ya que tenían dudas sobre la validez del mismo y de sus conclusiones.

Estos investigadores pensaban que las circunstancias que rodeaban el estudio de Mischel eran lo suficientemente contaminantes como para alterar los resultados. Por eso decidieron hacer el experimento de las gominolas introduciendo una variante. Los niños eran llevados a la habitación sorpresa y se ponía a su disposición una serie de pinturas de colores. Por otro lado, se les decía que, pasados cinco minutos, les llevarían colores todavía más atractivos.

Trascurrido este tiempo, con algunos niños se cumplía lo establecido y con otros no. Después, hacían el experimento de las gominolas tal y como se había hecho en los años 60. Al final, el resultado fue sorprendente. Casi todos los niños que habían visto como se cumplía lo establecido con los colores resistieron la tentación. En cambio, quienes habían sido defraudados, rara vez lo hicieron.

Gominolas

Postergar la gratificación

El experimento de Roschester mostró que para lograr resistir era fundamental confiar en el mensaje. Cumplir con lo acordado en una primera instancia -con los colores- hacía que los niños pensaran que la fuente de los mensajes era digna de confianza, en el caso contrario ocurrió lo opuesto. Así pues, se estableció que el autocontrol es sensible a determinadas circunstancias.

Otros psicólogos han hecho hincapié en el hecho de que el comportamiento de los niños en el experimento de las gominolas da importantes pistas sobre las estrategias para desarrollar el autocontrol. En particular, llaman la atención sobre tres de esas estrategias:

  • Tranquilizarse y automotivarse. Varios de los niños emplearon este método. Primero trataron de reducir su ansiedad por comer, bien fuera mirando a otra parte o tratando de distraerse con otra cosa. Luego, recordándose a sí mismos la importancia de lograr el objetivo.
  • Tener preparada una respuesta. Algunos de los niños diseñaron una respuesta para su propia ansiedad de comer el malvavisco. Por ejemplo, cada vez que se sentían demasiado tentados, volteaban el rostro. Es una estrategia del tipo: “cuando suceda esto, haré esto”.
  • Distancia psicológica. Las estrategias empleadas por los niños suponían poner una distancia psicológica con la situación que les causaba tensión. Mirar hacia otra parte, cantar, o, en todo caso, poner su mente en otro lugar.

Esas tres estrategias se consideran válidas para desarrollar el autocontrol en los adultos. A veces para superar una adicción, o en otras ocasiones para cambiar un hábito. El experimento de las gominolas enseña que vale la pena trabajar en el fortalecimiento de la voluntad, pues incide en la capacidad de lograr lo que deseamos.

Canet-Juric, L. (2015). “Mejor dos para después”: Herramientas para fomentar el autocontrol y la demora de la gratificación en los niños. II Jornadas de Autorregulación: Parar, pensar y actuar, 10.