¿Es verdad que los niños son como esponjas?

5 julio, 2019
Este artículo fue redactado y avalado por la psicóloga Valeria Sabater
El cerebro de un niño tiene los límites que impone su desarrollo biológico. Así, poniendo todo el empeño del mundo en desarrollar determinadas competencias, cuando por su nivel de madurez no es posible, solo llenará su infancia de frustración.

Los niños son como ‘esponjas’. ¿Cuántas veces hemos escuchado dicha expresión? Esta idea está tan arraigada en nuestro inconsciente social colectivo que rara vez llegamos a ponerla en duda. Con esta afirmación, asumimos, por ejemplo, que nada puede ser tan recomendable como transmitir de manera temprana el mayor número de información posible en el cerebro del niño.

Ahora bien ¿qué tiene de cierta esta idea? ¿es verdad que el potencial cerebral de los pequeños de entre 0 y 5 años es tan increíble como señalan? Los profesionales de la educación saben que esta idea se refleja en la realidad con matices. De hecho, hay algo que todos tenemos muy claro: una esponja no puede absorber más agua de la que su propia capacidad admite.

La mente de un niño no es un cubículo vacío. No es un armario donde uno puede llenarlo a voluntad de infinitos objetos, libros y materiales. El cerebro humano no engulle sin más la información que recibe de su entorno: la procesa, la desmenuza, la interpreta y debe darle un significado. El aprendizaje, además, es un proceso activo que se vincula directamente con las emociones.

Nuestros niños necesitan buenos cimientos a partir de los cuales ir consolidando su aprendizaje. No basta solo con llenar, hay que crear unas buenas bases partiendo del afecto o la seguridad. Hay que incentivar a su vez la curiosidad, el juego, el entusiasmo, la alegría por interaccionar con todo aquello que le envuelve. Este es sin duda el auténtico secreto.

«Para cuidar el cerebro lo más importante es el afecto».

-Álvaro Bilbao-

Niño leyendo sobre tejado

Los niños son como ‘esponjas’, una idea que debe ser reinterpretada

Como padres y madres, si hay algo que deseamos de nuestros niños es que sean felices. Ahora bien, en los últimos años también deseamos algo más: que estén bien preparados para las demandas del futuro. Algo así nos invita en ocasiones a desear que asuman determinadas competencias lo antes posible: lectura, escritura, matemáticas, dos idiomas extranjeros…

Casi sin darnos cuenta, en ese afán por educar niños potencialmente brillantes lo que conseguimos es criar pequeños hiperestimulados y con nivel de ansiedad mayor que el de sus padres. Nos han convencido durante años de que los niños son como esponjas y, por tanto, vamos acelerando etapas en su desarrollo sin saber que el cerebro también tiene sus tiempos y, sobre todo, sus necesidades.

Un cerebro con potencial pero sensible a la estimulación excesiva

Es cierto que el cerebro de un niño cuando llega al mundo presenta un gran potencial. Tras el nacimiento y hasta los 7 meses, miles de neuronas se desplazarán desde el interior del cerebro hacia su lóbulo frontal. Más tarde y hasta llegar a los 3 años este órgano tendrá su umbral máximo de plasticidad.

Niño con el cerebro iluminado para representar que los niños son como 'esponjas'

Respetemos tiempos, fomentemos emociones y permitamos el juego

En una sociedad basada en la inmediatez y la competitividad, muchos padres quieren que sus hijos asuman determinadas competencias lo antes posible. De esta manera, muchos pequeños terminan con agendas más pobladas de actividades que los adultos.

Así, el juego se ha desvirtuado. Parece que los juegos que no enseñan no tienen sentido, cuando el principal propósito del juego en la infancia es la diversión y el disfrute. El reflejo de esta política lo tenemos en muchos de esos niños a los que les ponemos la etiqueta de hiperactivos. No siempre logramos que nuestro niño sea el más brillante y aún menos, el más feliz.

Es cierto que el cerebro de nuestros pequeños tiene un gran potencial, pero como todo órgano en fase de maduración tiene sus tiempos. Es tarea imposible enseñarles a leer o escribir si primero no han madurado esas estructuras visuales que les permitan enfocar, discriminar e interpretar símbolos. Tampoco cuando no han trabajado la coordinación mano-ojo.

Adelantar etapas no sirve de nada si no hay cimientos

En Finlandia, entre los 0 y los 6 años no se priorizan las competencias lectoescritoras. En los centros educativos se trabajan otras aptitudes, esas que le servirán a un niño a edificar buenos cimientos cerebrales con los que más tarde, favorecer el aprendizaje. Pero, ¿en qué consisten esas otras aptitudes?

  • El juego.
  • El movimiento, la motricidad gruesa y la motricidad fina.
  • La interacción social.
  • El desarrollo y afinamiento de los sentidos.
  • La inteligencia emocional.
Ojos de un niño con trauma del desarrollo

Para concluir, si bien es cierto que la primera década de vida de un niño es clave para su favorecer desarrollo, no hay que derivar nunca en la hiperestimulación. No podemos descuidar la importancia del juego simbólico, de potenciar su espíritu creativo, de fomentar una buena inteligencia emocional, de favorecer el movimiento, la interacción con su entorno, la curiosidad, el placer del descubrimiento…

Por tanto, reformulemos la idea de que los niños son como ‘esponjas’. Nuestros pequeños son ‘personas’ que merecen las máximas oportunidades de aprendizaje, así como nuestro afecto y la oportunidad de disfrutar de la mejor infancia. Sin presiones, sin idealismos.

  • Toga, A. W., Thompson, P. M., & Sowell, E. R. (2006, March). Mapping brain maturation. Trends in Neurosciences. https://doi.org/10.1016/j.tins.2006.01.007