El lado positivo de la competitividad

Eva Maria Rodríguez · 6 noviembre, 2014

El hecho de ser competitivo puede tener una connotación desagradable o negativa en la sociedad de hoy. En cierto modo, la competitividad se ha convertido en sinónimo de codicia, envidia y narcisismo.

Sin embargo, la sensación de la competencia no siempre supone subir por encima de otros, ganar -quedando por delante de los demás- o salir adelante pese a quien pese. De hecho, los sentimientos competitivos son completamente naturales e inevitables.

A pesar de ello, la mayoría de nosotros nos sentimos incómodos con nuestra competitividad y con nuestros pensamientos competitivos, precisamente por la connotación negativa que pueden tener.

Pero permitirnos sentir nuestra propia competitividad de manera limpia y directa es muy saludable. Lo es, entre otras cosas, porque nuestros sentimientos competitivos son una indicación de lo que queremos, un reconocimiento de que lo que queremos es la clave para llegar a conocernos a nosotros mismos.

Lo sentimientos competitivos no discriminan

Hombre competitivo en una salida de pista
Un problema que podemos encontrar es que los pensamientos competitivos pueden aparecer con los extraños o personas distantes y también con nuestros amigos y familiares más cercanos. Cuando surgen frente a extraños o personas con las que tenemos poca relación es más fácil asimilarlos.

Sin embargo, cuando surgen en relación a personas que queremos, tendemos a considerar estos pensamientos como inaceptables. Además, tendemos a rechazar o disfrazar la situación de formas que pueden ser dañinas para nosotros mismos y para los demás.

Cuando suprimimos estos sentimientos es como si los dejásemos que se pudrieran, y el efecto nos impactará manera negativa de una u otra forma.

Sentirse cómodo con los sentimiento competitivos

Es importante sentirse cómodo con los propios sentimientos competitivos. Al reconocer que los pensamientos y sentimientos son independientes de las acciones, podemos permitirnos sentir lo que sentimos y elegir la forma en que nos comportamos.

Mediante la aplicación de este principio a nuestros sentimientos competitivos podemos evitar muchas de sus manifestaciones negativas, como el cinismo, el chismorreo, la abnegación, los celos o incluso el odio hacia uno mismo.

“Seas lo que seas, sé el mejor.”

-Abraham Lincoln-

Competitividad y superación

Por otra parte, competir puede ser una forma de autosuperación, considerando al otro no un rival, sino un punto de referencia. Esta competitividad puede ser, de hecho, un método para que dos o más personas se superen a sí mismas y alcancen objetivos comunes.

Dos chicos trabajando juntos
En este sentido, es importante recordar que la competitividad no está reñida con la colaboración ni con el compañerismo. Es más, el sentimiento de competitividad no tiene por qué significar ser más que otro, sino que puede transformarse en la necesidad de ser mejor de lo que se es y alcanzar incluso objetivos comunes.

“Llegar juntos es el principio. Mantenerse juntos, es el progreso. Trabajar juntos es el éxito.”

-Henry Ford-

También se puede cambiar el chip de tener más que otro por pensamientos de vivir mejor y tener una vida más plena en la que consigamos la vida que nosotros deseamos tener. A la larga es mucho más satisfactorio.

Por lo tanto, sentirse competitivo es bueno en sí mismo, siempre y cuando seamos capaces de pensar en lo que nosotros ganamos para nosotros mismos, y no en lo que hacemos perder a los demás o en el modo en el que quedamos por encima de otros.

Para ello, es recomendable afrontar las dificultades y los fracasos examinando qué hay en nosotros mismos que nos impide superarnos, sin echar la culpa a factores externos que “envenenen” e “intoxiquen” nuestra percepción de la situación.

Es más, aunque fueran factores externos lo que nos impide superarnos, forma parte del juego encontrar la manera de superar esos obstáculos, empleando los esfuerzos en encontrar soluciones en vez de usarlos para quejarnos por ello.