El laberinto del fauno, cuando desobedecer es un deber

Leah Padalino · 13 octubre, 2018

El laberinto del fauno (2006) es, para muchos, la obra maestra del cineasta Guillermo Del Toro, la película que mejor representa su cine, su pasión por la fantasía. El éxito de la película fue indudable, obtuvo numerosos galardones entre los que destacan tres premios Óscar: mejor fotografía, mejor dirección artística y mejor maquillaje.

La trama nos sitúa en uno de los momentos más tristes de la historia de España: en 1944, el periodo de posguerra. Un momento en el que el hambre y la miseria hacían estragos en la sociedad de la época; un momento en el que es difícil imaginar, soñar o creer en los cuentos de hadas. Aislamiento internacional, sometimiento a una ideología única (el fascismo) y miseria suponían el día a día para buena parte de la población española.

El laberinto del fauno nos presenta dos historias dentro de una que terminarán por fusionarse. La simultaneidad de las historias se da desde el comienzo: mientras una voz en off nos habla de una princesa que vivía hace mucho tiempo en el reino subterráneo, leemos unos títulos que nos sitúan en la España de posguerra “escondidos en las montañas, grupos armados siguen combatiendo al régimen fascista, que lucha para sofocarlos”. Igualmente, escuchamos de fondo una melodía que nos inspira la más pura fantasía y, al mismo tiempo, la respiración agitada de una niña que está sufriendo.

Esa niña es Ofelia, el nexo de unión entre ambas historias. De la realidad más dura, el sometimiento a un régimen y la resistencia de los maquis, El laberinto del fauno nos traslada a la fantasía más inocente de una niña, a la imaginación y la inocencia que muchos han perdido tras la guerra. Del Toro logra fascinarnos con su estética, con su mundo subterráneo que, igual que el mundo de los humanos, tampoco estará libre de peligros. Fantasía y realidad, cuentos de hadas y miseria, pero, sobre todo, desobediencia, eso es El laberinto del fauno.

¿Por qué Ofelia?

El nombre Ofelia hace que, inmediatamente, pensemos en Shakespeare, en Hamlet. Ofelia, hija de Polonio y hermana de Laetres, es la prometida del príncipe Hamlet; pierde la cabeza tras la muerte de su padre (asesinado por error a manos de Hamlet), su locura la convierte en un personaje infantil, inocente y trágico.

Su muerte, nunca representada en escena, es narrada por Gertrude, la madre de Hamlet, y se considera una de las muertes más poéticas de la literatura. Ofelia es una mujer destruida por el amor, trágica por la muerte de su padre, el personaje inspiró infinidad de pinturas del romanticismo por tratarse de una representación de lo femenino, de la inocencia, del amor y la muerte… La narración de su muerte es mágica, es una fusión con la naturaleza, no es una muerte angustiosa, sino serena.

Mujer en el río

A su vez, la Ofelia de Shakespeare aparece sumisa y obediente ante el mundo de hombres; sin embargo, al perder la cabeza, esta sumisión comienza a desaparecer y la veremos acompañada por una mujer, la reina Gertrude. La imagen de la muerte de Ofelia la asociamos con algo místico, casi fantástico, como si un ser de otro mundo volviera a su estado natural.

Así, la elección del nombre en El laberinto del fauno no es casual, sino que pretende que el espectador asocie a la inocente niña con el personaje de Shakespeare. Del mismo modo, podemos ver ciertas similitudes entre Carmen, la madre de Ofelia, y la reina Gertrude; ambas, al enviudar, se casan con un villano. Carmen contrae matrimonio con el Capitán Vidal, un capitán al servicio del franquismo que se encuentra en una localidad pirenaica con el fin de eliminar todo rastro de guerrilla republicana.

Lo femenino en El laberinto del fauno

La sociedad que presenta El laberinto del fauno no deja en muy buen lugar a las mujeres. Carmen representa los valores de la mujer tradicional, sometida al hombre; Mercedes, la empleada de la casa al servicio de Vidal, supone la ruptura con estos valores y, aunque aparenta ser fiel al capitán, en realidad, está emprendiendo una lucha tratando de ayudar a los maquis a espaldas de los demás. Del mismo modo, Ofelia vive una historia paralela a la de Mercedes en la que ella también será la protagonista, será la encargada de traer prosperidad al mundo subterráneo.

