El lenguaje corporal del miedo

Este artículo ha sido verificado y aprobado por el psicólogo Sergio De Dios González el 28 diciembre, 2018
Edith Sánchez · 30 diciembre, 2018
El lenguaje corporal del miedo se manifiesta, primero que todo, en las microexpresiones faciales. Las cejas ligeramente levantadas, el ceño tenso y la boca entreabierta son señales inequívocas de que el temor está dentro de una persona.

Aunque sentir temor es normal y perfectamente legítimo, hay situaciones en las que exteriorizarlo no favorece nuestros intereses. Una entrevista de trabajo, por ejemplo, o una exposición en público o un juicio. Desafortunada, o afortunadamente, existe un lenguaje corporal del miedo que muchas veces hace relato de lo que está pasando en nuestro interior.

Aunque no existe un diccionario para interpretar el lenguaje corporal del miedo, las personas estamos dotadas de una especie de radar que nos permite leer sus señales. No se trata de una interpretación racional del todo. Sencillamente, intuimos que alguien tiene miedo y, de forma inconsciente, actuamos en consecuencia. Es decir, desconfiamos de quien desconfía de sí mismo o tenemos una sensación de mayor poder al percibir la vulnerabilidad en el otro.

Es importante conocer el lenguaje corporal del miedo. Si lo conocemos, quizás podamos tener mayor control sobre este. En principio, obtenemos dos beneficios: uno, captar el miedo de los demás, aunque no lo expresen abiertamente. Y dos, manejar nuestra propia actitud y postura para no permitir que el temor se proyecte, si no lo deseamos. Estas son las claves de ese lenguaje.

Los tímidos tienen miedo antes del peligro; los cobardes, durante el mismo; los valientes, después”.

-Jean Paul-

Microexpresiones en el rostro

El rostro es quizás el elemento más parlanchín en el lenguaje corporal del miedo. Es en la cara donde primero se refleja el temor. A veces el gesto es muy evidente, otras disimulado, pero se produce. Por otro lado, que sea más o menos manifiesto depende en muchos casos de la intensidad de la emoción.

De cualquier modo, hay gestos que son bastante fáciles de identificar. El primero es subir un poco las cejas, al mismo tiempo que el entrecejo permanece tenso. Si el miedo sigue a la sorpresa, será más evidente el movimiento de las cejas. Si se trata de una situación que genera temor, pero en la que no hay sorpresa, primará la tensión en el entrecejo.

Lo usual es que los párpados inferiores se mantengan tensos. Así mismo, la boca se entreabrirá un poco, pero las comisuras de los labios se echarán hacia atrás. En general, es como si todo el rostro sufriera una contracción hacia atrás. Como si hubiese algo que estuviera halando la cara, al tiempo que hay una resistencia a ese tirón.

Mujer con miedo a la enfermedad

La postura y el lenguaje corporal del miedo

La postura es también un elemento muy importante en el lenguaje corporal del miedo. En general, cuando estamos asustados nuestros músculos se tensan y adoptamos posturas en las que nuestros órganos vitales queden protegidos. Lo primero que ocurre es que nos encorvamos o nos enconchamos (ocupamos menos espacio). Esta es una expresión que denota un deseo de refugiarnos en nosotros mismos para autoprotegernos.

La inseguridad, el nerviosismo y la ansiedad son manifestaciones del miedo. Esos tres estados suelen revelarse cuando se realizan movimientos rápidos o compulsivos. Una persona a la que le cuesta trabajo quedarse quieta es una persona que no está tranquila. Cuando el miedo es muy fuerte, es probable que también los movimientos sean más bruscos o torpes.

De la misma manera, lo habitual es que alguien con miedo cruce los brazos. Este gesto es una señal de defensa. La persona genera una especie de barrera que la protege y la separa del mundo. También esta barrera puede ser una manifestación del deseo de preservar lo propio, rechazando lo ajeno.

Hombre cruzando los brazos por miedo

Otros delatores

Hay otros gestos y expresiones que forman parte del lenguaje corporal del miedo. Por ejemplo, la mirada. El nerviosismo hace a la mirada evasiva, al tiempo que aumenta la frecuencia de pestañeo. Pero si lo que una persona siente es miedo, puro y duro, por lo general deja los ojos quietos, mantiene la mirada fija y apenas pestañea. Es un mecanismo que se activa con el temor. Su objetivo es no perder de vista aquello que resulta amenazante.

Por otro lado, las manos también forman parte de la comunicación y expresan las emociones. Con el miedo no hacen excepción. Cuando una persona siente temor, suele retorcer y entrelazar las manos. También es frecuente que se cierren los puños o que se oculten las manos. No dejar ver las extremidades es un acto instintivo de defensa, ya que son un blanco usual de los ataques en el mundo animal.

En general, cuando una persona está asustada, tiende a tener movimientos cortos, rápidos y erráticos. Y cuando alguien está francamente aterrado, ocurre lo contrario: se paraliza. En el primer caso, la persona no se queda quieta; en el segundo, se mantiene muy estática, con el cuerpo encogido y echado hacia atrás. Así opera, básicamente, el lenguaje corporal del miedo.

Rebel, G. (2002). El lenguaje corporal: lo que expresan las actitudes, las posturas, los gestos y su interpretación. Edaf.