El miedo a brillar

Este artículo ha sido verificado y aprobado por Sergio De Dios González el 12 marzo, 2018
Edith Sánchez · 12 marzo, 2018

Una de las grandes paradojas del ser humano es esa de querer ser especial, pero al mismo tiempo tener miedo a brillar. ¿Quién no quiere ser reconocido y admirado? Todos tenemos la necesidad de que los otros vean nuestras virtudes. Y en ello hay un plus si, además de verlas, son destacadas.

Ahora bien, muchos se sienten intimidados a la hora de destacar. Casi todos en realidad. Y es que para destacar, también se necesita apartarse un poco del grupo, no permanecer en el rebaño. En otras palabras, ubicarse en el registro de “lo diferente”. De ahí viene a veces ese miedo a brillar.

Tu luz no sólo no ensombrece a otros, sino que les hace brillar más”.

-Amparo Millán-

Por eso, lo primero que se debe hacer es establecer una distinción entre ser aprobado y destacar. Cuando eres aprobado, recibes esa palmadita en el hombro, o esa exaltación que da fe de que estás siendo aceptado y valorado por un grupo. En cambio, al destacar, al brillar con luz propia, no necesariamente se consigue aceptación. Incluso es posible que generes rechazo.

A veces el asunto no es tan extremo. El miedo a brillar puede proceder de una autoestima lastimada. En esas circunstancias, el reconocimiento de los demás asusta. Se quiere permanecer en el anonimato, aunque secretamente se desee y se necesite.

El miedo a brillar y la culpa

El éxito de alguien suele hacer sentir mal a otras personas. Es inevitable. Forma parte del paquete. Un triunfo excepcional, necesariamente impacta en los demás e incluso, muchos se sentirán inferiores, aunque no sea esa tu intención. Una persona insegura asume el éxito de los demás como una amenaza. Es como si esto pusiera en primer plano el hecho de que no fue él quien lo logró.

chico mirando una ciudad con miedo a brillar

Todo esto lo sabemos intuitivamente. Presentimos que el éxito da origen a una hostilidad latente o explícita. El temor a esas reacciones influye en el miedo a brillar. No se quiere entrar en tensión con los demás. Especialmente si son personas importantes para nosotros.

Hay mecanismos inconscientes que muchas veces llevan a castigar a quien destaca, a quien más poder o brillo tiene.

La familia y el miedo a brillar

La familia es el primer núcleo de socialización y muchas veces es allí donde se instala ese miedo a brillar. Ocurre principalmente cuando la familia es disfuncional o predomina en ella la falta de autovaloración, la envidia o el sentimiento de inferioridad. Si uno de los miembros de una familia así alcanza el éxito, se le ve casi como una traición.

Por supuesto, esto no ocurre en el terreno de lo consciente. Se filtra a través de comportamientos como prohibir que se alardee de los logros u obligar a alguien a poner sus talentos al servicio de los demás, precisamente porque “lo hace mejor”. Se introduce entonces la idea de que destacar trae consecuencias negativas.

Así mismo, los padres inculcan mandatos implícitos a sus hijos. Uno de ellos, muy frecuente, es el de sufrir por su sufrimiento. Quien tiene unos padres así se sentirá terriblemente mal cuando alcanza un logro que lo hace muy feliz. ¿Cómo sentirse bien, sabiendo que ellos sufren? De ahí el miedo a brillar

Cuando te destacas, también te expones

A lo anterior se pueden añadir los casos en los que se siente miedo a brillar porque hay un enorme temor a ser diferente. Se teme ser señalado, cuestionado o rechazado. Destacarse también es exponerse. Y exponerse significa enfrentarse a la opinión de los otros, que no siempre es constructiva con lo nuevo o lo diferente.

Mujer con paraguas luminoso

Normalmente lo anterior ocurre porque se le otorga excesivo valor a la mirada ajena. De ahí que se le dé mucha más importancia a los atributos que aprueban los demás, en lugar de dársela a aquellas características que nos hacen únicos. Por eso, implícitamente, se forjan objetivos que complacen la opinión generalizada y no necesariamente aquellos que nos hacen más felices.

El miedo a brillar involucra siempre una culpa y un temor a ser rechazados. Son muchos los que renuncian a destacar, solo para conservar el afecto de su familia, sus amigos o su pareja. Por no “traicionar” a los demás, terminan traicionándose a sí mismos. Sumándose a la infelicidad conjunta y limitando su desarrollo. Es algo erróneo. Cuando somos mejores, también podemos ayudar a que los demás lo sean.