Del Toro pretendía mostrar el patriarcado como lo negativo y, frente a ello, decidió ensalzar lo femenino. En el reino subterráneo no hay Sol, predomina la Luna, un elemento cargado de connotaciones femeninas por su relación con el ciclo menstrual, con la maternidad; mientras en el mundo de los humanos, el Sol cegará a la princesa haciendo que olvide todo su pasado. El Sol representa lo masculino adquiriendo connotaciones negativas.

Aparece también la figura de la mandrágora, una planta cuyas raíces recuerdan enormemente a una figura humana. Ofelia usa la mandrágora para ayudar a su madre con el embarazo, la pone en un cuenco con leche que representa lo maternal.

El Capitán Vidal será el gran villano de este cuento, encarnando todos los valores patriarcales en su persona; mientras Ofelia surge como la oposición a este personaje. Dos historias y dos mundos: lo subterráneo será la inocencia de la niña; lo femenino; el mundo real es hostil, existe el dolor y la guerra, se asocia a lo masculino.

Ofelia

Simbolismo

En los inicios de la agricultura, algunas tribus como los bosquimanos, vieron el mundo subterráneo como un lugar vinculado al tránsito entre vida y muerte, a lo mágico. Muchas historias de tradición oral recogen relatos de niñas que caen en el mundo subterráneo y viven una experiencia que terminará por convertirlas en mujeres. Se da, por tanto, la pérdida de la inocencia y la metamorfosis de la niña.

En este mundo subterráneo, es frecuente que aparezcan figuras animales con características humanas, pruebas, tentaciones y alguna especie de guía del que no siempre nos podemos fiar. Estas historias poseen un marcado carácter didáctico, funcionan como mitologías, algo que también ocurre en El laberinto del fauno.

El fauno representa lo pastoril, el contacto con la naturaleza, funciona como conexión entre ambos mundos, pero tampoco es un personaje completamente fiable; el laberinto es una especie de búsqueda de la verdad, pero también de peligro. El árbol y la sangre se asocian a la vida, el Hombre Pálido representa el poder y la opresión del mundo real, el tiempo aparece vinculado a Vidal, siempre controlando su reloj, algo que podemos asociar al dios Cronos.

El número 3 es una constante en la película (las 3 pruebas de Ofelia, 3 hadas…), este número representaba, en la mitología clásica, la divinidad; en la religión cristiana, lo asociamos a la naturaleza de Dios, a la Santísima Trinidad. Así, Del Toro construye un universo perfecto, divino, como si de un mito se tratase.

Niña con un monstruo en la mesa

Y como en todos los mitos, hay una enseñanza: la desobediencia. Del Toro quiso plasmar una realidad en la que solo existía una línea de pensamiento, una realidad en la que desobedecer se convierte en un deber, así, tenemos a personajes como Mercedes, el médico o los maquis que, pese a la opresión, deciden desobedecer. La desobediencia posee dos caras: conduce al error cuando Ofelia cae en la tentación de probar una de las frutas de la mesa del Hombre Pálido, pero también acierta al desobedecer a las hadas.

Los personajes representan una realidad, sin embargo, están dibujados siguiendo arquetipos, no hay personajes neutrales: o son buenos o son malos. Del Toro toma una postura totalmente subjetiva, no es imparcial y se posiciona claramente del lado de la resistencia, del lado de los maquis y de todos aquellos personajes que desobedezcan, ensalzando, además, lo femenino.

Al finalizar la película, el debate queda abierto: ¿fue real la aventura de Ofelia o fruto de la imaginación de una niña? Del Toro lo tiene claro, fue totalmente real.

“Obedecer por obedecer, así, sin pensarlo, eso solo lo hacen gentes como usted, capitán”.

-El laberinto del fauno-